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Sloane esbozó una tímida sonrisa.

– Me parece que sé lo que es. El compromiso, ¿verdad? Te preocupa que quiera más de lo que me puedes dar -dijo como si le hubiera leído el pensamiento.

El asintió. Aunque ella no quisiera más, se merecía más de lo que él podía prometerle o darle.

– La última vez sabíamos cuáles eran las normas.

Sloane le acarició la mejilla sin apartar la mirada de él.

– Y esta vez también. Yo no voy a quedarme en Yorkshire Falls después de que encuentre a mi… después de que encuentre a Samson.

Le acababa de dar una pista. También le había dado la respuesta que creía necesitar, la que le permitía dar rienda suelta a la pasión que había ido acumulando a lo largo del día. No tenía que preocuparse por el compromiso. Pero si eso era cierto, ¿por qué sentía esa desazón en su interior al pensar que ella lo dejaría una segunda vez?

– ¿Chase? -Se lamió el dedo y luego le recorrió los labios, con lo que le dejó la boca húmeda y el cuerpo anhelante.

Había sido un idiota al negar su necesidad apremiante. Con un gesto hábil, la tumbó en el sofá.

– Voy a tener que dar por supuesto que esta vez también estamos de acuerdo.

Ella rió con ligereza, un sonido contagioso que borró todas las preocupaciones y problemas, y lo hizo sentir feliz, con una sonrisa en los labios.

Feliz. Reconoció que se trataba de un estado que le resultaba ajeno.

– Diría que tienes razón.

Chase la besó con pasión y profundidad acompañándose de la lengua e imitando con ella los movimientos de la parte inferior de su cuerpo. Tema una fuerte erección y necesitaba penetrarla con una desesperación que jamás había sentido.

La cogió de la mano, la puso en pie y la condujo a su dormitorio, lugar que siempre había considerado su santuario. El lugar al que acudía cuando deseaba alejarse del negocio del Gazette, de la presión de su familia y de la vida en general. Su refugio. Ahora que ella lo había pisado, ya no volvería a mirarlo con los mismos ojos.

– ¿Chase?

El parpadeó y se dio cuenta de que Sloane había llegado antes a la cama y estaba sentada encima, con las piernas cruzadas en el centro del colchón. Se quitó la camiseta por la cabeza. Tema razón: no llevaba sujetador.

Chase dio un paso adelante pero ella lo contuvo con una mano.

– Todavía no. -En sus labios se dibujó una sonrisa sexy mientras acercaba la mano al cordón que le sujetaba los pantalones de chándal.

Se arrodilló, tiró del cordón, deshizo el nudo y dejó que los pantalones se le deslizaran por debajo de la cintura. Se despojó de ellos con un movimiento serpenteante antes de volver a arrodillarse y dejarle ver claramente qué llevaba bajo los pantalones. Una diminuta pieza de tela cubría su monte de Venus, tan transparente que lo tentaba con las sombras oscuras.

Chase dejó escapar un largo gemido. Lo estaba tentando poco a poco, haciéndolo esperar e incrementando así su deseo. No sabía cuánto aguantaría mirando sin tocar, deseando y no pudiendo satisfacer su deseo. Se apoyó en la cómoda que había junto a la pared y agradeció el apoyo que le proporcionaba, porque aquella mujer era capaz de ponerle de rodillas si se dejaba.

La miró a los centelleantes ojos verdes.

– Me estás matando.

– Eso no entra dentro de mis planes. -Enganchó los dedos en la goma de las braguitas. -Porque si te mato, te perderás la mejor parte.

Chase se echó a reír y se cruzó de brazos.

– Era una expresión, nena. -Le lanzó una mirada irónica. -Estoy preparado para lo que me ofrezcas.

– Ya lo veo. -Bajó la mirada hacia el bulto de los vaqueros y contoneó las caderas con sensualidad mientras se bajaba las bragas, se las quitaba y se las lanzaba.

Ahora estaba desnuda en su cama, recostada en los almohadones y llamándolo con un dedo.

– Ven a buscarme, Chase.

