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– Será mejor que no nos engañemos -dijo Gordon en tono sarcástico-. Ya tenemos aquí a la prensa vigilándonos. Sonaron algunas risas, pero Backus las cortó en seco.

– Vale, vale, Gordon, ya has mostrado tu desacuerdo en voz alta y clara. Ahora voy a cederle la palabra a Brass para que en unos minutos nos ponga al corriente de lo que tenemos hasta el momento.

La mujer que se sentaba a la mesa frente a Backus se aclaró la garganta, desplegó sobre la mesa tres hojas que parecían impresiones de ordenador y se levantó.

– Veamos -dijo-. Tenemos seis detectives muertos en seis estados. También tenemos seis homicidios sin resolver en los que cada uno de los detectives estaba trabajando en el momento de su muerte. El fondo de la cuestión es que aún no

estamos en condiciones de decidir en firme si se trata de un delincuente o dos… o incluso más, aunque esto parece improbable. Tenemos el presentimiento, no obstante, de que se trata de uno sólo, aunque de momento no tenemos gran cosa para respaldarlo. De lo que sí estamos seguros es de que las muertes de los seis detectives están relacionadas entre sí y, por lo tanto, parecen ser obra de la misma mano. De momento, vamos a fijarnos en ese delincuente. Ése al que hemos llamado el Poeta. Aparte de esto, no tenemos más que la teoría de la conexión con los demás casos. Hablaremos de ello más tarde. En primer lugar, comencemos por los detectives. Echad un vistazo a la primera página de vuestras fotocopias y después os haré algunas observaciones.

Vi que todos estudiaban los papeles y me sentí incómodo al verme excluido.

Decidí que al terminar la reunión hablaría de ello con Backus. Miré a Gordon y vi que él también me miraba. Me hizo un guiño y volvió la vista a los informes que tenía delante. Entonces vi que Walling se levantaba y rodeaba la mesa para acercarse a mí y darme una copia del expediente. Le hice un gesto de agradecimiento, pero ya se dirigía a su sitio. Al pasar frente a Gordon sus ojos se cruzaron en una larga mirada.

Miré las páginas que tenía en la mano. La primera era sólo una descripción de la estructura organizativa, con los nombres de los agentes y sus cometidos. Estaban también los números de teléfono y fax de las oficinas del FBI en Denver, Baltimore, Tampa, Chicago, Dallas y Albuquerque. Recorrí la lista de agentes y no encontré más que un Gordon. Gordon Thorson. Su cometido decía simplemente: «Quantico-Go.»

Después busqué a Brass en la lista y me resultó fácil deducir que se trataba de Brasilia Doran, a la que el informe le asignaba las funciones de «coordinación de víctimas/perfiles».

En la lista había otras asignaciones; algunas estaban escritas a mano o en código, aunque la mayoría se limitaban a señalar la ciudad y el nombre de la víctima. Al parecer se iban a destacar dos agentes del BSS a cada una de las ciudades en que había estado el Poeta, para coordinar allí las investigaciones de los casos con los agentes locales y la policía.

Pasé a la segunda página, que era la que todos estaban leyendo.

Informe preliminar de victimo logia – El poeta, BSS 17/95 Víctimas:

1. Clifford Beltran, Oficina del Sheriff del Condado de Sarasota, homicidios. Blanco, nacido el 14-3-34, fallecido el 1-4-92 Arma: escopeta S &W calibre 12 Un disparo – cabeza

Lugar: su domicilio. Sin testigos

2. John Brooks, Departamento de Policía de Chicago, homicidios, Área 3. Negro, nacido el 21-7 -54, fallecido el 30-10-93 Arma: pistola de servicio, Glockl9

Dos disparos, un impacto – cabeza Lugar: su domicilio. Sin testigos

3. Garland Petry Departamento de Policía de Dallas, homicidios. Blanco, nacido el 11-11-51, fallecido el 28-3-94 Arma: pistola de servicio, Beretta38

Dos disparos, dos impactos – pecho y cabeza Lugar: su domicilio. Sin testigos

4. Morris Kotite, Departamento de Policía de Albuquerque, homicidios.

Hispano, nacido el 14-9-56, fallecido el 24-9-94 Arma: pistola de servicio, S &W 38 Dos disparos, dos impactos – pecho y cabeza Lugar: coche. Sin testigos

