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Ricky vaciló antes de hacerlo. El timbre sonó una vez y una voz contesto:

– Policía de tráfico de Rhinebeck. Agente Johnson. ¿En qué puedo servirle?

Ricky dudó lo suficiente para que el policía repitiera:

– Policía de tráfico, ¿diga?

– Buenos días -dijo entonces-, soy el doctor Frederick Starks.

Esta mañana me dirigía hacia la estación de trenes y, al parecer, en River Road había habido un accidente. Me preocupa que pudiera tratarse de un conocido mío. ¿Podría informarme?

La respuesta del policía fue curiosa, pero enérgica:

– ¿En River Road? ¿Esta mañana?

– Si -afirmó Ricky-. Había un agente de policía que dirigía el tráfico hacia un desvío…

– ¿Dice que ha sido hoy?

– Si. Hará menos de dos horas.

– Lo siento, doctor, pero no tengo noticia de que haya habido ningún accidente esta mañana.

– Pero he visto… Se trataba de un Volvo azul. -Ricky se reclinó con fuerza-. El nombre de la víctima era doctor William Lewis.

Vive en River Road.

– Hoy no. De hecho no hemos tenido ningún aviso de accidente desde hace semanas, lo que no es nada habitual en verano. Y he estado de servicio en centralita desde las seis de la mañana, de modo que, si hubiera habido cualquier llamada a la policía o petición de ambulancia, la habría recibido yo. ¿Está seguro de lo que ha visto?

– Debo de haberme confundido -dijo Ricky tras inspirar hondo-. Gracias.

– De nada -contestó el hombre, y colgó.

– Pero yo he visto… -empezó Ricky.

La cabeza le daba vueltas.

– ¿Qué ha visto? -Merlin meneó la cabeza-. ¿Lo ha visto realmente? Piense, doctor Starks. Piénselo bien.

– He visto un policía de tráfico.

– ¿Ha visto el coche patrulla?

– No. Estaba dirigiendo el tráfico y dijo…

– «Dijo…», qué gran palabra. Así que «dijo» algo y usted pensó que era cierto. Ha visto a un hombre con aspecto de policía de tráfico y ha supuesto que lo era. ¿Lo ha visto desviar a otro vehículo mientras estaba en ese cruce?

Ricky se vio obligado a sacudir la cabeza.

– No.

– Así que, en realidad, podría haber sido cualquiera con un sombrero de ala ancha. ¿Ha examinado con atención su uniforme?

Ricky visualizó al joven, y lo que recordó fueron unos ojos que asomaban bajo el sombrero de ala ancha. Intentó recordar otros detalles, pero no lo logró.

– Parecía un policía de tráfico -aseguró.

– Las apariencias no significan demasiado. Ni en su profesión ni en la mía, doctor. ¿Sigue estando seguro de que ha habido un accidente? ¿Ha visto alguna ambulancia? ¿Un coche de bomberos?

¿Otros policías o miembros del equipo sanitario? ¿Ha oído sirenas?

¿Quizás el chop-chop-chop delator de un helicóptero de salvamento?

– No.

– ¿De modo que aceptó la palabra de un hombre de que había habido un accidente que posiblemente afectaba a alguien con quien usted había estado el día antes, pero no le pareció necesario comprobar nada más? ¿Salió corriendo para tomar un tren porque creía que tenía que regresar a la ciudad? Pero ¿cuál era la urgencia real?

Ricky no respondió.

– Y, por lo visto, al parecer no hubo ningún accidente en esa carretera.

– No lo sé. Puede que no. No puedo estar seguro.

– No, no puede estarlo -admitió Merlin-. Pero podemos estar seguros de algo: pensó que lo que tuviera que hacer era mas importante que averiguar si alguien necesitaba ayuda. Quizá debería recordar esta observación, doctor.

Ricky intentó moverse en el asiento para mirar a Merlin a los ojos. Era difícil. Merlin siguió sonriendo, con el irritante aspecto de quien controla la situación por completo.

– ¿Quizá debería intentar llamar a la persona a la que visitó?

– Señaló con la mano el móvil-. Para asegurarse de que está bien.

Ricky marcó deprisa el número del doctor Lewis. Sonó varias veces, pero nadie contestó.

