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por un instante me conmovió una tristeza anónima similar a la del día del harén.

nasim se inclinó en una exagerada reverencia. a punto de sobrepasarlo, oí su voz.

– sigues siendo un magnífico príncipe heredero. no cabe otro mejor. apostaré por ti.

mi hermano yusuf.

hay hombres que nacen con una estrella en la frente. no he conocido a ninguno con una más radiante que mi hermano. subh juraba que había llorado en el vientre de mi madre, y que nació envuelto en el manto, sin romperlo al salir.

pero no habrían sido necesarios tales signos, ni que los astrólogos le vaticinasen una larga vida, fructífera, alegre y luminosa. los horóscopos lo han pintado siempre dotado de hijos, de felicidad, del amor de quienes lo traten y de años interminables. un motivo más para desconfiar de los horóscopos, tanto al menos como de la propia vida.

es lógico que sea así, entre otras razones, porque no se me parece en nada. yo soy en lo físico como la familia de mi padre; él, como nuestro abuelo materno, mohamed x, según quienes lo conocieron.

es espigado, rubio, con una permanente sonrisa alumbrándole el rostro, de amabilísimo talante, y, para mayor precisión, zurdo como el abuelo. sin embargo, en el caso de yusuf, la zurdería es obligada.

nació con un defecto en la mano derecha: le faltan los dedos corazón, anular y meñique, y su pulgar y su índice tienen sólo una articulación. pero nunca le ha afectado esta falta, ni le ha impedido hacer cuantos ejercicios nos han impuesto para nuestra instrucción.

yusuf y yo apenas nos hemos separado alguna vez, y muy recientemente. quizá yo he sido más fisgón que él y me he metido en más berenjenales; para salir de ellos, con frecuencia necesité su ayuda.

a sus ojos, el mundo está bien como es: no pretende cambiarlo; ni lo acepta siquiera, sino que se incluye en él con la naturalidad con que una tesela se incluye en un mosaico. desempeña gozoso su acendrado oficio de tesela en cada instante, sin reclamar más ni menos que aquello que le es dado y que su sino hace coincidir con lo mejor.

dicen que los hermanos gemelos llevan a tal extremo su compenetración que adivinan todo el uno del otro, o más aún, que no precisan adivinarlo, sino que uno se siente el otro y viceversa. yusuf y yo no somos gemelos: él es un año menor que yo, y somos casi opuestos; pero tenemos tal confianza, hemos convivido tanto, el vacío de afectos familiares nos ha volcado tanto recíprocamente, que dudo que existan hermanos más unidos. por ejemplo, si jugábamos al escondite con otros niños, nos bastaba calcular dónde nos habríamos escondido si fuésemos el otro, para descubrirnos yo a él o él a mí. el mundo se dividía para nosotros en dos grupos: uno, yusuf y yo; el otro, los demás. y, en el reparto de actuaciones que en una pareja se plantea cuando ha de ser suficiente por sí misma, a yusuf le ha correspondido siempre la diplomacia con la otra mitad del mundo. él es el que ha endulzado las acritudes suscitadas por mí; quien ha convencido a los extraños de que nos concediesen un capricho; quien ha suplicado el perdón de los castigos que se nos imponían; quien ha alzado nuestras quejas o nuestras peticiones a los ayos y a los maestros.

debo hacer constar que la mayor destreza de yusuf, y más cuando éramos más chicos, consistía en volcar sobre mí la culpa de todos los percances. no de una forma explícita: tenía suficiente con mirarme de soslayo. y eso sólo al principio, luego las culpas me eran adjudicadas de manera automática.

sin embargo, en el mismo instante en que yo iba a sufrir las consecuencias de sus tácitas acusaciones, él, con campechanía, daba un paso al frente, se confesaba responsable, y se disponía a arrostrar cualquier sanción; pero con tal tono de inocencia que jamás era castigado. con lo cual los dos quedábamos exentos.

yo tiendo a ser menos expresivo con la gente que él, pero a la vez frecuento gente más variada de lo que nos corresponde por razones de sangre, de vecindad o de estudios.

no obstante, a él le basta con aparecer para arrebatarme la primacía de una relación que me ha costado semanas adquirir, y cualquier amigo mío de los que hablo en estos papeles habría preferido sin duda ser amigo suyo; pero él, con la misma simplicidad con que me la arrebata, abdica de tal preferencia como si su interés se cifrara siempre en otra cosa. es decir, yo, con más dedicación, consigo menos de lo que él abandona una vez que le es dispensado sin esfuerzo.

tiene los ojos muy oscuros y las pestañas largas y vueltas, lo que da a su mirada un tinte pensativo y profundo, que contrasta con sus cabellos claros y su boca sonrosada y riente. y siempre, aún hoy, ha tenido un aspecto infantil muy atractivo, entre indefenso y provocador -con su nariz corta y un poquito remangada-, junto a una fuerza física impresionante y una aventajada estatura. creo yo que todas las mujeres de granada, si fuesen tan sinceras como las niñas que nos rodearon, admitirían que se mueren de ganas de ser besadas por yusuf.

quizá parezca que siento por él una debilidad inmoderada. me congratulo de que lo parezca porque es cierto. mi vida entera, no sólo mi infancia, habría sido otra -más tenebrosa y menos rica- de no ser por la existencia de yusuf a mi lado. sus ocurrencias, sus iniciativas, su continuo invento de juegos y aventuras, su afición a los secretos compartidos, su amor por los animales y las plantas, han sido la atmósfera que he respirado durante los no muy abundantes momentos de oro de mi niñez. en él he tenido una fe ciega; no recuerdo haber hecho nada que no le haya contado, o que no hubiese deseado contarle. sólo el episodio del tío abu abdalá en salobreña lo reservé para mí, no por lo que significó, sino porque no habría sabido cómo contárselo ni qué consecuencia sacar; ni quizá yusuf habría querido oírlo: él no es inclinado a dar soluciones, ni a meditar sobre los hechos. probablemente me habría aconsejado olvidarlo, y él mismo lo habría olvidado de inmediato.

no tientan a yusuf los proyectos a largo plazo, ni el arreglo de la vida de nadie, ni de la propia: vive cada hora con la mayor intensidad, y se entrega al presente, sin preguntarse cómo ha llegado, ni cómo y cuándo concluirá. cuando los habitantes de la alhambra coincidían en que mi padre iba a elegirme sucesor oficial, comenté con yusuf cuánto habría ganado el reino teniéndolo a él por rey. casi se asfixia con las carcajadas.

– si soy como soy, no es por haber nacido así -me replicó al cesar de reír-, sino por la absoluta certeza de que nunca seré rey.

sólo imaginar que alguien dependiera de mí, me haría cambiar de modo de obrar y de pensar, si es que he pensado alguna vez. ¿o no te das cuenta de que soy el mayor irresponsable que hay en toda granada?