– ¿Es Luca tan duro como dicen? -preguntó Michael con curiosidad-. ¿Es realmente un buen elemento?
– Sólo puede compararse consigo mismo -respondió Sonny-. Le pediré que se ocupe de los tres Tattaglia. De Sollozzo me encargaré yo mismo.
Michael se agitó inquieto en su silla mientras miraba a su hermano mayor. Sabía que a veces Sonny era brutal, pero sabía igualmente que tenía buen corazón. Era un buen muchacho. Le parecía raro oírle hablar como lo había hecho. Además, la lista de los hombres que debían ser ejecutados le parecía a Michael completamente fuera de lugar, pues Sonny no era, en modo alguno, un emperador romano, dueño y señor de las vidas de sus súbditos. Se alegró de no verse envuelto en el asunto, ya que viviendo su padre, los planes de Sonny podrían ser llevados a cabo. Él se limitaría a contestar el teléfono y a llevar algún que otro mensaje. Sonny y el viejo ya se las arreglarían, especialmente teniendo el apoyo de Luca.
En aquel momento oyeron el llanto de una mujer en el salón. Michael supo que era la esposa de Tom. Corrió hacia la puerta y la abrió. Todos los presentes se habían puesto en pie. En el sofá, Tom Hagen abrazaba a Theresa, que lloraba a lágrima viva. Era un llanto de alegría, naturalmente. Tom se desprendió del abrazo de su esposa, que continuó en el sofá, y dirigió una alegre sonrisa a Michael.
– Me alegro mucho de verte, Mike, me alegro mucho.
Hagen, sin mirar a su esposa, entró resueltamente en la oficina. «Por algo ha vivido durante diez años con la familia Corleone», pensó Michael, con orgullo. Tom, Sonny, e incluso él mismo se habían contagiado de algo del espíritu del viejo.
5
En el despacho estaban sentados Sonny, Michael, Tom Hagen, Clemenza y Tessio. Eran casi las cuatro de la madrugada. Habían logrado convencer a Theresa Hagen, no sin dificultad, de que se marchara a su casa, situada junto a la del Don. Paulie Gatto todavía estaba esperando en el salón, ignorando que los hombres de Tessio habían recibido instrucciones de no dejarle salir ni perderlo de vista.
Tom Hagen transmitió la oferta de Sollozzo. Explicó que cuando Sollozzo se enteró de que el Don seguía con vida, él había llegado a convencerse de que iban a matarlo.
– Si alguna vez tengo que suplicar al Tribunal Supremo -dijo Hagen, sonriendo-no lo haré con tanto fervor como lo he hecho esta noche ante ese maldito Turco. Le he dicho que expondría su oferta a la Familia, aun estando vivo el Don. Le he dicho que a ti, Sonny, te tenía en el bolsillo. Le he contado que fuimos compañeros de colegio y, no lo tomes a mal, hasta le he insinuado que tal vez no te había disgustado demasiado el atentado contra tu padre. Dios me perdone.
Con una sonrisa pidió perdón a Sonny, quien hizo un gesto de comprensión.
Michael, cómodamente sentado y con el teléfono a su derecha, estudió a ambos hombres. Cuando Hagen entró en la habitación, Sonny había corrido a abrazarle, Michael no pudo evitar sentirse celoso al pensar que entre Sonny y Hagen existía una intimidad mucho mayor que entre él y su hermano.
– Bueno, vamos al grano -dijo Sonny-. Tenemos que hacer nuestros planes. Echa una ojeada a la lista que hemos confeccionado Tessio y yo. Tessio, pasa tu copia a Clemenza.
– Si vamos a hacer planes -dijo Michael-, Freddie tiene que estar presente.
– Freddie no nos sirve de nada -replicó Sonny con cierto sarcasmo-. El médico dice que ha sufrido un _shock_ tan fuerte que necesita guardar reposo absoluto. No lo entiendo, de veras. Freddie siempre ha sido un muchacho duro. Supongo que para él fue horrible ver cómo disparaban a papá; siempre ha pensado que el Don es Dios. Tú y yo somos diferentes, Mike.
– Dejemos fuera a Freddie -dijo Hagen, rápidamente-. Mantengámoslo al margen de todo, absolutamente de todo. Ahora, Sonny, hasta que la crisis haya pasado, creo que deberías permanecer en casa. Aquí estás seguro. No menosprecies a Sollozzo, es un verdadero _pezzonovante_, un hombre con lo que hay que tener. ¿Tenemos gente en el hospital? Sonny asintió en silencio.
– La policía vigila allí, pero los nuestros han podido visitar tranquilamente a papá. ¿Qué piensas de la lista, Tom?
Hagen enarcó las cejas.
– Por Dios, Sonny, creo que lo has tomado como un asunto personal. El Don lo hubiera considerado como una simple disputa de negocios. Sollozzo es la clave. Lo único que procede, pues, es eliminarlo a él. Olvidemos de momento a los Tattaglia.
Sonny miró a sus dos _caporegimi_. Tessio se encogió de hombros, mientras decía:
– Es una medida adecuada.
Clemenza, en cambio, guardó silencio.
– Hay un punto que está fuera de discusión -apuntó Sonny, dirigiéndose a Clemenza-. No quiero volver a ver a Paulie. Él será el primero de la lista.
El gordo _caporegime_ asintió.
– ¿Qué hay de Luca? -preguntó Hagen-. A Sollozzo no pareció preocuparle mucho. Y eso me preocupa a mí. Si Luca nos ha traicionado, nos encontramos en peligro. Eso es lo primero que tenemos que averiguar. ¿Ha conseguido alguien ponerse en contacto con él?
– No -dijo Sonny-. Le he estado llamando durante toda la noche. Quizás esté con alguna mujer.
– No -respondió Hagen-. Nunca pasa toda la noche con mujeres. Cuando ha terminado, se va a su casa. Mike, sigue marcando su número hasta que conteste.
Obedientemente, Michael marcó el número de Luca. Nadie atendió la llamada. Finalmente, colgó.
– Sigue probando cada quince minutos -ordenó Hagen.
– Bien, Tom, tú eres el _consigliere_ -dijo Sonny con impaciencia-. Aconséjanos. ¿Qué demonios piensas que deberíamos hacer?
Hagen se sirvió un poco de whisky.
– Negociaremos con Sollozzo hasta que tu padre pueda ocuparse del asunto. Incluso podríamos llegar a un acuerdo, si fuese necesario. Cuando tu padre se levante de la cama, podrá dejar el asunto definitivamente zanjado, y todas las Familias le apoyarán.
– ¿Me consideras incapaz de manejar a Sollozzo? -preguntó Sonny, irritado.
– Sonny, estoy seguro de que podrías acabar con él -dijo Hagen, mirándolo a los ojos-. La familia Corleone es la más poderosa. Tienes a Clemenza y a Tessio, que si llega el caso pueden disponer de un millar de hombres. Pero con ello se produciría una verdadera carnicería a lo largo de toda la Costa Este, aparte de que las demás Familias culparían de todo a los Corleone. Nos ganaríamos una gran cantidad de enemigos. Y eso es algo que tu padre siempre ha evitado.
Al mirar a Sonny, Michael comprendió que éste había aceptado bien las palabras de Hagen. Sin embargo, después de breves instantes, Sonny dijo al _consigliere_: