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Gordon aún estaba en su lista negra y el hecho de que Danny Boy no hubiese intentado darle una reprimenda le preocupaba enormemente. Ni tan siquiera le había preguntado dónde se metía, ni quién le había causado sus merecidos moratones. Michael estaba seguro de que Danny no pasaría por alto lo que le había hecho, sabía que le daría una lección, y no por su hermana, sino por todos ellos, por la familia y por su reputación. Sin embargo, no había hecho nada y eso le hacía sentirse sumamente incómodo, una incomodidad que hacía que Danny Boy deseara arrancarle la cabeza. El muy cabrón estaba disfrutando con todo eso y sabía que le observaba detenidamente para estudiar sus reacciones. Estaba poniendo a prueba su amistad, una amistad que había durado años y que ambos sabían que siempre había sido unilateral. Michael necesitaba a Danny Boy más de lo que él necesitaba a Michael, o al menos eso es lo que creía. Danny lo estaba observando en ese momento, lo observaba a escondidas, con una dignidad que resultaba tan falsa como molesta. No había duda. Danny sabía presionar los botones apropiados para provocar la emoción deseada en su oponente. Era un enfermo mental en muchos aspectos, pues era de esas personas que disfrutan haciendo sentirse incómodos a los demás. No obstante, también era la única persona a la que Michael admiraba y apreciaba, y no quería perder su amistad por culpa de su hermana o de su hermano. Sabía de sobra lo muy peligroso y traicionero que era Gordon cuando se le antojaba y no quería intervenir en la situación de su hermana a menos que fuese necesario. Ése tenía que ser el último recurso.

Danny Boy era plenamente consciente de la preocupación de su amigo, de su inquietud y de su engorro por lo que había sucedido el día de su boda. Sabía que debía actuar con astucia, pues Michael y Mary estaban muy unidos y él valoraba eso. Sin embargo, ella era ahora una Cadogan y, más tarde o más temprano, Michael tendría que aceptar ese hecho, por la cuenta que le traía.

Michael estaba atrapado, se sentía incapaz de manejar la situación y no sabía qué papel debía desempeñar en ese drama. Lo único que sabía era que su amigo estaba en su derecho y que su hermana había cometido el error más grave de su vida. Danny Boy era un auténtico chulo y, como todos los chulos, sabía cómo darle la vuelta a las cosas para que los demás creyesen que estaban equivocados y él llevaba la razón. Michael, por primera vez en la vida, cuestionaba las acciones de su amigo y su participación en el derrumbe de su familia. Por primera vez, la rabia de Danny estaba dirigida a él y los suyos y, en su interior, sabía que le faltaban agallas para hacer algo al respecto. No era capaz de enfrentarse a Danny, nadie lo era, y por eso imponía la ley a su antojo. Su cobardía le resultaba insoportable y, al igual que a su hermana, empezaba a odiarlo con toda su alma.

Louie estaba preocupado. Se le había pedido que estuviese preparado para recoger el pedido y él había contratado al novio de su hija pequeña para que se encargase del asunto. Era un buen muchacho, un joven decidido a abrirse camino, que esperaba iniciar una serie de negocios con el dinero que pensaba sacar. Era un muchacho bastante apuesto y Louie había acordado con su padre que el muchacho se citase con su hija y se enamorase de ella, algo que le había costado un ojo de la cara. El muchacho era lo bastante inteligente para reconocer lo que era un buen trato cuando se le presentaba, por eso se había aferrado a ése como un pulpo. Pero era un buen muchacho, dispuesto a casarse si eso le proporcionaba un buen trabajo y una vida confortable. Louie se sentía culpable y esperaba que su hija nunca lo averiguase, pues resultaba muy difícil para una chica judía encontrar un chico apropiado en esos tiempos. Le había horrorizado enterarse de que su hija, mientras estaba en la escuela técnica, había estado liada con un capullo, un griego. Sin embargo, que ese capullo hubiera tenido el descaro de presentarse en su casa y preguntar por ella vestido como si fuera un puñetero turista y llevando un montón de chapas baratas le pareció el no va más. Por eso le había buscado ese nuevo novio, y, por eso, el pobre griego había tenido un desgraciado accidente de coche que, además de dejarlo maltrecho, gracias a Danny Boy, llevaba implícito que se quedaría sin pene si volvía a aparecer. El muchacho había desistido y había desaparecido más rápido que un poli corrupto en una redada de drogas, dejando el camino libre para que un nuevo pretendiente entrase en juego; un pretendiente judío y del agrado de Louie.

Su hija pequeña era la más guapa de todas, aunque eso no quería decir gran cosa y él lo sabía. Su hija no se sentiría muy contenta si se enteraba de que él había tenido que pagar para encontrarle un novio apropiado. Se sentía avergonzado de que la única hija que podría haber encontrado un novio por sí misma tuviese que ser manipulada al igual que las demás. Él le había buscado un marido a cada una de ellas y bien sabe Dios lo mucho que había tenido que pagar por ellos. Ahora, lo único que deseaba era tener nietos, nietos que se pareciesen a sus padres.

– ¿Piensas invitarme a una taza de té o qué? Tengo una chica esperándome.

Danny Boy habló con la severidad acostumbrada y su sonrisa le hizo presagiar que pensaba pedirle algo, como de costumbre.

Louie sonrió. Al igual que Michael, ya no confiaba en Danny, especialmente después de sus últimas hazañas. Ahora se dedicaba a pasearse descaradamente con mujeres y él no quería saber nada al respecto. Lo sucedido en la boda había hecho que la gente tuviera miedo de hablarle de cualquier asunto personal, pues no se sabía cómo reaccionaría. Danny Boy parecía no darse cuenta de lo incómodas que se sentían las personas al respecto. De hecho, si no lo conociera, diría que estaba disfrutando con ello y con la notoriedad que le estaba dando.

Los hombres como Danny Boy son excepcionales en su género, ya que matan indiscriminadamente y aman de la misma manera. Se había casado recientemente y eso solía garantizar la fidelidad de un hombre, al menos el primer año, pero después de la noche de bodas, ¿quién sabía lo que está bien y lo que está mal? La experiencia le decía que algunas mujeres no eran nada acomodaticias una vez que habían conseguido ponerse el anillo en el dedo. De hecho, algunas de ellas se transformaban en vírgenes convertidas y eso resultaba irritante porque hacía que el hombre en cuestión se sintiera manipulado, que era lo que solía ocurrir. Entonces, el lecho marital se convertía en un campo de batalla y, sin darse cuenta, las esposas terminaban por darles luz verde a sus maridos para que fuesen detrás de alguna extraña. Como siempre decía su madre, si un hombre no tiene lo que quiere en su casa, lo busca en otro lado. Forma parte de su naturaleza bestial.