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porque sólo podré decir de verdad “nuestro” cuando mi brazo cuente con el brazo de mi tío, “el zagal”.

el rey fernando se apresuró a provisionar alhama para impedir que, apoyados en la derrota de la ajarquía, nos aprestásemos los granadinos a reconquistarla. lo cierto es que esa posibilidad se planteó en el consejo por aben comisa; pero el consejo resolvió que la política más cauta era la de mantenernos dentro de nuestros límites, y fortalecernos para lo que viniera. y que, en efecto, vino: los cristianos de murcia entraron por vera en el reino, destrozando sembrados, a principios de abril.

y fue mi madre la que vio cernerse el máximo peligro; no en las tierras más próximas a murcia, sino en almería, residencia del príncipe yaya, el hijo de ibn salim.

no pasó una semana sin que se confirmaran sus sospechas: el rey fernando iba a utilizar contra granada la misma traición que utilizó de príncipe; iba a introducir entre los nazaríes un tercer bando y una segunda discordia, más radical que la primera, entre mi padre y yo. desde vera continuaron los cristianos su ruta hacia almería, que el traidor yaya había prometido entregarles. destacamos un reducido ejército para impedir la traición. pero no lo habríamos conseguido si unas atroces y milagrosas lluvias, que decidimos atribuir a la misericordia de dios, no hubieran colaborado con nosotros. creo que, por el lado de almería, podemos momentáneamente respirar. sin embargo, tengo informes de que fernando ha situado naves en el estrecho para evitar que los prisioneros de su religión sean expedidos por mi padre, desde la alcazaba malagueña al norte de áfrica, a cambio de refuerzos. la pasada semana yo he puesto mi sello en cartas al sultán de marruecos en que le suplico que, si ha de enviar soldados, lo haga al señor de la alhambra y no al señor de málaga. y he sufrido al sellarlas.

días atrás partió de aquí una expedición de castigo, amparada en la estela del desconcierto de la ajarquía. la mandó hamet abencerraje, y se dirigió a las tierras de alonso de aguilar, a luque y a baena. su retorno con un opulento botín hace dos días fue muy celebrado por la gente de granada; tanto que, celosa mi madre del éxito de hamet, vino anteanoche a verme.

– es imprescindible que arranques una victoria, boabdil. tu padre y tu tío se han cubierto de fama a los ojos de los granadinos.

con un pueblo no puede jugarse a calentarlo y enfriarlo. desde hace dos semanas se preguntan si han hecho bien; necesitamos persuadirlos de que eligieron al mejor. ¿no te hierve la sangre ante la ocasión que te proporciona tu buena estrella? ¿vamos a conformarnos con unos cuantos rebaños de bueyes o de cabras? el éxito de hamet se les olvidará a los granadinos antes de que terminen de comerse la carne del ganado; acuérdate de cómo se burlaron de tu padre por la manada de vacas que trajo de tarifa.

ayer se estudió con detalle dónde sería más cuerdo dar un golpe seguro: cuál es la zona menos defendida; qué poblaciones están sin sus alcaides, presos o muertos o heridos en la ajarquía, qué territorios conocen mejor nuestros estrategas. es la primera expedición que yo voy a mandar personalmente y, por lo tanto, he de volver rebosante de laureles y despojos. mi madre me lo exige, según ella en nombre de granada.

aliatar, con las cartas geográficas por delante, señaló con un ancho índice indiscutible -le decía yo luego a moraima que es un índice más de vendedor de especias que de mayordomo de la casa real-.

lucena es una ciudad cercana a la frontera, con un luminoso y legendario pasado judío. tiene un recinto amurallado y un arrabal no extenso; no alberga más de trescientos vecinos, según me indican.

su señor, diego fernández de córdoba, emparentado con los aguilar, cuenta exactamente mis años, y es alcaide de los donceles, me gustará vencerlo. bien manejada, esta victoria puede ser útil, no sólo respecto a los granadinos, sino respecto a los pueblos limítrofes, que en estos momentos calibran nuestras fuerzas.

me garantizan que no hay peligro alguno; no se emprendería la acción si lo hubiese. la comarca a que vamos la llaman en el reino ‘la huerta de aliatar’: tan recorrida y domeñada la tiene. eso allana todos los escollos.

me acompaña, perfumada y lucida, la flor de granada. temo que, en lugar de parecer que vamos a la guerra, parezca que vamos a un torneo -tal es la creencia general-, y los jóvenes de granada, cuando se exhiben, gustan de vestirse con lo más rico que poseen. quiera dios que, si ricos vamos, retornemos más ricos todavía. como dirían los cristianos, es mi bautismo de sangre. mi suegro está a mi lado: tengo en quién confiar. con todo, sé que echaré de menos a mi tío el emir; siempre soñé con ganar mi primera batalla junto a él.

antes de ponerse al frente de mis hombres me dispongo a dormir unas horas.

II. las aves de la misericordia

para tus herederos no hay herencia: ni trino, ni arrayán, ni limpia sombra ni agua alegre.

los cuervos te parecen, desde abajo, las aves de la misericordia.

boabdil, “elegía de almutamid”

este año -ya lo dije- la primavera tardó mucho en llegar; más hubiese valido que no llegara nunca.

estoy preso. no hay palabra en que quepa mayor desolación; quien no lo haya estado, no podrá comprenderla. el transcurso lentísimo del tiempo, la confusión de los días y las noches, la soledad exterior, que a veces me pareció tan deseable y ahora sufro sin pausa, el círculo de los recuerdos, que se enmaraña alrededor de mi cabeza…

un rey preso: el ser humano prefiere pensar que ciertos hechos no suceden. en la accidentada historia de la dinastía no había ocurrido antes. y ojalá sea sólo esto lo que ocurra por vez primera; me asaltan inevitables temores de que habrá más. mi pluma y mi mano se niegan a escribirlo.

he pedido estos papeles, no carmesíes, para obligarme y concretarme en algo; para que mi voluntad y mis ojos tengan un asidero en que fijarse, y acaso mi esperanza: no sé qué será de mí si se desangra. ahora estos frágiles confidentes son la única ancla que me retiene, el espejo único en que puedo mirarme (en que debo mirarme, porque no lo deseo). me propongo destruirlos si algún día retorno a ser libre. el sentido de la libertad (aun el de la descabalada e imperfecta que gozamos los hombres) empiezo a vislumbrarlo, como siempre, a deshora… y entonces qué ingratitud destruir estos papeles; porque ellos son hoy los solos amigos con los que me cabe dialogar, o por los que aspiro a ser interpretado. como ocurre siempre con los amigos, mucho trabajo y tiempo me costó conseguirlos: los cristianos detestan la escritura y les da mala espina quien escribe.