– ¿Nos vamos a quedar aquí? -preguntó Rachel.
– Creo que es lo mejor -contestó Backus. Aunque las respuestas estén en Florida, son estáticas. Pertenecen al pasado. Aquí estamos más cerca de él.
– El fax dice que ya ha elegido a su próxima presa -dije-. ¿Crees que se refiere al siguiente policía?
– Eso es exactamente lo que me parece -replicó Backus sombríamente-. Así que se nos acaba el tiempo. Mientras estamos aquí sentados, hablando, él vigila a otro hombre, a otro policía, en alguna parte. Y si no damos con el lugar, pronto tendremos otro muerto entre las manos -dio un puñetazo en la mesa-. Hay que cortar por lo sano, muchachos, hay que hacer algo. ¡Tenemos que encontrar a ese hombre antes de que sea tardé!
Lo dijo con fuerza y convicción. Era una arenga a las tropas. Ya les había pedido que pusieran todo su empeño. Ahora necesitaba todavía más.
– Bob -dijo Rachel-. El fax dice que el funeral de Orsulak es hoy. ¿Cuándo llegó y adonde lo han enviado?
– Gordon lo sabe.
Thorson se aclaró la garganta y habló sin miramos a Rachel ni a mí.
– Ha llegado a una línea de fax de Quantico asignada a asuntos de la Academia -dijo Thorson-. No hace falta decir que el remitente utilizó una opción de protección de datos para evitar la identificación de remitente. Estaba en blanco. Llegó esta mañana a las tres treinta y ocho. Hora del Este. Pedí a Hazelton que localizase la secuencia. Una llamada sonó en la centralita de Quantico, la telefonista reconoció la señal de fax y pasó la llamada a la sala de telecomunicaciones. Ella no sabía adonde ni a quién iba dirigida porque lo único que oyó fue el pitido. De modo que optó por pasado a un fax de la Academia, y allí quedó archivado en el ordenador hasta esta mañana, cuando por fin lo detectaron y lo entregaron al centro.
– Hemos tenido suerte de que no haya pasado desapercibido más tiempo -comentó Backus.
– Pues sí -remató Thorson-. Bueno, pues luego Hazelton llevó el original al laboratorio y allí sacaron una conclusión. Dicen que la transmisión no fue de fax a fax, sino que la enviaron desde un dispositivo de fax incorporado.
– Desde un ordenador -dije.
– Con módem-fax. Y como sabemos que ese tipo es ambulante, no sería de extrañar que fuera a todas partes con un Apple Mac encima. Suponemos que tiene un ordenador portátil con módem-fax incorporado. Un módem celular, casi seguro. Es lo que le daría mayor libertad de movimientos.
Pasaron unos momentos mientras asimilábamos las novedades. Yo no acababa de entender qué significaba todo aquello. Me daba la impresión de que gran parte de los datos que acumulaban durante las investigaciones no servía para nada mientras no detuvieran a un sospechoso. Sólo así podrían utilizar la información para formular unos cargos con que llevarlo ajuicio. Pero de momento, no servían para atraparlo.
– Es decir, que tiene un equipo informático completo -dijo Rachel, resumiendo-. ¿Se han tomado medidas para el próximo fax?
– Estamos bien preparados para localizar todas las llamadas que lleguen a la centralita -replicó Thorson-. Pero como máximo, localizaremos la célula de origen. Nada más.
– ¿Qué significa eso? -pregunté.
Thorson no parecía dispuesto a responder a mis preguntas. Rachel intervino, al ver que no me hacía caso.
– Pues significa que si opera desde un celular no podemos localizar con precisión el número ni la ubicación. Tendremos la ciudad y la célula desde donde se haya efectuado la llamada. En el mejor de los casos, nos delimitará un área de búsqueda de más de cien mil usuarios.
– Pero sabremos la ciudad -dijo Backus-. Tendremos la posibilidad de acudir a la policía local para buscar casos que puedan servirle como cebo. Sólo homicidios cometidos en la semana anterior. Sólo desde el de Orsulak.
Miró a Thorson.
