– Gordon, Danny Boy te matará por lo que has hecho. No creo que esté dispuesto a consentir tus payasadas como hacemos los demás. Estás jugando con un hombre que, como tú mismo has dicho, es capaz de matar por conseguir lo que quiere, sobre todo cuando no se le respeta como se debe.
Las últimas palabras iban dirigidas a todos los oyentes, para recordarles que Danny Boy Cadogan era hombre capaz de una violencia extrema si se le provocaba. De pronto se sintió enormemente preocupada por la probable reacción de Danny Boy si se enteraba de lo que había hecho su hermano. Por mucho que la irritase, no quería que su hermano resultara malherido. Inclinándose hacia delante, le susurró al oído:
– Estarás contento, ¿verdad? Has logrado arruinarme el día. Gordon se echó hacia atrás, su cuerpo juvenil se movía con torpeza dentro de su traje gris. Luego, alegremente, gritó:
– No lo sabes tú bien. No podía habérmelo pasado mejor. Miró a su alrededor, al hermoso salón, y gritó más alto:
– A mamá seguro que le habría encantado. Estoy seguro de que ella se hubiese comportado igual que yo al verte actuar como si fueses más importante que nadie, simulando que eres feliz. A mí no me engañas, estúpida.
Mary lloraba de verdad porque lo que le decía estaba muy lejos de ser una broma. Gordon pensaba que su hermana estaba haciendo lo que su madre esperaba de ella, casarse con Danny Boy por lo que podía ofrecerle y no porque lo amase. Su madre la habría obligado a casarse y luego la habría machacado por haberlo hecho. Los devaneos y las payasadas de su hermano cuando estaba borracho o colocado solían ser ignorados por su familia, pero ahora eran públicos y no estaba dispuesta a consentírselos.
Cuando se levantó con su largo traje blanco y el velo tocándole los delgados hombros, tuvo un mal presentimiento, como si eso fuese una señal de lo que iba a ser su vida a partir de ahora. Era tan real que notó que estaba a punto de desmayarse, algo que deseaba que sucediese porque así dejaría de escuchar las estupideces de su hermano.
Jonjo Cadogan estaba consternado. Siempre había sabido que su amigo estaba mal de la cabeza, pero escuchar cómo le hablaba a su hermana el día de su boda, el día en que se casaba y adquiría el nombre de su hermano, le resultó increíble. Se sintió a punto de estallar y de pronto comprendió por qué su hermano mayor siempre había considerado una obligación que se respetase el nombre de la familia. Por primera vez en su vida sintió esa misma necesidad. Danny Boy le había parecido toda la vida un tanto exagerado en su odio a su padre y en su decisión de respetar el apellido. Ahora, sin embargo, le parecía de lo más razonable. Danny siempre lo había dicho, lo único que a fin de cuentas tenemos es nuestro nombre y de nosotros depende que sea respetado o que se considere una vergüenza. Tu nombre es lo único que tienes, lo único que jamás puedes negar. Ahora, al escuchar a Gordon, comprendió lo que Danny quería decir. El nombre es lo único que tenemos, algo que algún día tendremos que dar a nuestra esposa y a nuestros hijos, por eso hay que hacer honor a él y no permitir que nadie lo pisotee. El nombre es lo único que se tiene, y que sea para bien o para mal, de ti depende. Danny Boy intentaba que el nombre de su familia significase algo, se lo había dado a Mary Miles y su hermano lo había pisoteado sin pensar en las consecuencias. Ella era ahora una Cadogan y su vergüenza era también la suya.
Jonjo perdió sus acostumbrados buenos modales y se enfrentó a su viejo amigo:
– Gilipollas, capullo de mierda. Creías que te ibas a salir con la tuya, ¿verdad que sí?
Echó el puño hacia atrás y le estampó un puñetazo en plena cara a su amigo, que salió despedido hacia atrás. Cuando intentó seguir golpeándole, Mary le agarró del brazo y le dijo:
– Jonjo, por favor, sácalo de aquí. Hazlo por mí.
Mary estaba pálida de miedo y su humillación resultaba obvia para quien la mirase, cosa que ahora hacía la mayoría de los asistentes. El club llford Palais estaba abarrotado de gente y ella notó la mirada de todos puesta en ella.
