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¿Le cuesta trabajo hacer el bien, aunque quiere hacerlo? Dios dice que esta lucha es normal. «¿Puede el etíope cambiar de piel, o el leopardo quitarse sus manchas? ¡Pues tampoco ustedes pueden hacer el bien, acostumbrados como están a hacer el mal!» (Jeremías 13:23.) Él está diciendo que se requiere más que fuerza de voluntad para cambiar su naturaleza. Usted no solo hace un chasquido con los dedos y se convierte en una buena persona.

El apóstol Pablo comprobó en su vida que eso era cierto. Quizá usted se identifique con él. Yo me identifico. En Romanos 7, él dice que no importa a dónde vaya, no puede obligarse a hacer el bien. Él quiere hacerlo, pero no puede. Cuando quiere hacer lo bueno, no lo hace, y cuando trata de no hacer el mal, lo hace de todas formas. ¿Se puede identificar con eso? Cuando reconocemos que no somos perfectos, tratamos de consolarnos con comparaciones: «Bueno, tal vez no sea lo que debo ser, pero soy mejor que fulano o zutano.» Seguro oyó a alguien decir esto. Quizá usted mismo lo dijo. El único problema con esto es que Dios no lo califica de acuerdo al promedio. Él no nos juzga de acuerdo a cuán buenos son los demás. Jesucristo es su norma de medida y él es perfecto. Eso quiere decir que cuando nos comparamos con Cristo, no alcanzamos esa medida para nada. Todos nos quedamos cortos.

Es como el niño que corre a su mamá y dice:

– Mamá, mido ocho pies de altura.

– ¿Ocho pies? -le contesta ella.

– Sí -insiste él-. Mido ocho pies.

Su mamá le pregunta qué usó para medirse y él saca una regla de seis pulgadas.

Debemos evaluarnos de acuerdo a la medida perfecta de la bondad de Dios, que es Jesucristo. Cuando hacemos esto, nos damos cuenta de la verdad: nadie es bueno.

Nuestra bondad es un don de Dios

Dios no nos salvó a causa de nuestra bondad sino por su bondad y misericordia. Gracias a la obra redentora de Cristo Jesús nuestro Salvador, Dios puede declararnos buenos. Nuestra bondad es un don de Dios. No podemos trabajar para lograrla. No podemos ganarla. No la merecemos.

La Biblia llama a esto justificación. Esa es una gran palabra que significa que Dios dice que usted «está bien» gracias a lo que Jesús hizo por usted. Cuando pone su confianza en Cristo, Dios le da una nueva naturaleza. (Es como empezar de nuevo, por eso es que se llama «nacer de nuevo».) Entonces Dios no solo le da el deseo de hacer el bien, sino que también le da el poder para hacerlo. Filipenses 2:13 dice: «Pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad» (énfasis del autor). Él le da el querer y el poder para hacer lo correcto. Esa es una de las maneras en la que sabe que usted es cristiano.

Por la gracia y el poder de Dios, somos recreados como buenas personas, y luego se nos da la habilidad para hacer buenas obras. Dios obra de adentro hacia afuera, no de afuera hacia adentro. Él dice: «Déjame cambiarte el interior y el exterior caerá en su lugar.» Ahora, ¿qué significa eso? ¿Que un cristiano nunca peca? Desde luego que no. Todos cometemos faltas. Todos pecamos. Lo que significa es que ahora que soy cristiano tengo un nuevo poder y un nuevo deseo de hacer lo que es correcto. Dios resolvió el problema de mi vieja naturaleza egoísta dándome una nueva naturaleza semejante a Cristo.

Dios hizo la obra de cambiar mi naturaleza. Ahora necesito cooperar con su esfuerzo y obra permitiendo que su bondad me llene. Tito 3:4 dice que debemos aprender a hacer el bien. Aquí hay cinco sugerencias sencillas para aprender a hacerlo.

