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con la misma inteligencia para el mal con que engatusó a mi madre, lo engatusó a él, y logró que le encomendase la defensa del reino.

entró entonces en negociaciones con el conde pedro navarro y, por dinero, vendió aquella plaza como vendió mi señorío. cuando la escuadra española se presentó en bujía, se desencadenaron, contra lo prometido por aben comisa, luchas inesperadas y terribles.

sus antiquísimas y elevadas murallas albergaban un pueblo más numeroso que el de orán y más rico, pero menos guerrero y muy dado a placeres. una vez que, durante el ramadán, se rindió la ciudad, el pueblo entero fue pasado por las armas. y cuando navarro tomaba posesión del palacio, tropezó con un cuerpo apuñalado en el salón del trono: era el de aben comisa, muerto a manos del propio sultán, que había descubierto su traición.

supongo que, si existe otra vida y se castiga en ella la maldad, no habrá suficientes castigos para el mayor traidor. pero, aunque así sea, aben comisa ya reposa; hay hombres a quienes sólo la muerte, a duras penas, es capaz de frenar.

el rey de bujía, unos meses más tarde, trató de recobrarla.

los castellanos destruyeron sus tropas; él ha pedido refugiarse aquí, donde nos encontramos todos los destruidos.

tanto que, si la indolencia no me desanima, pienso visitar en agmat las tumbas del último sultán zirí de granada y del último rey de sevilla, desterrados allí, en el lejano sur, cerca de marraquech.

precisamente a ese almutamid, que se impacientaba ante la tardanza de la muerte, le he escrito una elegía, que bien podría aplicárseme.

la noche anida silenciosa en el pecho de la mañana.

cuando caiga, equiparará al camellero de áfrica y al porquerizo de castilla con el que más brilló en el alto cielo.

añicos de tu corazón yacen en córdoba y en ronda; con itimad se enterró el último.

para tus herederos no hay herencia: ni trino, ni arrayán, ni limpia sombra, ni agua alegre.

los cuervos te parecen, desde abajo, las aves de la misericordia.

la embriaguez de tu vida -caricia, espada y verso- se concluye en esta resaca.

amar fue poseer: tu desafío no pueden mantenerlo manos cargadas de cadenas.

pregunta a silves, donde empezó el gozo, si te recuerda.

aún las mismas palmeras se yerguen junto al mismo alcázar, la misma luna, el mismo río que reflejó la faz de rumaiquiya.

todo igual y sin ti, y tú igual y sin todo.

entre la alberca y los jardines, cuántos palacios para nada.

responde, agmat’, repites.

‘¿cabe en ti tal grandeza sin romperte?’

respóndeme tú a mí: ¿se rompe acaso de dolor tu memoria, triunfante siempre del ansiado olvido?

una certeza te apacigua sólo: en el día de la resurrección tus ojos se abrirán otra vez en sevilla.

pero para resucitar hay que morir: es lo que más deseas.”

trípoli no ha tardado en caer ni tres meses. los cristianos ya han puesto sus pies en áfrica con fuerza. y yo bien sé qué difíciles de parar son esos pies.

hoy fue la fiesta del nacimiento del profeta. le he regalado a amina el collar y el pectoral que, hace ya tantos años, encargué para moraima, y que los joyeros granadinos no me enviaron hasta después de muerta. nunca pude figurarme que unas alhajas produjeran semejantes transportes de alegría.

hacer feliz a alguien quizá sea la forma más modesta -pero también la menos peligrosa- de acercarnos a la felicidad.

dos estremecimientos recorren el mundo islámico. para unos, es la esperanza de la unión de todas las fuerzas fraternales; para otros, el miedo a que el gran turco conquiste él solo reinos islámicos que son independientes.

¿es que no han cesado todavía las fantásticas conquistas del islam?

para alivio de mis tribulaciones, los enemigos del sultán de fez me instigan a una nueva ilusión. ¿qué responderles?

desde bayaceto, que conquistaba otranto mientras yo fui coronado por primera vez, hasta selim, hay una sucesión de triunfos que asombra al universo. a selim le llaman “el torvo” o “el feroz”: mató a su padre, mató a sus hermanos y a los descendientes de ellos, mató a tres hijos suyos.

algunos hombres no saben hacer más que avanzar, no saben mirar más que adelante: ¿son por eso admirables?

no lo sé; quizá los pueblos, sin ellos, reptarían. ¿qué no es turco a estas horas? a partir de constantinopla, un renovado orgullo se despliega: serbia, anatolia, irak, la arabia desierta, la pétrea, la feliz, y egipto, y medina, y la meca y belgrado.

la cristiandad vuelve a perder el sueño y a temblar con su papa a la cabeza. ya pío II, por temor, le ofreció a mehmed la corona imperial si se convertía; ya inocencio vIII, por temor, acogió en roma al hermano de bayaceto.

¿pierde el sueño la cristiandad con causa? ¿se alegran con causa quienes piensan que pronto serán turcas la berbería entera, y sicilia otra vez, y cerdeña, y otra vez andalucía? entre el estremecimiento de júbilo y el de alarma, me pregunto: ¿es lo turco lo islámico? ya pasó para siempre la bienaventuranza de los omeyas y de los abasíes, ¿sobre qué, pues, si no sobre la fuerza puede fundarse el nuevo imperio? ¿o es que sentimos la religión como habría de ser sentida? ¿impidió ella, apenas muerto el profeta, que ya el tercer califa luchase contra el cuarto? con razón el profeta habló más de la guerra santa interior que de la exterior. ¿no lo escribió, hace siglos, ibn jaldún?: los árabes -y nosotros alardeamos de ser como ellos o ellos- son, entre todos los pueblos, los menos propicios a subordinarse unos a otros; ásperos, orgullosos y ambiciosos, todos quieren ser jefes; rara vez sus propósitos y aspiraciones las logrará concretar y transmitir un portavoz; sólo cuando la religión actúa sobre ellos, a través de sus santos y profetas, alguna disciplina mengua su rebeldía. y entonces el orden religioso los sojuzga y aúna en organizaciones comunales, hasta que de nuevo surjan entre ellos los odios de las tribus.