porque cada hombre en la frontera se comporta no como se comportaría en castilla, sino como es o como lo dejan ser. la corona no llega hasta aquí, y eso redunda en nuestro beneficio. bastante tuvo el rey enrique, y tiene hoy su hermanastra, con mantenerse en el trono: no pueden dilapidar medios ni energías en suministrar armas y dineros con que sostener de un modo convincente los límites del reino.
incluso, en muchas ocasiones, los reyes cristianos se han servido de la frontera para quitarse de encima a personajes demasiado desafiantes o caídos en desgracia. enrique iv tomó la costumbre de desterrar a ella a sus antiguos amantes cuando lo desdeñaban o los sustituía: tal es el caso del condestable de jaén, miguel lucas de iranzo.
y en muchas ocasiones, para acelerar el fracaso del desterrado, dejaron y dejan la frontera sin guarniciones ni abastecimientos, al simple albur de quien la defiende o la ataca; afortunadamente para nosotros, que así reconquistamos o saqueamos a mansalva las plazas que nos arrebataron en reinados anteriores. esto, como entenderás, ha multiplicado, sin muchas contraprestaciones, la gloria de tu padre y de tu tío en los últimos años.
porque la frontera, tan distante de las cabezas coronadas cristianas, es un territorio para las ambiciones personales: está lejos del corazón de los monarcas; se regatean en ella los socorros y los refuerzos; en ella no coincide la vida cotidiana con la política: entre otras cosas porque la vida está siempre en continuo e inminente peligro. de ahí que los señores de la frontera sean, si no se les embrida, auténticos reyes de taifas, que sobreviven o desaparecen según su brío. es difícil creer, por muy levantiscos que los granadinos nos parezcan, qué independientes de su rey y qué enemigos entre sí son los castellanos.
ellos sostienen con nosotros unas relaciones casi fraternales: viven en granada o se amparan en ella en cuanto consideran que sus reyes son injustos, o sus contrincantes demasiado terribles. la frontera es, más que nada, un estado de ánimo, una manera de entender el mundo, algo que separa y que une. o sea, la demostración de que toda pelea tiene mucho de abrazo, y de que, para batir a un enemigo cuerpo a cuerpo, se le ha de escuchar latir el corazón. los que cuenten la historia, si no lo ven así, no la contarán bien.
‘aparte de tu familia, boabdil, hay otras tres en andalucía con las que, antes o después áfue mucho antes de lo que yo creíaú, habrás de vértelas: los guzmán, en medina sidonia, los ponce de león, en cádiz, y los fernández de córdoba, que llevan dos siglos y medio en esa región. los dos primeros, por motivos de orgullo, de conquistas y de botín, son adversarios irreconciliables. de su antagonismo, mimosamente cultivado por nosotros, hemos de sacar fruto; si un rey enérgico sometiese a esos señores y los obligase a colaborar juntos, nuestra oportunidad habría cesado. en cuanto a los fernández de córdoba, su división es aún más agria. la casa tiene tres grandes ramas: la primera, la de aguilar, regida por el terrible don alonso, e instalada en los pueblos de aguilar, montilla y la puente de don gonzalo en la campiña cordobesa, y, en la sierra, en priego y carcabuey; la segunda rama es la de lucena y espejo; la tercera, la del conde de cabra y señor de baena. entre las tierras de éste y las posesiones de don alonso de aguilar hay dos dominios: el de zueros, que pertenece a don alonso de córdoba, y el de luque, de un pariente mío, don egas venegas, un pobre ciego inválido; pero estos dos siempre bailan al son que los otros tocan. lo más importante es que don alonso de aguilar y don diego fernández de córdoba, el de cabra, no se tratan desde hace algunos años. don diego es amigo de tu padre; pero quiero que lo entiendas bien: entre nosotros es amigo aquel con quien coincide nuestra conveniencia. en la frontera, hijo mío, tal es la norma: no tenemos más remedio que hacer una política repentina de alianzas y hostilidades según el viento sopla.
– ¿y por qué guerrean entre sí estos señores, si comparten el mismo rey, la misma religión y el mismo enemigo común, que somos nosotros?
– no puedo pedir a dios que te conserve tanta ingenuidad -respondió sonriendo con un ligero desdén-. los cristianos anteponen su soberbia a todo, incluso a su propio provecho. son capaces de perderlo todo, y hasta de dejarse matar, con tal de perdurar con honra en la memoria de los otros. una atrocidad, como verás. don alonso y don diego representan las dos ramas principales del tronco de los fernández de córdoba; pero la de don alonso es la primogénita. por eso, cuando la segunda se le adelantó en nobleza y nombraron a don diego conde de cabra y más tarde vizconde de iznájar, y aquél siguió siendo sólo señor de aguilar, se le erizaron los bigotes. además, don alonso tenía que casarse con la octava hija de don diego, lo cual hubiera suavizado las tensiones; pero, instigado por el maestre de calatrava, se casó con una hija del marqués de villena, con lo que se rompieron definitivamente las concordias. tanto, que enrique iv intentó en córdoba, en beneficio de la corona por supuesto, que firmaran la paz y se abrazaran. lo hicieron sin convicción ninguna. a los cuatro meses, don alonso, en medio de un cabildo de la ciudad, prendió a dos hijos del conde, y forzó al mayor -otro don diego con el que te tropezarás sin duda- a entregarle la tenencia de alcalá la real, de la que era alcaide, y que es, como sabes, la puerta de nuestra vega; porque entendía que se la usurpaban. en cuanto fue liberado, ese diego desafió a don alonso sin que acudiese al reto, y después apresó y retuvo tres años a un hermano del de aguilar, don gonzalo fernández de córdoba, un buen soldado que se relacionará contigo si algún día ocupas el trono de la alhambra. y, por si fuera poco, cuando se puso en tela de juicio por los nobles la legitimidad de enrique iv, don diego lo defendió frente a don alonso, que tomó el partido del príncipe su hermano. todas estas malquerencias son complicadas de entender; pero considera que entre nosotros hay los mismos recovecos, y tampoco serán fáciles de entender para los cristianos. en política, a merced de los cambios, puedes encontrarte del brazo del que fue tu mayor enemigo el día anterior, y viceversa. yo no creo, bendito sea dios, que ahora finalicen estas luchas tan fructíferas, porque don diego el de cabra es primo hermano de la judía juana enríquez, madre del rey de aragón don fernando, el marido de la reina de castilla, y ese parentesco inclinará a su favor el fiel de la privanza; lo cual enconará más aún a don alonso.