Ange la miraba fijamente, consciente de que su nuera nunca se atrevería a decir una palabra en contra de su marido; probablemente pensara que la había enviado él para comprobar si le era desleal.
Mary sonrió, con una sonrisa amable que Ange supo que le había costado un enorme esfuerzo. Parecía perfectamente normal, como una joven y hermosa esposa; claro, para quien no supiera ver más allá. Logró hasta poner cara de estar agradablemente sorprendida por la pregunta, como si ella no se percatase del miedo que la dominaba, haciéndole incluso pensar que esas preguntas tan insinuantes estaban fuera de lugar y rayaban en la grosería.
– Ange, eres una suegra un tanto extraña. La mayoría de las suegras intentan encontrar faltas a las esposas de sus hijos. No creo que a Danny le gustase que me hagas preguntas como ésas. Él es como yo y prefiere guardarse las cosas.
Era una amenaza insinuada y ambas se dieron cuenta. Ange se dio cuenta de que Mary jamás se abriría a ella, ni a nadie, porque su hijo había procurado que estuviese demasiado aterrorizada para desobedecerle o hablar mal de él. Danny tenía lo que quería: una muñeca que supiese hablar, caminar y moverse, algo que ella no podía cambiar. Tampoco podía hacer nada para cambiar la villa de esa chica, para hacérsela más fácil, para mostrarle que tenía alguien en quien confiar. Mary era una prisionera en esa casa tan grande y lujosa de la que antes tanto alardeaba. Estaba presa en su propia belleza y en su propia arrogancia. En su momento, esa jovencita la había mirado con cierto desprecio, la había tratado como si fuese una criada, como si fuese simplemente una vieja que no sirviera para nada. Jamás había imaginado que su vida terminaría como la suya. No obstante, pensar en eso no la hizo sentirse mejor.
Capítulo 17
Michael comía con tranquilidad. Empezaba a atardecer y le gustaba ese momento del día; había recogido el dinero que exigía regularmente a las pequeñas empresas de los alrededores y, al contrario que sus homólogos que lo consideraban sólo una menudencia, él sabía que, a final de año, suponía un buen pellizco. Poquito a poquito se junta un montoncito. Muchas personas de su mundo sólo buscaban dar un gran golpe, pero él tenía más que comprobado que las pequeñas cantidades eran las que merecían la pena. La pasma solía pasarlas por alto, al igual que los demás. Un atraco a un banco, por el contrario, se consideraba una osadía, un atrevimiento por haberse querido llevar una gran cantidad de dinero y, por tanto, algo a lo que la pasma se veía obligada a poner lleno. A menos de que fuesen avisados con antelación, cosa que gracias a Danny y a Michael solía suceder con cierta frecuencia. Sin embargo, las rentas, que es como ellos designaban a esas pequeñas cantidades, pasaban desapercibidas para todo el mundo y, por tanto, no había necesidad de ir repartiendo pellizcos ni pagar para que mirasen hacia otro lado. Las rentas, sumadas a las otras ganancias que tenían repartidas por todo Londres, eran más que suficientes para justificar el estilo de vida al que ahora estaban acostumbrados. Contrataban a jóvenes que utilizaban como carne de cañón, cabecillas nuevos a los que pagaban con lo que cabría definir como calderilla, ya que muchos hasta estaban dispuestos a hacerlo por nada, siempre y cuando pudieran alardear de que trabajaban para Danny Boy Cadogan. Tipos de esa clase los había a montones y, en los tiempos que corrían, cuanto más baja fuese su escala, más garantía de lealtad había en caso de que los apresasen. Los llamados capos, que gozaban de cierta fortuna y un buen nivel de vida, eran más propensos a irse de la lengua, lo cual era fácil de entender dado lo mucho que tenían que perder. En consecuencia, se reclutaba a gente muy joven, a la que se le proporcionaban trabajos más difíciles a medida que pasaba el tiempo.
