Una de mis escenas favoritas en la Biblia es cuando Jesús y los discípulos están en un barco de pesca en el mar de Galilea y se presenta una tormenta. ¿Recuerda la historia? Se encuentra en Lucas 8:22-25, por si quiere revisar los detalles. Lo que me fascina es que Jesús pudiera dormir en medio de aquella furiosa tormenta. Sabemos que la tormenta era fuerte por la manera en que reaccionaron los discípulos. Recuerde, un grupo de ellos eran pescadores experimentados, habían pasado muchas tormentas. Pero les pareció que no podrían pasar esta. En el medio de esta tormenta y la conmoción en el bote, Jesús estaba profundamente dormido. ¿Cómo podía dormir? Porque sabía algo que los discípulos no sabían: él sabía que todo estaba bajo control. No parecía que lo estuviera, pero con solo una palabra de Jesús calmó la tormenta.
Pedro aprendió algo de este incidente sobre tener una buena noche de descanso. Unos años más tarde, el rey Herodes lo arrestó y lo encarcelaron para esperar la ejecución. La noche antes de matar a Pedro, Dios envió un ángel que lo rescató. Leemos sobre esto en Hechos 12. Fíjese que el ángel tuvo que darle a Pedro unas palmadas en el costado para despertarlo (v.7). ¡Pedro estaba durmiendo como un bebé! ¿Por qué? Porque confiaba en el Señor que dirigía su vida, ¡esto es paz, verdadera paz!
Pida la paz de Dios
Si queremos paz, debemos pedirla. De nuevo en Filipenses 4, Pablo nos dice: «No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús» (v. 6-7, énfasis del autor). Note el orden: primero oración y luego paz. Aquí hay una relación de causa y efecto. La oración es la causa, paz es el efecto.
Si no está orando, con seguridad se está preocupando. Y la preocupación es una emoción ¡tan inservible! La preocupación es lo opuesto a la paz, no pueden convivir. En inglés, la palabra preocupación (worry) viene de la palabra en alemán wergen, que significa «ahogar». Eso es lo que hace la preocupación, ahoga su vida. Jesús lo dijo al explicar la parábola del sembrador en Lucas 8. Observe sus palabras: «La parte que cayó entre espinos son los que oyen, pero, con el correr del tiempo, los ahogan las preocupaciones, las riquezas y los placeres de esta vida, y no maduran» (v. 14). ¿Lo ve? «Ahogado por las preocupaciones de la vida.»
Cuando la presión aumente, no se asuste… ¡ore! La oración es un tremendo liberador de estrés. Puede ser su válvula salvadora. Cuando la presión aumente en su sistema y sienta que está a punto de explotar, abra la válvula salvadora de la oración. Convierta sus preocupaciones en oraciones.
Hace tiempo asistí a un seminario para controlar las tensiones y una de las cosas que aprendí es que todos necesitamos un oyente incondicional para descargarnos. «Háblele a su mascota» fue una de las sugerencias. El principio es válido: necesitamos un oyente incondicional para liberarnos; alguien que no se ponga nervioso a consecuencia de nuestra descarga; alguien que no piense menos de nosotros por lo que estamos diciendo. Pero hablar de corazón a corazón con un hámster no es el ideal de Dios. ¿Quién mejor que Dios para «depositar» nuestras quejas? Pedro usa esta imagen cuando dice: «Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes» (1 Pedro 5:7). ¡Deposítelo en el Señor! Dios no se va a «poner nervioso» por lo que le diga. Él ya sabe todo sobre usted y de todas formas le ama. El maestro del seminario tenía la idea correcta; pero no conocía a la persona apropiada para hablar. La oración, después de todo, es hablar con Dios. Dígale lo que tiene en su mente, qué le está atribulando y reconozca que él domina el universo, su vida inclusive. Pídale que satisfaga sus necesidades. Él puede hacer esto mucho mejor que una manada de hámsteres.
«No se angustien. Confíen en Dios, y confíen también en mí» (Juan 14:1). Usted no experimentará la confianza o la paz perdurable hasta que Jesucristo esté a cargo de su vida. La paz, recuerde, no es una vida sin problemas; es un sentido de calma en el medio de las tormentas de la vida.