– No te preocupes, Mary, yo me encargo de echarlo de aquí. No sé por qué lo hace, pero te aseguro que no será capaz de abrir la boca cuando termine con él.
Jonjo lamentaba mucho lo sucedido.
– De todas formas, nadie le hace caso. La gente sabe que sólo dice gilipolleces.
Intentaba por todos los medios consolarla, pero resultaba imposible. Cuando empezó a hablar, se dio cuenta de que Michael y Danny Boy se acercaban y que su hermano mayor cogía de forma amistosa a Gordon para levantarlo con brusquedad del suelo. Luego vio que lo sacaba del club.
Mary se apoyó en el pecho de su esposo y empezó a llorar, a llorar desconsoladamente porque el día de su boda estaba completamente arruinado. Estaba sumamente alterada y la bebida le había bajado las defensas. Danny, sin embargo, en lugar de abrazarla como era de esperar, la cogió de los brazos y la empujó para apartarla, con el rostro totalmente descompuesto.
– Estarás contenta, ¿verdad? Todo el mundo habla de lo perra que eres. Hasta tu hermano está molesto contigo. Mi esposa desenmascarada por su propio hermano el mismo día de su boda.
Mary no podía creer que le estuviera diciendo eso, no entendía por qué estaba tan enfadado y por qué no se ponía de su lado. ¿Cómo era posible que aprobase lo que le había hecho su hermano? ¿Cómo podía permitir que los demás creyesen que lo que había dicho era verdad, aunque lo fuese? Toda su vida consistía en eso, en creer lo que él creyera, en dar la cara el uno por el otro. Si la pasma se presentaba en su casa y le preguntaba dónde se encontraba su marido en un determinado momento, no dudaría ni por un instante en decir que con ella, lo hubiera estado o no. Las palabras de su marido, sin embargo, sólo servían para dar más peso a las de su hermano. Mary le estaba pidiendo, rogando, que se pusiera de su lado, algo que jamás tendría que haber hecho. Él debería estar a su lado, protegiéndola, haciéndola sentir segura.
– Danny Boy, ya sabes que sólo dice tonterías.
Danny la miró con desprecio y disfrutó viendo su humillación. No quería tener una esposa que fuese un chivo expiatorio, para él era simplemente un medio para conseguir un fin. Ahora, gracias a Gordon, se le presentaba la oportunidad perfecta para empezar un matrimonio con una mujer que ya no estaba tan segura de su poder, que sabía que había empezado descaminada.
Mary era una mujer muy atractiva, un bombón en toda regla, pero también una mujer que se las sabía todas. Orgulloso de aprovechar las oportunidades cuando se le presentaban, Danny no podía dejar pasar ésa. Si jugaba sus cartas como debía, la acobardaría para el resto de su vida, por eso no mostró ni el más mínimo escrúpulo.
– Vaya putón estás hecha. Hasta tu hermano te pone en evidencia delante de todo el mundo.
Sacudió la cabeza en señal de disgusto, un gesto muy calculado y un tanto teatral. Luego la apartó de su lado y salió del club sin mirar atrás, dejándola sola, desconsolada y sin un ápice de autoestima.
Al día siguiente, lo sucedido en la boda era la comidilla de todo Londres, ya que Danny no se molesto en regresar y la novia se quedó sola, algo terrible para ella porque nadie sabía qué decir. Los invitados se marcharon a casa, pero antes de irse intentaron consolarla diciéndole algo agradable, pero ya era demasiado tarde; su boda estaba arruinada y su marido se había marchado y se encontraba en paradero desconocido.
La luna de miel se canceló, al igual que la recepción, pero ella permaneció en su casa, en esa casa que habían decorado y amueblado los dos juntos, rezando para que regresase a su lado aquella noche tan importante.
Cuando la bebida le hizo perder la conciencia eran las seis de la mañana. Aún estaba vestida de novia y aún esperaba que regresase. Le costaba creer que hubiera sido tan cruel con ella, que la hubiese humillado delante de todos, pero estaba equivocada, como lo estaba en otras muchas cosas respecto de su marido.