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Con amor,

J.L.
II

De las cartas de Birgit Heidi Sawyer (de soltera, Sattmann)

4 de septiembre de 1940, para el teniente de aviación J.L. Sawyer, Grupo 1, Mando de Bombardeo de la RAF

Queridísimo J.L:

No, ven en seguida.

Como siempre,

Birgit

9 de septiembre de 1940, para J.L. Sawyer,

lista de correos de la YMCA, Londres WC1

Querido Joe:

Te echo mucho de menos y me pregunto cuándo volverás a casa. ¿Puedes darme alguna fecha segura? No tienes que preocuparte por mí. Estoy bien en la casa y puedo arreglarme sin ti unos días más. No quiero que sientas que te estoy reclamando continuamente para que vengas a casa. Tú sabes que nada me gustaría más que tenerte aquí conmigo, pero comprendo que tu trabajo en Londres te mantiene lejos de mí.

Con el amor de siempre, querido mío,

Birgit

7

Documentos del Institut Schweizer für Neuere Geschichte,

Zurich

De las cartas de A. Woodhurst, Cruz Roja británica, Manchester

4 de noviembre de 1940, para la señora de J.L. Sawyer,

Cliffe End, Rainow

Querida señora Sawyer:

Aunque su marido, Joseph, estuvo con la Cruz Roja un tiempo relativamente breve, se convirtió muy rápido en uno de nuestros más valiosos y entregados trabajadores. En particular, las tareas de salvamento y ayuda médica que ha desempeñado en Londres se han hecho merecedoras del elogio de todos.

El superintendente de la policía de Whitechapel me ha escrito personalmente para dejar constancia de que, entre muchos otros actos de gran valentía, Joe salvó personalmente la vida de seis niños que fueron heridos de gravedad por una bomba alemana que explotó junto a la entrada de uno de los refugios antiaéreos de Stepney Green. A pesar de que sufrió cortes en la cara y las manos, consiguió sacar a los niños de entre los escombrosy trasladarlos a salvo al hospital. Después de eso, continuó al volante de su ambulancia durante el resto de la noche, en una situación de constante peligro. En otra ocasión, me contó el superintendente, Joe ayudó a evacuar una zona pese a la inminente amenaza de una mina lanzada con paracaídas que todavía no había estallado. La mina explotó momentos después de que todo el mundo hubiera sido puesto a salvo, y no cabe duda de que hubiera causado muchas muertes y horribles heridas.

El nombre de Joe ha sido propuesto tres veces a las autoridades, destacando su coraje. Su presencia ha sido una constante inspiración para todos los que trabajan conél en estas peligrosas circunstancias.

Así pues, comprenderá la magnitud de nuestra preocupación, preocupación que sin duda compartimos con usted (aunque no, desde luego, en la misma medida), después de que hace dos noches su marido fuera incluido en la lista de desaparecidos durante el devastador bombardeo de Bermondsey. Sabemos que le ha sido remitido un telegrama con esta desoladora noticia. Espero que esta carta personal sea un pequeño consuelo para usted.

Aunque la ambulancia de Joe recibió el impacto directo de una bomba, no hay indicio alguno de que hubiera alguien dentro del vehículo. A partir de este dato, todos nosotros, aquí, albergamos una gran esperanza. Desde luego, Joe fue visto en las inmediaciones poco antes de la segunda oleada del ataque aéreo, y uno de los integrantes del equipo médico que iba con él dice que cree que Joseph pudo haber llegado a uno de los refugios públicos. Se ha llevado a cabo una búsqueda exhaustiva en el lugar, incluyendo una inspección cuidadosa de todos los refugios y los edificios dañados de la zona. No se han encontrado cuerpos inidentificables, y se han revisado a fondo las listas de otras víctimas.

Lo normal es que en la confusión que sigue a cada gran ataque nocturno a muchas personas se las dé por temporalmente desaparecidas, pero la mayoría de ellas son encontradas muy pronto. De momento, lo damos por perdido, pero permítame asegurarle que ésta es una categoría meramente técnica. La policía confía en poder encontrarlo. En el caso de Joseph, gran parte de nuestra preocupación tiene que ver con el tiempo que ha transcurrido.

Naturalmente, nos pondremos en contacto con usted en cuanto sepamos algo seguro.

Muy atentamente,

A. V. Woodshurst (señora)
Cruz Roja, delegación de Manchester

8

De las cartas de J.L. Sawyer y familia

(Colección Británica, Museo de la Paz)

I

5 de noviembre de 1940, para el señor J.L. Sawyer,

Cliffe End, Rainow

Querido señor Sawyer:

Le escribimos en respuesta a su carta del 19 de abril, en relación con el posible paradero de una familia llamada Sattmann, con residencia anterior en Goethestrasse, Charlottenburg, Berlín, presumiblemente ahora entre los refugiados en la República Federal Suiza.

Lamentamos informarle de que ni las autoridades suizas ni las embajadas de Suecia e Irlanda, que actúan en nuestro nombre, han encontrado rastro de esa familia.

Atentamente,

K. M. Thomason
Subsecretario auxiliar del Foreign Office
II

De las cartas de Birgit Heidi Sawyer (de soltera, Sattmann)

8 de noviembre de 1940, para el teniente de aviación

J.L. Sawyer, Grupo 1, Mando de Bombardeo de la RAF

Queridísimo J.L.:

¡Joe está vivo! Lo encontraron ayer en una residencia para hombres sin hogar; había recibido un fuerte golpe en la cabeza. Aparte de eso, está físicamente bien. Hoy o mañana, la Cruz Roja lo traerá a casa.

Querido mío, todo irá bien para nosotros. Pronto, te lo prometo. Pero ahora debo cuidar a Joe.

Mi profundo amor, que en mi corazón se renueva cada día,

Birgit
III

8 de noviembre de 1940, para la señora Elise Sawyer,

Mill House, Tewkesbury, Gloucestershire

Querida señora Sawyer:

Me complace comunicarle que mi marido Joseph, su hijo, ha sido encontrado sano y salvo y está de camino a casa.

En cuanto llegue, le pediré que se ponga en contacto con usted lo antes posible.

Atentamente,

Birgit Sawyer (señora)

9

Documentos del Institut Schweizer für Neuere Geschichte,

Zurich

De las cartas de A. Woodshurst, Cruz Roja británica, Manchester

11 de noviembre de 1940, para la señorita Phyllida Simpson,

14 Stoney Avenue, Bury, Lancastershire

Mi querida Phyllida:

Estoy muy contenta de que hayas venido a mi despacho esta mañana para contarme personalmente lo sucedido el sábado en la ambulancia mientras regresabais a Manchester. El incidente os debe de haber apenado terriblemente a los dos, a ti y a Ken Wilson. Ciertamente, de ningún modo debes culparte por haberte quedado dormida cuando se suponía que debías cuidar de Joe Sawyer. Sé lo agotada que debías estar. No siento más que admiración por la entrega que tú y otros cientos de jóvenes trabajadores de la Cruz Roja habéis demostrado durante el Blitz sobre nuestras ciudades.