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no sé si eran éstas las razones que me movieron a acercarme, progresiva y lentamente, a amín y a amina, como quien se acerca a unos cachorros huérfanos de tigre. no sé si fue reemprender una tarea de experiencias y de enseñanzas, o defenderme detrás de su escudo valeroso, o suministrarle un sentido a toda esta oquedad, o sustituir a mis propios hijos que ya no están conmigo y que no me respetan, ni acaso me respetaron nunca, o tratar de que suplanten a una hija nonata que por lo mismo no me ha decepcionado, o acaso todo junto.

mejor será no preguntarme si sobrevivir es también ir viviendo de una prórroga en otra.

me inunda un aluvión de noticias de lo que, a lo largo de estos años, ha ido sucediendo en granada. los musulmanes de allí han podido irse haciendo a la idea; a mí se me desploma todo encima a la vez, y me abruma. es cierto que el tiempo diluye y dosifica el dolor y la vida, y es él quien nos lleva de su mano, con benignidad -si le dan tiempo al tiempo-, camino de la muerte.

en la plaza de bibarrambla encendieron una hoguera con libros: los que dejé en la alhambra y los hallados en las casas en que, según las capitulaciones, no podían entrar. nada se ha respetado: ni la ciencia, ni la filosofía, ni la medicina. libros que representaban siglos de amor y de dedicación: nuestras oraciones, nuestras “qasidas”, nuestra mística y nuestra música. todo ardió. si cierro los ojos, veo el humo, ascendiendo como un árbol de insensatez, de resquemor y de contradicción, clamando hacia el limpio cielo de granada.

veo consumirse en el fuego libros lujosos como pájaros, coloreados guadameciles, platas chapadas, meticulosas filigranas, figuras que el refinamiento de nuestra cultura tardó cientos de años en crear.

veo arder mi cultura, y escucho las campanas enemigas repicar a gloria. ¿a qué gloria? ¿a qué unidad aspiran los feroces? ¿el camino de la unidad será el destrozo, la violencia de los cuerpos y de las fes y de las opiniones, la aniquilación de cuanto no sea idéntico?

en ronda han muerto tantos que la sierra bermeja se llamará desde ahora bermeja por la sangre, no por el matiz de sus piedras; las sublevaciones de la alpujarra se han ahogado en más sangre todavía.

toda aquella belleza sumida en sangre y llanto. qué cristiana manera de cristianizar la de expedir al paraíso a quienes les estorban. qué falsía la de disfrazar la política con los recados de la divinidad. ‘o bautizarse, o pasar a áfrica en las naves del rey, a diez doblas por cabeza’; pero previamente les habían arrapado las doblas. ¿qué le dirán de noche a su dios esos reyes, si es que de verdad creen en él? los criminales por decreto divino, los torturadores de la fe, ¿cómo rezarán a su dios?

muchos granadinos de los que pasaron al norte de áfrica, aún resisten dedicados a la piratería.

quizá no esperan volver ellos mismos un día, sino que luchan para sus hijos y para sus nietos. hay momentos en que me devora la necesidad de poner mi nombre y mi bandera carmesí al frente de ellos y de morir con ellos. su pasión es la que ha ratificado a los cristianos en que el único medio de vender al islam es cortar con el cuchillo de la religión las vías del estrecho. bautizar a los musulmanes de la península, pero conquistar también y convertir, para mayor descanso, las plazas costeras africanas.

y aquí se han presentado. ¿se dejará engañar por ellos su dios?

¿se engañan a sí mismos? conquistaron orán por el puro botín; a nadie le interesaba convertir a nadie, ni convencer a nadie; la rapiña tan sólo: degollar, acuchillar, picar como toros a ‘la morisma’ para acabar con ella. no han dejado más de 80 moros vivos.

un moro muerto es el mejor de todos’, dicen sus capitanes. las dos mezquitas se consagraron a la encarnación de dios y a santiago matamoros, para dejar bien claro a lo que habían venido: a escupir sobre nuestros cadáveres. el temor al sólo nombre de los españoles ha hecho que la mayoría de los habitantes de tremecén y los pueblos vecinos se precipitasen a huir.

aquí han llegado muchos; entre ellos, los familiares de mi tío abu abdalá, a quienes he tenido en esta casa hasta que hallaron hospedaje en la medina. la tumba del “zagal” ahora está sola. jadicha -o esa inflamación suya- se ha quedado conmigo en honor al recuerdo de mi hermano yusuf.

(ahora mismo la escucho bambolearse por la casa; cuando intenta no molestar es cuando más ruido hace.) reyes católicos se llaman estos reyes de españa. si hay un dios que se complazca en cuanto hacen, no desearía conocerlo jamás. ay, andaluces: igual que ayer vuestra sabiduría, hoy vuestra simiente y vuestra sangre son esparcidas sin tino por el mundo, lo mismo que se aventan con un bieldo las mieses…

terminando de escribir lo que antecede, entraron amín y amina, y me sorprendieron con la cabeza caída sobre estos papeles, sollozando. sus demostraciones de afecto han sido tan extremadas y efusivas que me he abandonado, como un niño, a ellas. me han cubierto de los besos y las caricias que entre ellos se prodigan con absoluta y encantadora carencia de pudor.

desde el primer día me propuse no interferir entre ellos; hoy una cálida y olvidada desazón se ha despertado en mí. ¿qué se proponen con tales agasajos? ¿qué me dan a entender?

el hijo mayor de el maleh -hace tres años que murió su padreha almorzado hoy conmigo. estimulado por mí, goza de un puesto relevante en la corte, y está al tanto de lo que acaece fuera de esta ciudad. me ha contado la historia de aben comisa, desde que huyó de la alcazaba de andarax.

había comprendido que para medrar era preciso convertirse; los reyes fueron sus padrinos de bautismo. adoptó el nombre de don juan de granada, y advertido de que, por la influencia del obispo cisneros, la orden franciscana le proporcionaría un porvenir brillante, tomó sus hábitos. no se resignó, sin embargo, a vegetar en un convento que aplazaba indefinidamente su ambición. huyó de él, no sin llevarse el dinero de los frailes, que no era poco y, de nuevo musulmán fervoroso, se estableció en argel. allí se propuso llegar a valido del emir y, con halagos e insidias, lo consiguió.