La sorpresa asomó a su rostro, cosa que Merlín detectó. Antes de que Ricky pudiera decir nada, el abogado hablaba de nuevo.

– ¿Por qué está tan seguro de que esa casa era realmente el lugar de residencia del doctor Lewis? -preguntó Merlin con formalidad profesional-. ¿Qué vio que relacionara al doctor directamente con ese sitio? ¿Había fotos familiares en las paredes? ¿Vio algún signo de otras personas? ¿Qué documentos, adornos, lo que podríamos llamar mobiliario de la vida, probaba que usted estaba en la casa del doctor? Aparte de su presencia, claro.

Ricky se concentró, pero no recordó nada. El estudio donde habían estado sentados la mayor parte de la noche era un estudio típico. Libros en las paredes. Sillas. Lámparas. Alfombras. Algunos papeles sobre la mesa, pero ninguno que hubiera examinado.

Nada que fuera exclusivo y destacara en su recuerdo. La cocina era simplemente una cocina. Los pasillos conectaban las habitaciones. La habitación de huéspedes donde había dormido era impersonal.

Siguió sin decir nada, pero sabía que su silencio era tan bueno para el abogado como una respuesta.

Merlin inspiró hondo con las cejas arqueadas a la espera de una respuesta. Después las bajó, relajado, y pasaron a formar parte de la sonrisa de complicidad que esbozó. Ricky recordó una ocasión en su época de universidad, sentado ante una mesa de póquer mirando a otro estudiante y sabiendo que, tuviera las cartas que tuviese, no bastarían para vencer a su adversario.

– Permita que resuma la situación, doctor -dijo Merlin-. Siempre va bien dedicar un momento a evaluar, sacar una conclusión y, después, proceder. Éste podría ser uno de esos momentos. Lo único de lo que puede estar seguro es de que pasó unas horas en presencia de un médico al que conocía de tiempo atrás. No sabe si estuvo en su casa o no, o si tuvo un accidente o no. No sabe con certeza si su antiguo analista está vivo o no, ¿verdad?

Ricky fue a contestar, pero se contuvo.

Merlin prosiguió, y bajó la voz con tono de complicidad.

– ¿Cuál fue la primera mentira? ¿Cuál fue la mentira fundamental? ¿Qué vio? Todas estas preguntas… -Agitó un dedo y meneó la cabeza, como se haría para corregir a un niño díscolo-.

Ricky, Ricky, Ricky. Le preguntaré una cosa: ¿ha habido un accidente de coche esta mañana?

– No.

– ¿Está seguro?

– Acabo de hablar con tráfico. El agente ha dicho…

– ¿Cómo sabe que ha hablado con la policía de tráfico?

Ricky vaciló. Merlin sonrío.

– He marcado el número y le he pasado el teléfono. Usted ha pulsado OK, ¿no? Por lo tanto, podría haber marcado cualquier numero, de modo que hubiera alguien esperando la llamada. Puede que ésa sea la mentira, Ricky. Puede que ahora mismo su amigo, el doctor Lewis, esté en el depósito del condado de Dutchess esperando a que algún familiar vaya a identificarlo.

– Pero…

– No está captando la idea, Ricky.

– De acuerdo -soltó con brusquedad-. ¿Cuál es la idea?

Los ojos del abogado se entrecerraron un poco, como si la respuesta brusca de Ricky le hubiera irritado. Indicó la bolsa de viaje impermeable que tenía a los pies.

– Puede que no haya habido ningún accidente pero que, en cambio, en esta bolsa tenga su cabeza cortada. ¿Es eso posible?

Ricky dio un respingo, sorprendido.

– ¿Es posible, Ricky? -insistió el abogado, con voz sibilante.

Los ojos de Ricky se dirigieron a la bolsa. Tenía una forma corriente, sin ningún indicio externo acerca de su contenido. Era bastante grande como para que cupiera la cabeza de una persona, e impermeable, de modo que no habría manchas ni filtraciones.

Mientras tenía en cuenta todos estos detalles, notó que se le secaba la garganta y no sabía qué le aterraba más: la idea de que a sus pies hubiera la cabeza de un hombre que conocía o la duda de si era así.