– Gordon, quiero que se envíe otro aviso a todas las oficinas locales. Diles que cotejen con la policía todos los homicidios recientes. Nos interesan los casos de novela policíaca en general, pero sobre todo los de niños y los que presenten un modus operandi atípico o circunstancias de ensañamiento con la víctima, antes o después de la muerte. Lo quiero para esta tarde. Solicita acuse de recibo de los agentes especiales para mañana a las seis en punto de la tarde. No quiero que se nos escabulla por una rendija.
– Entendido.
– Además, para vuestra información, Brass ha propuesto una cosa más -añadió Backus-. Que la parte del fax donde dice que ya ha seleccionado a su próxima víctima podría ser un farol. Un plan para que reaccionemos y estemos alerta mientras el delincuente se escabulle, desaparece. No olvidéis que ése era el mayor peligro que veíamos en darle publicidad al caso.
– No estoy de acuerdo -dijo Rachel-. Creo que esto lo ha escrito un fanfarrón, una persona que se cree más lista que nosotros y que quiere tomarnos el pelo. Yo le tomo la palabra. Ahí fuera, en alguna parte, tiene a un agente en su punto de mira.
– Yo también me inclino a creerlo -dijo Backus-,y me parece que Brass también, pero ella tiene necesidad de poner sobre el tapete la otra posibilidad.
– Entonces, ¿cuál es la estrategia a seguir?
– Muy fácil -dijo Backus-. Encontrar a ese tipo y detenerlo antes de que ataque de nuevo. Backus sonrió y los demás le imitamos, a excepción de Thorson.
– En realidad, creo que vamos a resistir aquí y a redoblar nuestros esfuerzos hasta que se produzca alguna novedad. Y no comentemos con nadie la existencia del fax. Mientras tanto, nos mantendremos dispuestos a actuar tan pronto como suceda algo. Es de esperar que nuestro hombre envíe otro y Brass ya está preparando otra alerta para las oficinas locales. Le diré que subraye la importancia del asunto a los agentes que se encuentran en la zona horaria del Pacífico.
Miró a todos los reunidos y asintió con la cabeza. Había terminado.
– No repetiré que pongáis todo vuestro empeño en este caso. Lo necesitamos de verdad, ahora más que nunca.
30
No conseguimos reunimos con la policía local hasta casi las once. Fue un encuentro breve y cordial. Una situación parecida a cuando el pretendiente le pide al padre la mano de la futura novia. En general, poco importa lo que diga el anciano padre. La boda se va a celebrar de todos modos. Backus comunicó a los agentes locales, con palabras meticulosamente escogidas y amistosas, que el gran G había llegado a la ciudad para dirigir el cotarro. Se produjeron los desacuerdos y gestos en contra que eran de rigor sobre determinados aspectos, pero se conformaron con las promesas vacías que Backus les hizo.
Durante la reunión evité sistemáticamente el contacto visual con Thorson. Mientras nos desplazábamos desde el edificio federal, Rachel me explicó el motivo de las tensiones matutinas entre Thorson y ella. La noche anterior se había encontrado con él en el pasillo al salir de mi habitación. Seguramente dedujo lo que quería saber al verla un tanto despeinada. Lancé un gruñido cuando me lo dijo, porque aquello complicaba las cosas. A ella no le importaba gran cosa; al parecer, le hacía mucha gracia la situación. Al final de la reunión con la policía local, Backus distribuyó las tareas. A Rachel y Thompson les asignó la escena del crimen de Orsulak. Yo los acompañaría. Mize y Matuzak tenían que rastrear los interrogatorios que la policía local había hecho a los amigos de Orsulak y reconstruir los movimientos del detective muerto en su último día. Thorson y Cárter se ocuparían del caso del pequeño Joaquín y tendrían que volver a patearse el terreno previamente cubierto por la policía local. Grayson actuaría de enlace con la poli de Phoenix, y Backus, naturalmente, dirigiría la función desde la oficina local y le informarían desde Quantico o desde las otras ciudades de cualquier avance que se produjera en el caso.
Orsulak vivía en un pequeño rancho amarillo de paredes estucadas, en South Phoenix, una barriada de la periferia. Vi tres coches para desguace aparcados en unos campos agostados y dos recintos de venta dominical de coches en plena euforia en un bloque de viviendas.