Michael admiraba esa cualidad en Danny Boy, su perspicacia para descubrir una fuente de ingresos que no suscitara el interés de nadie, ya que, al parecer, suponía sólo unas cuantas libras sueltas. Sin embargo, esas pocas libras, cuando se multiplicaban, formaban un buen montón, aunque sin Michael para resolver y encargarse de los detalles poco se podía sacar de ellas, al igual que de muchos de sus negocios. Danny era el que tenía las ideas, pero carecía de la dedicación necesaria para mantenerlas. Danny Boy era incapaz de estar pendiente de algo, ya que, una vez que la empresa se ponía en funcionamiento, se la dejaba a él. Michael era quien se encargaba de los pequeños detalles como recoger el dinero y distribuir las mercancías, cosas que había que hacer con el mínimo ruido y el mayor beneficio posible. Michael estaba hecho para eso, era algo natural en él. Lo que no era capaz de hacer solo era encontrar esas fuentes de ganancias, para lo que Danny tenía la vista de un lince. Una vez que las descubría, se las dejaba a él y se olvidaba de ellas hasta que de repente, sin venir a cuento, le preguntaba qué tal iban las cosas o si creía que se podían ampliar de alguna forma. Michael siempre tenía la respuesta adecuada a esas preguntas porque él era capaz de precisar hasta el último penique que les había reportado o cuánto habían ganado en total. Michael sabía que ése era su punto fuerte y la debilidad de Danny. También sabía que Danny Boy era capaz de encontrarle un sustituto en cuanto le diese la gana, aunque no creía que lo hiciera, porque él era la única persona en la que había confiado plenamente. Había conocido a Danny Boy Cadogan desde niño, antes de que los Murray se le hubiesen echado encima, antes de que sus ultrajantes exigencias lo pusieran en el camino donde estaba hoy. Michael sabía perfectamente cómo lo había afectado la traición de su padre, a él y a toda su familia, por eso sabía lo mucho que significaba para él ser respetado, reverenciado y tratado como si fuese un rey. Danny Boy Cadogan había puesto todo su empeño en que jamás se pronunciara su nombre sin respeto, en que jamás se le acusase de no pagar una deuda, en que nadie le hablase en tono despreciativo. Danny Boy se había asegurado de eso, y no sólo por él, sino por toda su familia.
Aun así, a Michael le molestaba que a veces esperase que estuviera al tanto de todo mientras él no se preocupaba de su funcionamiento diario. Michael sabía que debía estarle agradecido por dejarle esa labor y por confiar en él al cien por cien. Sabía que si no fuera por eso, no estaría en la posición en que se encontraba. No obstante, había momentos en que pensaba que él era el verdadero cerebro de la sociedad, el que sabía hacer dinero, el que sabía hacerlo crecer y, sin embargo, muchas personas con las que trataban lo miraban como si fuese un empleado. Era con Danny Boy con quien querían tratar, pues a él sólo lo consideraban el encargado de las menudencias y de los detalles rutinarios.
En cierto sentido, era natural y normal porque Danny Boy tenía presencia, poseía un magnetismo especial que seducía a las personas con las que trataban y algo especial que lo hacía diferente a los restantes peces gordos que mandaban en las calles. Danny Boy contaba con esa ventaja porque, sin duda, era un tipo de mucho cuidado, un puñetero sádico, alguien que daba miedo, alguien que no se hacía el duro como otros muchos lunáticos pretendían, sino que su dureza resultaba evidente para cualquiera que le conociese. Danny Boy era un loco capaz de cualquier cosa, una persona impredecible que no se daba cuenta de que su conducta estaba tan fuera de lo normal que hasta asustaba a los criminales más despiadados.
Danny Boy había recurrido a los Murray para dejar tullido a su padre, un gesto que lo introdujo en el mundo de la delincuencia. Además, se había forjado una reputación quitando de en medio a todo aquel que se interponía en su camino. Danny Boy se había enfrentado a Jaime Carlton y había ganado. Y él le había seguido y había hecho lo que se esperaba de él sin hacer la más mínima pregunta, como siempre.
Eran como una banda de rock en muchos aspectos. Danny Boy era el líder, el cantante, mientras Michael era el representante, la persona a la que nadie veía, pero que estaba encargada de que todo transcurriese satisfactoriamente. Si Danny no se hubiera casado con su hermana, jamás habría cuestionado la lealtad de su amigo. A él no le importaba lo que Mary hubiera hecho, a pesar de todo seguía siendo su hermana y Danny Boy debería haberlo tenido en cuenta y haberlo respetado. Ahora era su esposa y Danny Boy había optado por tomárselo de esa manera, aunque él deseaba verla de nuevo feliz. Michael odiaba ver esa tristeza en los ojos de su hermana y saber que su amigo era la razón.