Domine su Biblia

Primero, hágase un estudiante de la Palabra de Dios. Lea la Biblia, estúdiela y memorícela. Llene con ella su mente y su vida. Usted solo tiene dos fuentes para desarrollar sus valores: el mundo o la Palabra. La elección es suya.

Una vez me regalaron una Biblia nueva, y la persona que me la regaló escribió en el frente de esta: Este libro te apartará del pecado, o el pecado te apartará de este libro. Eso es cierto. En 2 Timoteo 3:16 Pablo escribe: «Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia.» Por lo tanto, domine la Biblia si quiere hacer el bien. Llene su vida con ella.

No basta con poseer una Biblia, debe usarla. Una Biblia en la mano vale por dos en el estante. Si le preguntara si cree en la Biblia de tapa a tapa, es posible que me diga que sí. Usted cree la Biblia de tapa a tapa, pero ¿la leyó de tapa a tapa? ¿Cómo sabe que cree en ella si ni siquiera sabe lo que dice?

Algunos cristianos son más fieles a Ann Landers (consejera en una columna de periódico) que lo que son a la Palabra de Dios. Son más fieles a las páginas de deportes. No creen en ir a la cama sin antes leer el informe de la bolsa. Devoran el periódico a diario, pero pasan día tras día sin molestarse en abrir la Biblia. Y la Biblia es la que nos enseña la diferencia entre lo bueno y lo malo.

Tal vez esté diciendo: «Bueno, Rick, no entiendo la Biblia.» La solución es simple. Consiga una versión moderna. Hay muchas buenas. Consiga la Biblia Buenas Nuevas o la Biblia al Día. Consiga una buena Biblia de estudio como la Biblia de Estudio de la Nueva Versión Internacional. Cuando alguien dice: «No entiendo la Biblia», me recuerda a Mark Twain, quien dijo: «Lo que me molesta no son las partes de la Biblia que no entiendo, sino la parte que sí entiendo.» ¿Es ese su problema?

Cuando veo una persona cuya Biblia está desbaratada, normalmente descubro que la persona no lo está. Domine la Biblia.

Proteja su mente

Segundo, si quiere hacer el bien, debe controlar los pensamientos que tiene. Reconozco que digo esto muchas veces en este libro, pero es esencial pues el hombre es lo que piensa en su corazón. El pecado siempre comienza en la mente. Satanás planta las ideas -llamadas tentaciones- en su cabeza. Si cultiva estas tentaciones en su mente, se harán visibles en su vida. El pecado siempre comienza en su mente, así que proteja su mente.

La mayoría de las personas son muy descuidadas sobre lo que permiten entrar a sus mentes. Estoy sorprendido con lo que algunos cristianos ven en la televisión. Ellos dicen: «A mí no me molesta ver ese tipo de cosas.» ¡Mentiras! Mire lo que dice Jesús en Mateo 6:22: «El ojo es la lámpara del cuerpo. Por tanto, si tu visión es clara, todo tu ser disfrutará de la luz.» El próximo versículo dice: «Pero si tu visión está nublada, todo tu ser estará en oscuridad.» Los siquiatras, sicólogos y otros expertos ahora dicen que usted en realidad nunca olvida nada. Quizá no lo recuerde todo de forma consciente, pero todo lo que vio u oyó está en su subconsciente. Todo se mezcla en su mente, y es por eso que tiene esos sueños locos. Así que proteja su mente. Discierna. No permita que cualquier cosa entre en su mente.

Cuando sea bombardeado con basura en la televisión, tiene alternativas. Puede cambiar el canal, o mejor aún, puede apagarlo y emplear un tiempo en la Palabra de Dios. Si quiere hacer el bien, piense en cosas buenas, positivas, y que lo eleven; cosas que son verdaderas, respetables, puras y que merezcan elogio (Filipenses 4:8). No permita que entre material venenoso en su mente. Si quiere hacer el bien, debe ser más cuidadoso con las cosas a las cuales le presta atención. Proteja su mente.

Desarrolle convicciones