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Johnny era sincero y Hagen olvidó su enojo. Aquel niño de treinta y cinco años debía de tener algo, pues de lo contrario el Don no perdería el tiempo con él, ni le apreciaría tanto.

– Olvídalo, Johnny -dijo Hagen. Se sentía violento al ver el profundo sentimiento de Johnny, y sospechaba que dicho sentimiento sólo se debía al miedo, al miedo de que el Don se volviera contra él. Lo que ignoraba Johnny era que al Don nadie podía hacerle cambiar; cambiaba sólo por sí mismo.

– Las cosas no están tan mal, Johnny. El Don dice que puede anular todas las tentativas de Woltz contra ti, que es casi seguro que podrá conseguir que ganes el Osear. Pero teme que ello no baste para resolver tu problema. Quiere saber si tienes inteligencia y coraje suficientes para convertirte en productor, para hacer tus propias películas, desde el principio al final.

– ¿Y cómo diablos va a conseguir que me den el Osear? -preguntó Johnny, incrédulo.

– ¿Y por qué crees tú que Woltz tiene más posibilidades de salirse con la suya que el Don? Y ahora, como sea que debemos reforzar tu fe, déjame decirte una cosa. Pero quédatela para ti. Tu padrino es un hombre mucho más poderoso que Jack Woltz. Y es más poderoso en zonas y aspectos mucho más importantes. ¿Cómo puede conseguirte el Osear? El controla a la gente que controla todos los sindicatos de la industria, a toda o a casi toda la gente que vota. Por supuesto, tienes que valer, tienes que haber hecho unos méritos. Y tu padrino es bastante más inteligente que Jack Woltz. El Don no va a ver a toda esta gente para decirles «Vote por Johnny Fontane o considérese muerto». No es amigo de emplear la fuerza cuando sabe que no va a servir de nada o que puede dejar resentimientos. Él se limitará a expresar un deseo. Y ahora créeme: tu padrino es capaz de conseguirte el Osear. Pero convéncete igualmente de que tú, sin su ayuda, no puedes conseguirlo.

– Te creo. En cuanto a lo otro, quiero que sepas que me considero capacitado para ser productor, pero no tengo dinero. Ningún banco me financiaría. La producción de una película cuesta millones.

– Cuando hayas conseguido el Osear, empieza a hacer planes para producir tres películas -replicó Hagen con sequedad-. Contrata a los mejores especialistas, a los mejores técnicos, a los mejores actores y actrices. Haz planes para producir de tres a cinco películas.

– Estás loco. Eso costaría al menos veinte millones de dólares.

– Cuando necesites dinero, ponte en contacto conmigo. Te diré a qué banco de California debes dirigirte para obtener la financiación. No te preocupes, están acostumbrados a financiar películas. No tendrás más que solicitar el crédito, como cualquier otro cliente, y el banco aprobará tu solicitud. Pero primero tendrás que dirigirte a mí para exponerme tus planes y la cantidad que precisas. Johnny permaneció sin decir palabra durante varios minutos.

– ¿Hay algo más? -preguntó por fin.

– Ya veo lo que te preocupa -Hagen sonrió-. Te estás preguntando cuál va a ser la contrapartida de estos veinte millones de dólares ¿me equivoco?

Al ver que Johnny no abría la boca, prosiguió:

– La contrapartida existe, naturalmente. Pero quiero que sepas que el Don no te va a exigir nada que tú no fueras a concederle de buen grado, aun sin haberte hecho él favor alguno.

– Si se trata de algo serio -dijo Johnny-, quiero que me lo pida el Don en persona ¿me entiendes? No tú o Sonny.

A Hagen le sorprendió la perspicacia de que hacía gala Johnny Fontane. El cantante era inteligente, después de todo. Sabía que el Don le apreciaba demasiado para pedirle algo peligroso, mientras que con Sonny la cosa cambiaba por completo.

– Déjame decirte una cosa -le tranquilizó Hagen-. Tu padrino nos ha ordenado a Sonny y a mí que no te mezclemos en nada que pueda suponerte una mala publicidad. Y él tampoco lo haría. Te garantizo que cualquier favor que solicitara de ti, igualmente estarías dispuesto a hacérselo sin que te lo pidiera ¿Tranquilo?

– Completamente -dijo Johnny, sonriendo-. Además, tiene fe en ti. Piensa que eres inteligente y que el banco ganará dinero, y si lo gana el banco también lo ganará él. Ya ves que sólo se trata de una simple operación comercial. No lo olvides, ni tampoco despilfarres el dinero. Eres su ahijado favorito, pero veinte millones es mucho dinero.

– Dile que no se preocupe. Si un sujeto como Jack Woltz es un genio, cualquiera puede serlo.

– Eso mismo piensa tu padrino. ¿Puedes hacer que me lleven al aeropuerto? Ya te he dicho todo lo que tenía que decirte. Cuando empieces a firmar contratos, búscate tus propios abogados, pues yo no intervendré en este negocio. Con todo, me gustaría verlo todo antes de que firmes, si no tienes inconveniente. Además, te garantizo que no tendrás problemas laborales. Eso repercutirá en el costo de las películas, que saldrán más baratas.

– ¿Es que tengo que pedir tu aprobación en todo lo demás, como guiones, actores, etc.? -preguntó Johnny, algo inquieto.

– No. Es posible que el Don tenga algo que objetar en alguna ocasión, pero en ese caso ya te lo diría él mismo.

Aunque no creo probable que ello suceda. El Don se mantiene al margen de la industria cinematográfica. Además, no le gusta interferir en los asuntos ajenos. Esto lo sé por propia experiencia.

– Bien. Te llevaré al aeropuerto yo mismo. Y da las gracias al Padrino de mi parte. Se las daría en persona, pero nunca se pone al teléfono. ¿Sabrías decirme el porqué de esta alergia al teléfono?

– Supongo que no quiere que su voz sea registrada, aunque sólo tenga que decir algo perfectamente inocente. Teme que pudieran trucar la grabación y cambiar sus palabras. Bueno, eso son suposiciones mías. Lo que sí sé es que se preocupa porque las autoridades no puedan hallar el modo de incriminarle. Y no quiere dejar ningún cabo suelto.

Entraron en el coche de Johnny y se dirigieron al aeropuerto. Hagen estaba pensando que Johnny era mejor de lo que había supuesto. Por lo menos ya había aprendido algo: la cortesía personal, de la que el Don era un enamorado y de la que Johnny acababa de hacer gala al decidir acompañarlo personalmente al aeropuerto, y al pedir excusas. Sus disculpas de hacía un momento habían sido sinceras. Tom recordó que el artista nunca se hubiera excusado por miedo. Siempre había sido orgulloso, y por eso había tenido siempre problemas, lo mismo con sus jefes que con sus mujeres. También era uno de los pocos hombres que no temía al Don. Fontane y Michael eran, tal vez, los dos únicos hombres de quienes Hagen se hubiera atrevido a afirmar eso. Así pues, las excusas de Johnny habían sido sinceras. Él y Johnny tendrían que verse muy a menudo en el futuro. Y Johnny todavía habría de pasar otra prueba que consistiría en demostrar su inteligencia. Tendría que hacer algo por el Don, sin que éste se lo pidiera declaradamente. Hagen se preguntaba si Johnny sería lo bastante listo como para darse cuenta de ello.