Glenn se puso a hablar otra vez de las posibilidades de conseguir premios periodísticos y de darles en las narices a los competidores consiguiendo un tema de alcance nacional. Mientras lo escuchaba entró en el despacho Walling, acompañada de un hombre que supuse sería Bob Backus. También vestía de gris, aunque tenía cara de ser el jefe. Parecía tener cerca de cuarenta años, aunque se mantenía en forma. Su cara era afable, con el cabello castaño cortado al cepillo y unos penetrantes ojos azules.
Alcé un dedo para indicar que estaba acabando y tuve que cortarle el rollo a Glenn.
– Greg, tengo que dejarte.
– Vale, manténme informado. Y una cosa, Jack. -¿Qué?
– Consigue alguna foto.
– De acuerdo.
Mientras colgaba pensé que quizás esperaba demasiado de mí. No iba a ser fácil meter a un fotógrafo en todo aquello. Bastante tenía con preocuparme de meterme yo.
– Jack, te presento a Bob Backus, ayudante del agente especial responsable. Es el jefe de mi equipo. Bob, Jack McEvoy del Rocky Mountain News.
Nos dimos la mano y el de Backus fue un apretón de cuidado. Típico de los machos del FBI, como el traje. Al hablar se acercó distraídamente al escritorio y puso el calendario derecho.
– Siempre es agradable conocer a uno de nuestros amigos del cuarto poder. Sobre todo a uno que no sea de por aquí. Me limité a asentir con la cabeza. Era una chorrada y todos lo sabíamos.
– Jack, ¿por qué no vamos a la sala de juntas a tomar un café? -me preguntó Backus-. Va a ser un día muy largo. Allí te pondré al corriente.
Mientras subíamos las escaleras, Backus no dijo nada importante, aparte de expresarme sus condolencias por lo de mi hermano. Cuando los tres estuvimos sentados en aquella cafetería a la que llamaban sala de juntas, fue directo al grano.
– Jack, esto es extraoficial-dijo-. Todo lo que veas u oigas mientras permanezcas en Quantico es extraoficial. ¿Queda claro?
– Sí. Hasta ahí, vale.
– Conforme. Si quieres alterar este acuerdo, habla conmigo o con Rachel y lo discutiremos. ¿Te importa que lo pongamos por escrito y lo firmemos?
– En absoluto. Pero seré yo quien lo redacte.
Backus asintió como si yo hubiera conseguido un tanto definitivo.
– ¡Muy bien! -Apartó su taza de café, se sacudió algo de las manos y se indinó sobre la mesa hacia mí-. Jack, dentro de quince minutos tenemos una reunión del equipo. Estoy seguro de que Rachel te ha contado que estamos lanzados. En mi opinión, cometeríamos una negligencia criminal si llevásemos esta investigación de otra manera. He metido en ella a todo mi equipo, además de ocho agentes del BSS y dos técnicos a tiempo completo, y están implicadas seis oficinas locales. No recuerdo cuándo fue la última vez que se montó un dispositivo así para una investigación.
– Me alegra oído… Bob.
No pareció vacilar ante mi decisión de tutearle. Lo había hecho a modo de ensayo. Al parecer, él me estaba otorgando un trato igualitario al tutearme y llamarme varias veces por mi nombre de pila. Y decidí ver qué pasaba si yo hacía lo mismo.
Hasta el momento iba bien.
– Has hecho un buen trabajo -siguió diciendo-, lo que nos proporciona un sólido punto de partida. Es un comienzo, y quiero decirte que llevamos ya en ello nuestras buenas veinticuatro horas o más.
Detrás de Backus vi al agente que había hablado conmigo antes en el despacho de Walling, sentado en otra mesa con una taza de café y un bocadillo.
– Estamos hablando de una cantidad enorme de recursos asignados a esta investigación -decía Backus-.Pero, ahora mismo, nuestra prioridad número uno es contener el tema.
Todo iba según lo que yo esperaba y tuve que esforzarme en controlar mi expresión para que no trasluciese que ya sabía que podía gobernar al FBI y sus investigaciones. Lo había conseguido. Estaba dentro.
– No quieren que escriba sobre ello -le dije tranquilamente.