¿Qué le está robando su paz hoy? ¿Es una culpa? Vuélvase a Dios para que lo perdone. ¿Es una preocupación? ¿Un cambio de trabajo? ¿Finanzas? ¿Cirugía mayor? ¿Una persona difícil? Usted puede hablarle a Cristo acerca de todas estas cosas o cualquier otra que le esté molestando. Se sentirá mejor al hacer eso, y recuerde, ¡Él puede hacer algo al respecto!
¿Cuál es su mayor temor? ¿Soledad? ¿Temor al fracaso? ¿Muerte? ¿Enfermedad? ¿Cambios? ¿Responsabilidad? Ore esta conocida oración, llamada la Oración de la Serenidad: «Señor concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia entre estas dos cosas.» El maravilloso resultado de su oración será la paz.
6. CÓMO DESARROLLAR SU PACIENCIA
John Dewey dijo que la paciencia es la virtud más útil del mundo. A decir verdad, la necesitamos en todo tiempo y en todo lugar. Proverbios 16:32 dice: «Más vale ser paciente que valiente; más vale dominarse a sí mismo que conquistar ciudades.»
Hace años, mientras atravesaba tiempos difíciles, comencé a orar: «Señor, dame más paciencia.» Esperaba que mis problemas disminuyeran, ¡pero empeoraron! Entonces dije: «Señor, dame más paciencia», ¡y los problemas llegaron a ser realmente malos! Después me di cuenta que Dios sí había contestado mi oración. Ahora soy mucho más paciente, gracias a los problemas.
Al «probar» nuestra paciencia, Dios nos da verdadera paciencia. Es fácil parecer paciente cuando todas las cosas marchan a su manera. Pero, ¿qué pasa cuando las cosas no salen así? Quizá sea como la persona que oró: «Señor, dame paciencia, ¡pero la quiero ahora mismo!»
Una de las tirillas cómicas de «Peanuts» comienza con Lucy orando al lado de su cama. Luego se levanta, camina y le dice a Linus: «Estaba orando por más paciencia y comprensión, pero dejé de hacerlo.» Luego, en el último cuadro ella dice: «Temí que me las dieran.»
¿Tiene miedo de pedir paciencia por temor a que se la puedan dar? ¿Es usted paciente? Aquí hay cuatro formas de probar su paciencia.
Pruebe su paciencia
La primera prueba son las interrupciones. Usted sabe lo que quiero decir. Se sienta a comer y suena el teléfono. O está bañándose y un vendedor toca a la puerta. O está trabajando con una fecha límite y llegan visitas. Nuestros mejores planes a menudo se interrumpen.
¿Tiene que lidiar con las interrupciones en el trabajo? Anímese. Cuando Johannes Brahms estaba escribiendo su famosa canción de cuna, tuvo tantas interrupciones en su vida que le llevó siete años componerla. Alguna gente piensa que simplemente se quedaba dormido en el piano.
Hasta los discípulos se sintieron impacientes con la gente que interrumpía el horario de Jesús (Mateo 19:13-14). Le decían a la gente: «No, ahora no traigan sus hijos a Jesús. El Maestro está ocupado» (paráfrasis del autor).
¿Cómo reacciona ante las interrupciones? Esa es la primera prueba de su paciencia.
Los inconvenientes son la segunda prueba de su paciencia. ¿Cómo trata los inconvenientes en la vida? Los estadounidenses detestan estar retrasados. Somos la generación de «ahora». Tenemos una mentalidad de microondas. Queremos lo que se nos antoja en segundos. Tenemos arroz al minuto, café instantáneo y comida rápida. No nos gusta esperar.
También queremos la información al instante; nos gustan las noticias al día. En tiempos de elecciones, los encuestadores dan los resultados de las elecciones antes de que hayamos votado. Cien años atrás a la gente no le preocupaba perder la diligencia. Siempre podían irse en la próxima, uno o dos días después. ¡Hoy nos da un ataque de corazón si perdemos la puerta giratoria! Andamos tan apurados. Tenemos que estar en la marcha. ¡No podemos esperar!