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Michael sintió un escalofrío al comprender que estaban hablando de Paulie Gatto, de que el pequeño Paulie había muerto a manos del bonachón Clemenza.

Sonny preguntó a Hagen:

– ¿Has tenido suerte con Sollozzo?

Hagen hizo un gesto negativo.

– Parece que ya no tiene interés en negociar con nosotros -respondió-. O tal vez tenga miedo de nuestros hombres. En cualquier caso, sabe que no le queda más remedio que pactar con nosotros. Perdió su gran oportunidad cuando no consiguió acabar con tu padre.

– Es un individuo listo -dijo Sonny-, el más listo con el que se ha enfrentado nuestra Familia. Tal vez se imagina que queremos ganar tiempo mientras mi padre se recupera, o que esperamos la ocasión de cazarle a él.

– Seguro que algo sospecha -asintió Hagen-. Sin embargo, no le queda más remedio que negociar. Mañana quedará todo arreglado, estoy seguro.

En aquel momento, uno de los hombres de Clemenza llamó a la puerta y, después de recibir el permiso, entró en la oficina.

– Acaban de dar la noticia por la radio -informó a su jefe directo-: la policía ha encontrado a Paulie Gatto, muerto en su coche.

– No se preocupe -respondió Clemenza, asintiendo.

El subordinado le miró con expresión de sorpresa, y enseguida le dirigió una mirada de comprensión, antes de regresar a la cocina.

La conferencia prosiguió como si no hubiese habido interrupción alguna. Sonny preguntó a Hagen:

– ¿Se ha producido algún cambio en el estado del Don?

– Está muy bien, pero no podrá hablar hasta dentro de un par de días -contestó Hagen-. Está muy débil. Se va recuperando de la operación. Tu madre está a su lado casi todo el día, y también Connie. Hay muchos policías en el hospital, y también están los hombres de Tessio, por si las moscas. Dentro de dos días estará bien; entonces podrá darnos instrucciones. Mientras, hemos de evitar que Sollozzo cometa una locura. Por eso quiero que empieces las negociaciones con él.

– Mientras mi padre se recupera, Clemenza y Tessio velarán por él -gruñó Sonny-. Tal vez tengamos suerte y podamos resolverlo todo.

– No lo creo -replicó Hagen-. Sollozzo es demasiado listo. Sabe positivamente que, una vez en la mesa de negociaciones, tendrá que plegarse casi por completo a nuestras condiciones, por eso está dando largas al asunto. Sospecho que intenta conseguir el apoyo de las otras Familias de Nueva York para que no nos atrevamos a proceder contra él cuando el Don se haya recuperado.

– ¿Por qué diablos tendrían que apoyarle? -exclamó Sonny, sorprendido.

– Para evitar una guerra que perjudicaría a todos -replicó Hagen, pacientemente-. Para evitar que la prensa y el Gobierno se fijen demasiado en todos nosotros. Además, Sollozzo les daría su parte. Y tú sabes que en un asunto como el de las drogas hay mucho que repartir. La familia Corleone no necesita las drogas, ya que tiene el juego, que es lo más rentable. Pero las otras Familias están hambrientas. Sollozzo es un hombre con experiencia y ellos saben que está capacitado para operar a gran escala. Vivo, representa dinero para sus bolsillos; muerto, es un problema.

Michael nunca había visto aquella expresión en el rostro de su hermano Sonny. Su bronceada piel había adquirido un tono grisáceo.

– Me importa un bledo lo que quieran las demás Familias. Mejor será que no se mezclen en esta lucha.

Clemenza y Tessio se agitaron en sus sillas, incómodos. Se sentían como oficiales de infantería que oyeran a su general hablar de conquistar un objetivo inexpugnable, prescindiendo de las vidas que tuvieran que sacrificarse.

