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yo lo sueño todavía, no os digo más. porque es que a mí me quería mucho. y yo a él. allí se quedó despachurrado. y la condesa, como muerta, sin poder apartar los ojos de aquel barullo de sangre y ropa.

muerta también. bueno, ella no, pero tan blanca y tan quieta como si lo estuviera. qué falta de respeto al santo sacramento… y todo porque son como los bárbaros.

la gente del norte, ya se sabe.

ni castilla la vieja, ni castilla la nueva: iguales. en los pueblos, todos iguales. por eso yo me vine de rapaz a andalucía, donde las cosas son distintas. mi condestable, que era un ángel, lo repetía a cada instante: ‘la gente baja desde burgos y palencia como a bodas de rey. aunque sólo sea para sacudirse el frío y el hambre.

esto es el paraíso terrenal.’

eso decía el pobre: anda que…

era un ángel del cielo. su alteza ya sabrá lo que son los ángeles, porque en su religión también los hay, ¿no? las religiones, en el fondo, son todas semejantes. como las personas. como las personas, no, porque algunas son muchísimo peores… ¡un ángel! ¿puede creer su alteza que durmió, sin tocarla, muchísimas noches con su esposa hasta que los velaron? como él decía: ‘ya, ya habrá tiempo de velar, y sobrará.’ y es que en castilla todo se vuelve hablar de bujarrones. que no entienden a alguien, o que alguien es más delicado o más artista, bujarrón; que alguien se sitúa más arriba y lo quieren apear, bujarrón. ya me aclarará su alteza, si es que puede, a qué viene todo ese rebumbio… la nuestra es, cómo decirlo, una época irritable; igual que una mujer encinta. están pasando cosas que no habían pasado nunca.

hay ansias y palpitaciones por los aires… a don juan II, el padre del rey enrique iv y de doña isabel, ya le motejaron de “amador de toda gentileza”. yo no digo que no fuese el amante de don álvaro de luna, pero tampoco digo que lo fuese. desde luego, a gritos lo cantaron las “coplas del provincial” y de “mingo revulgo”.

claro que cantaron todo de todos, porque hay que ver… y siendo el rey enrique adolescente, el marqués de villena se lo acostaba consigo. ¿no era su ayo? cosa más natural… las costumbres árabes (que su alteza me sepa disculpar, que yo estoy muy de acuerdo) estaban imbricadas (¿o no se dice así?) en la corte, entre la gente alta sobre todo. y no era escandaloso… no sé yo si las costumbres ésas serían costumbres árabes: eso se dice siempre que no se quiere dar la cara, o siempre que se quiere dar otra cosa… el resultado es que ahora, por lo que uno oye, todo está lleno de hijos ilegítimos, y de maridos impotentes, y de bujarrones. ¿a qué vendrá tanta simulación y tanta hipocresía? ¿no han cambiado la gente y las costumbres? pues más van a cambiar, como decía el condestable. eso lo he visto yo entre los señores de la frontera, que hay que ponerse las manos delante de los ojos para no ver lo que hacen. ¿para qué tantas muecas y visajes, en lugar de aceptar con alegría las cosas como son? porque las cosas son todas naturales. por eso yo, andalucía.

yo soy igualito que si hubiese nacido aquí de una estirpe de aquí; tanto, que me afean tener costumbres árabes. ¿llevarán razón, alteza? yo me perfumo, yo me lavo, yo me río, yo vivo… al rey enrique le llamaban “el impotente”.

impotente, ¿con quién?, como decía el condestable. sería con la reina; porque lo que es con gómez de cáceres, o con francisco valdés, o con beltrán de la cueva…

bueno, es que por ése, al que tituló duque, hizo de todo; hasta el ridículo. por él fundó san jerónimo del paso en madrid; por lo lindo y lo intrépido que estuvo un día cazando osos en semejante sitio. loco hay que estar. y lo entroncó con los mendoza, y lo levantó hasta las sangres más empingorotadas. pero él lo traicionaba cada vez que quería.

no digo más que no tomó el partido de “la beltraneja”; fuese su hija o no, lo debió tomar aunque no hubiera sido más que por el nombre.

dicen que entraba al palacio de noche porque se enamoró de la reina. a otro perro con ese hueso; de noche todos los gatos son pardos. fue un piojo resucitado, que rebosaba alhajas hasta por los zapatos. y con mi condestable no se llevaba bien. pero lo del rey yo lo veo natural. le complacían la música y la caza, y le complacían sus compañeros de música y de caza: natural. ¿que no eran gente de su rango? bueno; pero eran más honrados y más agradecidos y más leales. por lo menos, de entrada.

los grandes estaban corrompidos como el rey, y eran fines de raza como el rey. castilla requería sangre limpia e ilesa. castilla y él, ¿o no lo cree su alteza? las dinastías se agotan, ya se sabe.

por descontado, ay, el amor no tiene por qué ser correspondido, o no siempre; la verdad, casi nunca.

quizá es más nuestro lo que no acabamos de conseguir del todo…

he oído que beltrán de la cueva, el marqués de villena y miguel lucas andaban a la greña, celosos no del amor del rey, sino de sus favores y sus dádivas. yo ni quito ni pongo. yo ni entro ni salgo.

yo me vine del norte por respirar más hondo. y que allí, alteza, sólo se pueden pintar santos. aquí hay casas y señores y ropas de más lujo. y está la luz, que ya sé bien que nadie es capaz de pintarla; pero de verla, sí. y el verde de los campos, y las flores. aquí está todo. a mí, con el permiso de su alteza, no me extraña que quieran quedarse con granada. yo de política no entiendo, ni me gusta. y de guerras, tampoco. lo que se dice ir a la guerra, no he ido nunca. ¿qué pinto yo en la guerra? yo pinto, como ahora, en la paz. y en la serenidad. pero lo de granada lo entiendo, porque es un vergel. es el jardín de dios, alteza: todo el mundo la quiere. si es jaén, con su monte morado, y da alegría verlo, cuanto más esa ciudad rendida (perdón, quiero decir recostada), que parece que le han puesto un marco para que resulte más hermosa. yo no la he visto, pero de ningún modo querría morirme sin verla… bueno, una vez sí que estuve en una batalla, en lacalahorra, por lo que llaman el cenete; pero yo no intervine.