Michael, al que quería más que a nadie, estaba encantado de verlas así. Creía que su hermana necesitaba una figura materna y se lo dijo a Danny, quien actuó como si estuviera de acuerdo. Danny, sin embargo, era de los que creían en eso de divide y vencerás, por lo que pensaba separarlas y conquistar a su esposa aunque en ello le fuese la vida.
Cuando ambos se sentaron a la mesa del comedor, Danny Boy dijo tranquilamente:
– Tengo que decirte una cosa, Michael. Quiero quitar de en medio a Louie.
Michael lo miró durante un rato largo antes de responderle:
– Vete a la mierda, Danny. ¿Cómo puedes decir una cosa así? Él ha sido como un padre para ti.
Danny Boy sonrió. Su apuesto rostro, como siempre, le dio la apariencia de ser más simpático de lo que era. Tenía una sonrisa capaz de derretir al más duro, aunque raras veces inspiraba lo mismo con la mirada.
– Bueno, no se puede decir que yo haya tenido demasiada suerte con mi padre. Cuando se termine la boda, voy a tomar una decisión muy seria y más te vale estar preparado.
Michael había sospechado que algo así sucedería, ya que Danny Boy, siendo como era, no esperaría el momento más oportuno. Estaba preparado para lanzarse y aceptar las consecuencias.
Mientras lo miraba hablar y reír con su hermana, comportándose como si nada sucediera, Michael se preguntó por qué le era tan leal. Danny no era una persona a la que se le pudiera llevar la contraria, pero también comprendía que él era la única persona, salvo su hermana Mary y su pobre madre, que podía hacerle cambiar de idea cuando era necesario.
Estaba decidido a convencerle de que Louie era un buen amigo y a recordarle lo mucho que los había ayudado en el pasado. Danny Boy no se había sentido muy bien en los últimos tiempos y Michael sabía que había sufrido profundas depresiones, siendo aún un niño, pero estaba dispuesto a esperar que se sintiese mejor para hablarle de ello. Danny Boy era capaz de cambiar de opinión en un instante, por eso no pensaba desistir. No obstante, cuando empezó a pensar en lo que podría decirle, oyó una vocecita que le susurraba que Danny Boy se estaba alejando cada vez más de la realidad y que su hermana se vería con las manos atadas una vez que se celebrase la boda. Sin embargo, también sabía que Danny Boy era el vínculo que los mantenía a todos unidos y era lógico que cualquiera que hubiese experimentado lo mismo que él a tan temprana edad tuviese sospechas y sufriera paranoias.
Michael Miles seguía justificando la conducta extravagante de su amigo y hasta seguía negando que necesitase ayuda psiquiátrica. En su mundo, su personalidad era considerada una virtud, y Michael estaba, además, demasiado involucrado como para poder salirse, aunque quisiese.
Capítulo 15
Danny Boy observaba al sacerdote, que ya se encontraba algo ebrio; su aliento se percibía en el ambiente y el olor a whisky barato que salía de su boca ahuyentaba a todos los que estaban a unos metros a la redonda. Danny Boy se alegró al ver que se metía en la boca dos caramelos con sabor a menta y empezaba a chuparlos con fuerza. Obviamente, no era la primera vez que lo hacía.
Era un anciano corpulento y con aspecto de típico irlandés, un camorrista nato que había sucumbido al reclamo de la Iglesia católica. Danny Boy sentía simpatía por él y estaba contento de haberse confesado la noche pasada. Lo hizo alegremente, como siempre, ya que disfrutaba confesando sus pecados, despojándose del sentimiento de culpabilidad que le producían y pronunciando sus actos de contrición con una seriedad y un fervor religioso que hubiera sorprendido a todo aquel que le conocía íntimamente. Danny Boy era un aprovechado, un oportunista que se encontraba a un paso de adquirir mucho más poder. Admiraba a su Dios, admiraba que hubiese creado una Iglesia y le encantaba formar parte de ella, aunque su forma de creer fuese pausada, silenciosa y un asunto privado.
Después de confesarse siempre solía sentarse solo, en la tranquilidad de la iglesia, bajo la sombra de la cruz, con el fin de rezar para que sus planes llegasen a buen puerto. Era un antiguo y bonito templo y encendió un par de velas por las personas a las que había ayudado a liberarse de sus ataduras terrenales. Para él era importante tenerlos presentes en sus rezos, aunque sonase ridículo. Danny era conocido por ser un devoto católico que asistía con cierta regularidad a la iglesia, lo cual hacía más interesante su credibilidad en las calles.
A pesar de sus trapicheos, respetaba a la Iglesia y sus creencias. Al igual que Jesús, creía que estaba haciendo de este mundo un lugar mejor, sólo que él estaba siendo crucificado por la izquierda, la derecha y el puñetero centro. Además de la bofia, tenía que bregar últimamente con los viejos que dominaban todo el asunto, viejas reminiscencias de los fantoches de enormes bigotes que habían vivido en los años veinte y treinta. Resultaba increíble ver cómo reaccionaban ante algo nuevo o innovador. Se preguntaba cómo narices habían llegado tan lejos sin que nadie los quitara de en medio. ¿Cómo se podía estar en lo más alto si no se poseía la capacidad de diversificar? Las drogas, especialmente los esteroides y otras medicinas, proporcionaban grandes ganancias si se encontraban las personas apropiadas para distribuirlas. Los controladores del apetito, las pastillas para adelgazar, que era como solían llamarse, además de otros medicamentos como el Valium o el Mandrax, mezclados con las anfetaminas, era algo que enloquecía a los jóvenes que querían pasar toda la noche de juerga y quedarse mientras el cuerpo aguantara. La cultura de las anfetaminas se estaba imponiendo y, aunque la cocaína era la droga favorita para los que tenían unas cuantas libras, desde que a finales de 1890 la Coca-Cola anunció el poder mágico que tenía su bebida para aliviar el cansancio gracias a los más de cinco gramos de cocaína por botella, no era de extrañar que la gente hubiera perdido la necesidad de dormir. El speed era lo que demandaba la nueva generación. Era más barato y más fácil de tomar que la coca y te garantizaba pasar la noche en vela. El skag, al igual que el LSD, sólo gustaba a la clientela apropiada, que solían ser personas que aún conservaban un álbum de Pink Floyd y no sentían la necesidad de pasar la noche deambulando. Muchos adictos a la heroína deseaban convertirse en camellos de esa droga, pero era una completa pérdida de tiempo y energía porque se tomaban más de la que vendían. Sin embargo, si se encontraba la persona apropiada, se podía amasar una fortuna con ella.
Danny pensaba discutir su propuesta con las personas que creía que ya sabrían en qué consistía la nueva industria de las drogas de diseño. Se suponía que ellos estaban en lo más alto, pendientes de todo. Bien, después de hoy, él sería un hombre casado con la perspectiva de formar una familia, algo que los capos considerarían como una expresión de deseo de sentar la cabeza. Los capos desconfiaban de los solterones, de los que no mantenían una relación estable, porque los consideraban incapaces de razonar. Un hombre de familia, al menos eso creían, solía pensar las cosas con más detenimiento y tenía menos probabilidades de ponerse en una posición arriesgada que pudiera llevarle a cumplir una condena prolongada. El hecho de que se casara con una mujer cuyo amante había quitado de en medio sonaba incluso romántico. Bueno, ese día había llegado y, finalmente, sería un hombre casado. Deseaba que el día pasara lo antes posible para satisfacer por fin sus deseos carnales. El tiempo pasa irremediablemente, rápida o lentamente, pero pasa. Cualquiera que ocupe la nimba de un cementerio puede dar testimonio de ello.