Entre la mirada seductora y la forma tan sensual que tenía de llamarlo con su cuerpo, toda su contención se esfumó. Se desvistió en un periquete y se reunió con ella en la cama hasta asegurarse de que sus cuerpos se encontraban de la forma más íntima posible en un primer contacto. Su entrepierna le presionaba la carne y notaba su calidez húmeda. Chase no estaba seguro de quién gemía más fuerte en aquel dormitorio por lo general silencioso, pero el sonido resultaba sumamente excitante.

Sobre todo para un hombre que había estado todo el día al límite. Cerró los ojos y pensó en el momento en que la casa de Samson había ardido. Cuando los volvió a abrir, Sloane lo estaba mirando fijamente, esperando.

– Cuando la casa explotó, pensé que estabas dentro -dijo de repente. -Pensé que te había perdido. -Le apartó el pelo de la cara e intentó memorizar todas y cada una de sus facciones. -Me quitaste veinte años de vida.

– Y cuando yo te vi fuera de la casa, añadiste veinte a la mía.

Al oír sus palabras, notó que se inflamaba todo -el corazón, el cuerpo, la mente. -Nada importaba aparte de hacer lo que ella decía, unirse a ella y lograr que los dos se sintieran vivos.

Los preliminares habían terminado. Le cubrió la boca con la de él al tiempo que la penetraba con fuerza, profundamente.

Sloane tomó aire y lo recibió en su cuerpo. Le costaba creer que hubiera sido tan audaz, tan descarada. Pero con Chase no sólo no le costaba pedir lo que quería, sino que se sentía segura haciéndolo. Él se retiró lentamente antes de volver a embestirla y el cuerpo de Sloane percibió con voracidad toda su plenitud, su resuelto movimiento. Apretó los muslos ligeramente y notó un alud de sensaciones que la embargaba y la llevaba cada vez más allá, más cerca del clímax, a un lugar al que no deseaba llegar sola.

Como seguía sintiéndose audaz, bajó la mano hasta donde sus cuerpos eran uno solo. Durante unos instantes, saboreó el movimiento de empuje, lo que la hizo excitarse también mentalmente.

– Cielos, no sé qué me haces -musitó él.

Sloane abrió los ojos.

– Y tú me estás haciendo cosas increíbles. -Alzó las caderas como si quisiera respaldar con ello su afirmación.

Chase inclinó la cabeza y le lamió el pecho, luego introdujo un pezón en la calidez de su boca. Se estremeció al notar aquella sensación tan erótica y cuando rozó suavemente con los dientes el extremo hinchado, Sloane arqueó la espalda e hizo que la penetrara hasta lo más profundo de su cuerpo voraz. Él entró más y más hasta que ella no sólo notó que llenaba su feminidad sino algo más, algo que no osaba nombrar.

Al parecer, él sentía la misma avalancha de sensaciones porque cuando empezó el movimiento acompasado que acabaría llevándolos al borde del clímax rápidamente, dejó escapar un gemido que procedía de lo más hondo de su garganta. Sloane sabía que estaba perdiendo el control, pero quería más. Descubrió que si contenía la respiración, las placenteras oleadas ascendían vertiginosamente y la inundaban de éxtasis. Volvió a inhalar y recuperó el aliento. La embargó una cascada de luz brillante y un placer asombrosamente exquisito hasta que pareció que el mundo estallaba a su alrededor. En ese preciso instante, él se liberó mientras sus caderas describían un movimiento circular, el cuerpo le temblaba y se estremecía junto con Sloane.

Cuando ella volvió de nuevo a la tierra, jadeaba como si le faltara aire. Recostó la cabeza y suspiró. -Madre mía -dijo.

– Sí. -La voz de Chase sonó áspera y entrecortada.

Sloane desplegó una amplia sonrisa. Antes no había dicho lo del agua mansa en broma. Chase era un hombre de pocas palabras, algo que empezaba a gustarle. Apoyó la cabeza en el pecho de él, escuchó el sonido pausado de su corazón y se maravilló del efecto balsámico que eso le producía en plena crisis vital.

Él le acarició el pelo con sus grandes manos y ella disfrutó enormemente de su ternura.

– Humm -ronroneó, aunque no había olvidado su promesa. -Lo de Samson… -dijo, dispuesta a hablar.