– Eso es, exactamente. Por lo menos, de momento. Sabemos que tienes material suficiente, incluso sin contar con lo que nosotros te hemos aportado, para escribir un reportaje bestial. Este es un tema explosivo, Jack. Si escribes de esto
allá en Denver, seguro que vas a llamar la atención. Esa misma noche entrará en la red de telecomunicaciones y llegará a todos los diarios. Después saldrá enHard Copy y luego en el resto de los programas sensacionalistas. Se va a enterar cualquiera que no tenga la cabeza bajo la arena como los avestruces. Y eso, Jack, sinceramente, es lo que no queremos que ocurra. En cuanto el culpable se entere de lo que sabemos de él, desaparecerá. Si es listo, y sabemos que es condenadamente listo, desaparecerá. No podremos atraparlo nunca. Y eso no es lo que tú quieres. Se trata de la persona que mató a tu hermano. ¿Verdad que no es eso lo que quieres?
Asentí para mostrar que comprendía el dilema y permanecí un instante en silencio, mientras pensaba mi réplica.
Pasé la mirada de Backus a Walling, y después la volví a fijar de nuevo en él.
– Mi periódico ya ha invertido en esto mucho tiempo y dinero -dije-. El reportaje lo tengo en el bolsillo. Es decir, para que lo entiendas, esta misma noche podría escribir un reportaje diciendo que las autoridades están llevando a cabo una investigación de alcance nacional sobre la probabilidad de que un asesino de policías haya estado actuando en la impunidad desde hace tres años.
– Como ya te he dicho, has hecho un trabajo excelente y nadie te discute qué tipo de reportaje es éste.
– Entonces, ¿qué es lo que me propones? ¿Que lo deje estar y me marche a esperar que convoquéis una rueda de prensa el día que atrapéis a ese tipo, si es que lo cogéis? Backus se aclaró la garganta y se echó hacia atrás en la silla. Miré a Walling, pero su cara no me decía nada.
– No voy a dorarte la pildora -dijo Backus-. Sí, es cierto, quiero que pongas el reportaje en la nevera una temporada.
– ¿Hasta cuándo? ¿Qué es una temporada?
Backus miró a su alrededor como si no hubiera estado nunca en aquella cafetería. Contestó sin mirarme.
– Hasta que atrapemos a esa persona. Se me escapó un silbido.
– ¿Y qué sacaré yo si congelo el reportaje? ¿Qué sacará el Rocky Mountains News?
– Primero y principal, nos habrás ayudado a atrapar al asesino de tu hermano. Si esto no te parece suficiente, estoy seguro de que podemos llegar a algún tipo de acuerdo de exclusiva para la información sobre el arresto del sospechoso.
Durante un rato nadie dijo nada, porque estaba claro que me tocaba mover ficha. Sopesé cuidadosamente mis palabras antes de hablar inclinándome sobre la mesa.
– Bueno, Bob, como supongo que sabes, ésta es una de esas raras ocasiones en que vosotros, tíos, no tenéis todas las cartas en la mano. Esta investigación es mía,¿sabes? Yo la empecé, y no voy a retirarme precisamente ahora. No voy a volver a Denver y sentarme en mi escritorio a esperar que suene el teléfono. Estoy dentro, y si no me mantenéis dentro, vuelvo y escribo el reportaje. Aparecerá en el periódico el domingo por la mañana. Es nuestro día de mayor difusión.
– ¿Le harías eso a tu propio hermano? -dijo Walling, cargando las palabras de ira-. ¿Es que te importa un carajo?
– Rachel, por favor -terció Backus-. Esto es importante. Lo que nosotros…
– A mí sí me importa -le interrumpí-. Soy el único al que le ha importado. De modo que no tratéis de hacerme sentir culpable. Mi hermano ya está muerto, tanto si cogéis a ese tipo como si no, y tanto si escribo el reportaje como si no.
– Vale, Jack, aquí no estamos cuestionando tus motivos -dijo Backus alzando las palmas de las manos en actitud tranquilizadora-. Parece que nos hemos puesto en plan de adversarios y eso no me gusta. ¿Por qué no me dices claramente qué es lo que quieres? Estoy seguro de que lo podemos arreglar aquí mismo. Incluso antes de que se enfríe el café.