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también soraya, en la alhambra, estaba a la perfección al tanto del conflicto. dos días antes, previendo la llegada del “zagal”, había enviado en secreto a su marido el sultán a salobreña, por si su salud mejoraba con la proximidad del mar, el blando clima y la separación de acucias y presiones. abul kasim benegas, el visir, que no contaba ya con el valimiento de la sultana y que vaticinaba cortos la vida y el reinado de mi padre, había promovido, pagándolos, algunos motines populares. en ellos se solicitaba la abdicación del sultán, para congraciarse con quien lógicamente debería sucederle. no obstante, mi tío no aspiraba en apariencia a la corona; aunque el pueblo entero reclamaba un rey joven, enérgico, decidido y capaz de ir en persona al frente de las tropas.

soraya, al borde de ver abortada su ambición, hizo un desesperado intento. forzó a mi padre, antes de retirarse a salobreña, a abdicar en su hijo mayor, un niño aún, dejando en manos de ella la regencia. pero unos cuantos delegados de abul kasim benegas, fingiendo ignorar la ausencia del sultán, subieron a comunicarle el lamentable estado de la situación.

soraya pretendió distraerlos; aludió a un pasajero malestar del sultán que lo retenía en sus alcobas, y solicitó un aplazamiento de la audiencia. pero ante la porfía de los visitantes, desenmascarada, casi les insultó.

– aún vive el rey legítimo, adornado con las glorias del emirato y orgulloso de haber hecho por granada más que ningún otro de la dinastía; está enfermo en la costa, y yo aquí lo represento. pero si consideráis igual estar enfermo que muerto, proclamad ahora mismo rey a su hijo. tened la seguridad de que con ello servís al sultán que dios os deparó, un héroe que se recuperará en el reposo de la playa, y regresará con la espada en la mano (no lo olvidéis) a sentarse en su trono.

después de una reunión provocada por benegas y sus parciales, todos los hombres que significaban algo en granada llegaron a un previsible acuerdo: a nadie convenía ni un rey moribundo, ni un rey niño.

– tenemos a la mano -gritó el tornadizo benegas- a quien puede proporcionar más beneficios a este reino. en estos mismos momentos está postrado ante dios en la mezquita de la alhambra.

corrieron los reunidos y llegaron a tiempo de ver salir de ella al “zagal” y montar a un caballo, en el que se disponía a ir a salobreña a cumplimentar a su hermano. sin dejarlo siquiera descender la sabica, allí mismo lo proclamaron sultán.

el zagal” toleró en la alhambra la presencia de soraya y de sus hijos, aun cuando su lugar estaba junto al enfermo. no tardó, sin embargo, en comprender que la intención de soraya era seducirlo y contraer matrimonio con él, a costa incluso de envenenar al sultán agonizante; estaba más dispuesta que nunca a proseguir su carrera. ante tan incorregible actitud, mi tío la envió a salobreña con sus dos hijos, y poco después, cuando se convenció de que nada restablecería la salud del sultán, aconsejado por los médicos que encontraban más saludable para él el clima de mondújar, lo trasladó allí con su familia. [uno de mis partidarios, al que me resisto a dar crédito, me asegura que si permitió a soraya quedarse en la alhambra, e incluso él -no ella- habló de matrimonio, fue para que le descubriese en dónde había escondido los tesoros reales, imprescindibles para continuar la guerra.] ante las primicias de un sultán bravo, querido y no impuesto por innobles maniobras, granada estalló de júbilo; con todo, una pequeña parte del albayzín continuaba siéndome fiel. el alzamiento del “zagal” al trono alegró también al rey fernando, que veía así aún más dividida nuestra monarquía.

la única duda que le queda es cuál será el momento justo, por más dañino para nosotros, de librarme y echarme a pelear contra mi tío y contra los legitimistas partidarios de mi padre.

su alegría se enfrió un tanto con la primera hazaña del “zagal”, que justificó con ella las esperanzas en él puestas. al iniciar fernando su campaña estival, aunque tardía, decidió comenzarla por la vega. envió por delante su vanguardia al mando del conde de cabra, quien escogió el camino de moclín. pero “el zagal” adivinó el regate, y acudió al remedio con rapidez y un fuerte contingente de soldados. tras una áspera batalla, la derrota del conde fue terrible.

destrozado su orden, la mayor parte de los cristianos pereció en un barranco que los nuestros titularon de la matanza, y el mismo conde salió mal librado y herido. por añadiduras, mi tío, para demostrar su insolente valor, tuvo la osadía de retar al rey cristiano y de acampar dos días seguidos en el lugar de su victoria por si fernando tentaba aceptar su reto y vengar el notorio descalabro de uno de sus capitanes predilectos. en realidad, el vengado en el conde de cabra he sido yo.

nasim me comunica -y copio su carta casi literalmente- que, si la campaña cristiana hubiese dependido de fernando, se hubiese postergado hasta la siguiente primavera. a la derrota de moclín se añadieron la enorme mortandad que la peste causa en sevilla, donde se entierra a la gente amontonada, y el malestar y la tristeza de la cristiandad entera. pero, según se dice, la reina isabel, para fortificar el ánimo de sus súbditos y encender su poquedad, a caballo delante de los soldados, les exhortó:

– hijos míos castellanos y aragoneses, quiero poner en vuestras armas la dicha de nuestros reinos. de ahora en adelante, ni castilla ni aragón se conformarán con inestables treguas, ni con parias que puedan ser negadas a la primera coyuntura. con la vista puesta en vosotros y en vuestras familias, arrodillados ante la voluntad de dios, el rey y nos decretamos la continuación de la guerra, sin cejar hasta que los infieles sean expulsados de esta tierra que es nuestra.