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– Espero que cuando oigas lo que tengo que decir, comprendas por qué hay que mantenerlo en secreto. Pero en algún momento quizá pienses que ha llegado la hora de revelar la historia. -Apretó el reposabrazos del sofá y los dedos se le pusieron blancos. -Y eso me asusta.

Chase se sentía frustrado y no tenía ni idea de qué iba todo aquello.

– No me estás dando ninguna respuesta clara. -Ya lo sé. -Cambió la postura de las rodillas y se desplazó hacia él.

Su fragancia lo dejó descolocado. Ella se le acercó todavía más.

– Eso es porque todavía no he conseguido lo que te estoy pidiendo -añadió Sloane.

– Información sobre mi vida personal. -Chase le dedicó una sonrisa irónica, si bien no se sentía en absoluto sarcástico ni despreocupado.

– Me parece un intercambio justo -dijo ella.

Pero cuando lo miró, con sus labios a escasos centímetros y su brillo tentador, a él no le pareció justo en absoluto. Sobre todo hablar sobre una vida, la suya, que siempre había mantenido en privado, incluso con sus hermanos. Y eso que eran sus mejores amigos.

Sin embargo, allí, sentado con Sloane en su casa, un lugar al que nunca había llevado a ninguna mujer, le parecía agradable y apropiado.

– No puede ser que quieras oír hablar de mí, no después del día que hemos tenido.

– ¿Intentas darme largas? -preguntó ella.

Chase se rió.

– No.

– Entonces habla. -De acuerdo.

Al oír esas palabras, Sloane se acurrucó a su lado, apoyando el cuerpo en el de él. Chase la notó relajar los músculos; a continuación, ella bostezó y exhaló un suspiro de aparente satisfacción. Irónico. Era obvio que Sloane dudaba sobre si revelarle información, pero con la sutileza del lenguaje corporal demostraba que confiaba en él plenamente. ¿Sería consciente de ello?

El sí y le producía pavor. Incluso hablar y revelar sus cosas más personales le parecía un ejercicio menos peligroso que pensar en lo que sentía por Sloane.

– Mi padre murió cuando yo tenía dieciocho años -dijo por fin.

Nunca había mantenido esta conversación con una mujer, ni siquiera con Cindy, con la que había tenido la relación más duradera. -Lo siento -musitó Sloane. Chase se encogió de hombros.

– El murió y yo tuve que hacer frente a la situación. Dejé de estudiar, me hice cargo del periódico y ayudé a mamá a criar a mis hermanos. No tuve más remedio. -Recordó esa época, cuyo dolor y dificultades no eran más que un tenue recuerdo, pero que todavía le afectaban.

Después de escucharlo, Sloane por fin entendió cómo se había moldeado su personalidad.

– Eres un buen hombre, Chase Chandler. -Y entonces se dio cuenta de lo que había querido decir él al afirmar que había vivido por los demás. El hecho de que estuviera dispuesto a renunciar a su vida por su familia suponía toda una lección de humildad.

Chase se limitó a soltar un gruñido y Sloane supuso que le costaba aceptar cumplidos. -Debió de ser duro.

– A veces. Y dar ejemplo a Rick y a Román era un coñazo. -Soltó una carcajada. -No podía hacer mucha, llamémosle así, vida social. No mientras eran jóvenes y vivían en casa.

– ¿Y qué pasó con tu «vida social» cuando se emanciparon? -preguntó un tanto tensa.

– Me había acostumbrado a ser discreto. Además, si vives en un pueblo y no quieres que todo el mundo se entere de los detalles de tu noche anterior, no haces nada de lo que puedas arrepentirte. O eso o te pasas el día en el pueblo de al lado. -Hundió los dedos en su pelo e iba enroscando en ellos pequeños mechones a los que daba suaves tironcitos.

– ¿Qué papel interpreta Cindy en todo esto? -Se obligó a preguntárselo incluso mientras disfrutaba de las sensaciones eróticas que producía en su interior el mero hecho de que él le tocara el pelo.

– ¿Si te digo que hemos tenido una relación, lo podríamos dejar ahí?