5. Sean McEvoy Departamento de Policía de Denver, homicidios.

Blanco, nacido el 21-5-60, fallecido el 10-2-95 Arma: pistola de servicio, S &W 38 Un disparo – cabeza Lugar: coche. Sin testigos

Lo primero que noté fue que todavía no habían puesto en la lista a McCafferty Era el número dos. Entonces sentí que los ojos de casi todos los que estaban en la sala volvían a clavarse en mí a medida que leían el último nombre y, al parecer, se daban cuenta de quién era yo. Mantuve la mirada en la página que tenía ante mí, fijándome en las notas que figuraban bajo el nombre de mi hermano. Su vida había quedado reducida a una serie de someras descripciones y fechas. Por fin, Brasilia Doran intervino y desvió la atención.

– Bueno, para vuestra información, esto se imprimió antes de que hubiéramos confirmado el sexto caso -dijo-. Si queréis añadirlo a la lista, está entre Beltran y Brooks. Su nombre es John McCafferty, detective de homicidios del Departamento de Policía de Baltimore. Os daré más detalles después. De todos modos, como podéis ver, no existen muchas coincidencias entre estos casos. Las armas utilizadas son diferentes, difieren los lugares de las muertes, y entre

las víctimas tenemos tres blancos, un negro y un hispano…, El caso añadido, McCafferty, era un varón blanco de cuarenta y siete años.

»Pero existen ciertos comunes denominadores en cuanto a la escena del crimen y a las pruebas. Todas las víctimas eran detectives de homicidios varones que fallecieron a consecuencia de un tiro mortal en la cabeza y en ningún caso hubo testigos oculares de los disparos. De ahí pasamos a las dos coincidencias claves con las que queremos trabajar. En todos los casos tenemos una referencia a Edgar Alian Poe. Ésa es una. La segunda clave es que, según sus colegas, cada una de las víctimas estaba obsesionada con un determinado caso criminal, dos de ellas hasta el punto de que habían pedido tratamiento. Si pasáis a la página siguiente…

El rumor de las páginas al girar inundó toda la sala. Noté que a todos los presentes les embargaba una cierta fascinación. Para mí era un momento surrealista. Me sentía como un guionista cuando, por fin, ve su película en la pantalla. Antes, todo aquello era algo oculto en mis cuadernos y en mi ordenador y formaba parte del lejano reino de las conjeturas. Ahora había allí una sala abarrotada de investigadores hablando abiertamente de ello, mirando fotocopias, confirmando la existencia de aquel horror.

La página siguiente contenía las notas de los suicidas, todas las citas de los poemas de roe que yo había encontrado y anotado la noche anterior.

– Aquí es donde todos los casos confluyen de manera irrefutable -dijo Doran-. A nuestro Poeta le gusta Edgar Alian Poe. Todavía no sabemos por qué, pero es algo sobre lo que vamos a trabajar aquí, en Quantico, mientras vosotros viajáis por ahí. Voy a ceder la palabra a Brad un momento para que os explique un poco todo esto.

El agente que se sentaba junto a Doran se levantó. Volví a la primera página del expediente y encontré en la lista un agente llamado Bradley Hazelton. Brass y Brad. «Vaya equipo», pensé. Hazelton, delgaducho y con las mejillas picadas de acné, se encajó las gafas sobre la nariz antes de empezar a hablar.

– Hummm, a la conclusión a que hemos llegado es que las seis citas de estos casos, o sea, incluyendo el de Baltimore, proceden de tres poemas de Poe, así como de sus últimas palabras. Estamos examinándolas para decidir si podemos llegar a algún tipo de denominador común sobre la temática de los poemas y aclarar de qué manera se relacionan con el delincuente. No buscamos nada en concreto. Parece estar bastante claro que en esto es en lo que el delincuente está jugando con nosotros y asumiendo su mayor riesgo. Creo que no estaríamos aquí ahora, y que el señor McEvoy no habría hallado una conexión entre estos casos, si nuestro hombre no hubiera decidido citar a Edgar Alian Poe. Así pues, esos poemas son su firma. Intentaremos averiguar por qué ha elegido a Poe en vez de, pongamos por caso, a Walt Whitman, aunque yo…