– Escucha, Sonny -dijo Hagen con cierta impaciencia-: a tu padre no le gustaría oírte hablar así. Ya conoces su opinión: «Eso es un despilfarro». No nos detendremos ante nada, si el Don nos ordena ir a la caza de Sollozzo. Pero esto no es una cuestión personal, sino un asunto de negocios. Si vamos tras el Turco y las otras Familias interfieren, discutiremos con ellos el problema. Luego si ven que estamos completamente decididos, nos dejarán hacer. El Don hará concesiones en otros terrenos, para compensar. Pero no dejes que corra la sangre en un asunto como éste. Sólo son negocios. Incluso el atentado contra tu padre fue un asunto de negocios, pues no hubo nada personal. No lo olvides.

Sonny no parecía dispuesto a ceder.

– Lo comprendo -asintió-; pero no permitiré que nadie se ponga en nuestro camino cuando vayamos a por Sollozzo.

Sonny se volvió hacia Tessio:

– ¿Alguna noticia respecto a Luca?

– Nada en absoluto -contestó el _caporegime_-. Sollozzo debe haberlo secuestrado.

– Me sorprendió que Sollozzo no se sintiera en absoluto preocupado respecto a Luca -comentó Hagen-. Es demasiado listo para no preocuparse por un hombre como Luca. Pienso que tal vez lo haya puesto fuera de la circulación, de una forma u otra.

– ¡Dios! -musitó Sonny-. Espero que Luca r esté luchando contra nosotros. Eso sí me daría verdadero miedo. Clemenza, Tessio: ¿qué creéis que puede haber ocurrido?

– Cualquiera puede hacer una tontería, y la prueba la tienes en Paulie -contestó Clemenza lentamente-. Pero Luca, no. El Padrino siempre ha confiado ciegamente en él. Luca es el único hombre al que ha temido. Pero hay más, Sonny. Luca ha respetado siempre a tu padre más que cualquier otra persona, y sabes muy bien que a tu padre todo el mundo lo respeta. No, Luca nunca nos traicionaría. Y me cuesta creer que un hombre como Sollozzo, por astuto que sea, pueda sorprender a Luca. Es un hombre que sospecha de todo y de todos. Siempre está preparado para lo peor. Me inclino a pensar que habrá salido fuera de la ciudad por unos pocos días. Tendremos noticias suyas en el momento menos pensado.

Sonny se volvió a Tessio.

– Cualquiera puede convertirse en traidor -opinó el _caporegime_ de Brooklyn-. Luca siempre ha sido muy susceptible. Tal vez el Don le ofendió sin querer. Entra dentro de lo posible. Sin embargo, creo que Sollozzo le dio una pequeña sorpresa. Eso concuerda con la opinión del _consigliere_. Deberíamos prepararnos para aceptar lo peor.

– Sollozzo no tardará en enterarse de lo de Paulie Gatto. ¿Cómo va a reaccionar? -dijo Sonny, dirigiéndose a todos.

– Le hará recapacitar -sonrió Clemenza-. Sabrá que nadie se burla de la familia Corleone y comprenderá que ayer tuvo mucha suerte.

– Eso no fue suerte -señaló Sonny bruscamente-. Sollozzo lo había estado planeando todo durante semanas. Estaban al corriente de todos y cada uno de los movimientos de mi padre. Luego compraron a Paulie y quizá también a Luca, secuestraron a Tom, hicieron lo que les dio la gana. En realidad tuvieron muy mala suerte. Los esbirros que contrataron no fueron lo suficientemente buenos y, además, el viejo se movió muy aprisa. Si lo hubiesen matado, me habría visto obligado a pactar y Sollozzo habría vencido, al menos de momento. Le hubiera dado cinco, diez años, pero, finalmente, lo habría liquidado. Pero no digas que ha tenido suerte, Pete; eso sería subestimarlo. Creo que últimamente nos hemos dedicado demasiado al peligroso deporte de subestimar al prójimo y que ahora estamos pagando las consecuencias de ello.