– Si te dijera que yo tengo una relación con Samson, ¿lo dejarías así? ¿No harías más preguntas? -espetó ella. Chase se rió entre dientes.

– Touché.

– ¿Qué tipo de relación? -A Sloane no le quedaba más remedio que presionar. Necesitaba desesperadamente saber la respuesta.

Se produjo un largo silencio y ella se preguntó si estaría enfadado.

– Somos amantes -dijo por fin.

El dolor que sintió en el vientre fue peor de lo que había imaginado.

– ¿En presente? -Sloane se sorprendió de poder articular esas palabras.

Chase exhaló un largo suspiro.

– Tenemos un acuerdo. Ninguno de los dos quería salir en serio ni nada que exigiera compromiso, así que nos vemos cuando nos apetece -explicó.

– Todavía no has respondido a mi pregunta. ¿Os seguís viendo?

– No es tan sencillo. Ya la has oído decir que hace tiempo que no sabe nada de mí. -Sloane notó que se encogía de hombros mientras le empezaba a masajear el cuello. -Hace tiempo que ya no me siento atraído por ella. Lo que pasa es que es…

– ¿Conveniente? -sugirió Sloane esperanzada.

– Y segura. No me complicaba la vida. No tenía que preocuparme por mis hermanos ni por la entrometida de mi madre; la protección de la intimidad tiene sus ventajas.

Como había conocido a Raina, Sloane se echó a reír.

– ¿Y qué esperaba Cindy de ti? -Los dedos de él seguían tocándole la piel a un ritmo y presión fijos. Notar su tacto la tranquilizaba. -Porque tengo la impresión de que no piensa que vas por ahí ligándote a desconocidas en un bar.

– Si quieres que te sea sincero, yo tampoco lo pensaba. Pero nunca le he hecho a Cindy ningún tipo de promesa.

Sloane no sabía muy bien cómo sentirse. Era obvio que aquella tal Cindy le importaba, dado que había mantenido una larga relación con ella. Pero no estaban comprometidos de ningún modo. Aunque él no quería comprometerse con nadie, se recordó Sloane.

No era la primera vez que le había hecho un comentario similar, y más valía que se asegurara de escucharle bien y actuar en consecuencia. Más valía que se lo creyera y se protegiera, porque le resultaría demasiado fácil enamorarse de él.

Chase sujetó a Sloane con más fuerzas.

– Soy un hombre de palabra y si hago una promesa puedes estar segura de que la cumplo.

– ¿Es ésa una forma indirecta de decirme que guardarás mi secreto sobre Samson? -le preguntó.

– Todo el tiempo que necesites que se mantenga en secreto. Pero de ti depende que me creas o no. -La apartó un poco y ella lo miró de hito en hito.

Había llegado el momento de confesarse con él. Y lo haría. Pero antes quería sellar el acuerdo con sus cuerpos. Necesitaba el vínculo emocional, volver a notarlo en su interior y saber que en esos momentos sólo la quería a ella.

Chase inclinó la cabeza en espera de que Sloane revelara su secreto. Pero en vez de eso, ella se inclinó hacia adelante y le selló los labios con un beso.

CAPÍTULO 08

Chase quería respuestas, sin embargo, cuando los brazos de Sloane le rodearon el cuello y sus respectivos labios entraron en contacto, su cuerpo cobró vida. Cuando ella lo tocaba de ese modo, encontraba respuestas de otra índole, y mentiría descaradamente si dijera que no le gustaba, pero aun así, le apartó los brazos y se los colocó a los lados. -Samson -le recordó.

– Luego te lo cuento. -Lo miró con ojos abiertos e implorantes. -Después. -Le rozó el cuello con la boca, sus labios cálidos y suaves al contacto con su piel. -Tienes mi palabra -le aseguró. -Hazme sentir viva otra vez y te prometo que luego te contaré todo lo que quieras saber.

– Un momento. -Su mirada no sólo transmitía deseo, sino honestidad y como Chase se jactaba de calar a las personas, aceptó su respuesta sin darle más vueltas. Pero no estaba preparado para acostarse ya con ella. -El hecho de que quiera respuestas sobre Samson no es lo único que me frena. -Lo mínimo que podía hacer era ser sincero con ella.