– Ahora no. Es tarde y has tenido un día muy largo.
Sus palabras la sorprendieron.
– Pero sé que quieres saberlo.
– ¿Piensas ir a algún sitio? -preguntó él.
– No.
– Entonces duérmete y ya hablaremos por la mañana. A no ser que conducir hasta Yorkshire Falls, haber estado a punto de saltar por los aires y lidiar con unos moteros sea tu idea de un día normal y tranquilo. -Más allá de su tono irónico, Sloane advirtió su preocupación. Además, notó su convencimiento de que por la mañana ella seguiría a su lado, dispuesta y preparada para responder a sus preguntas.
– Gracias -musitó, agradeciendo su comprensión más de lo que él imaginaba. Últimamente le habían mostrado poca confianza, sobre todo las personas más cercanas a ella.
– De nada, por supuesto. Ahora a dormir -dijo con voz ronca. Le apartó el pelo, le dio un beso en el cuello y la abrazó.
Su fuerza y comprensión a nivel emocional hicieron que se relajara y bostezó, acurrucada contra su piel cálida, a la espera de que el sueño la venciera. Tal como Chase había dicho, al día siguiente ya habría tiempo para respuestas.
Sloane se despertó y Chase seguía abrazándola. No recordaba la última vez que había dormido tan bien, y sabía que el mérito era del hombre que tenía al lado. Se dio la vuelta en sus brazos y vio que él la estaba observando con sus ojos azules.
Esbozó una sonrisa mientras le recorría el perfil con un dedo.
– Eres muy callada -dijo él al final, acercándose más a ella.
– Estás acostumbrado a mujeres parlanchinas, ¿no? -Se mordió la cara interior de la mejilla y deseó no haber hecho ese comentario tan tonto y banal. La relación de Chase con otras mujeres no le hacía ninguna gracia.
– La verdad es que no estoy acostumbrado a las mujeres. Discreción, ¿recuerdas? Ninguna ha venido aquí y yo no me he quedado en casa de ninguna.
Sin embargo había dejado que ella se quedara. Arqueó la espalda hacia él, apretando los senos contra su pecho, dejándose envolver por su calidez almizclada.
– Has estado muy solo.
Aunque no le habría hecho ninguna gracia imaginárselo en una relación intensa desde el punto de vista emocional, tampoco le gustaba que estuviera solo. Se merecía mucho más de la vida, teniendo en cuenta lo mucho que él había dado.
– Te acabas acostumbrando. -Le dio un beso cálido y largo en los labios. -Pero es demasiado fácil acostumbrarse también a esto.
El corazón le dio un vuelco al oír sus palabras, aunque se previno de pensar que insinuase nada con ello. Lo más inteligente era cambiar de tema. Por una de esas ironías del destino, el tema más peligroso de su verdadero padre parecía el más conveniente.
Estaba dispuesta a contárselo y Sloane sabía de forma instintiva que era así porque él había invadido una pequeña porción de su corazón.
– ¿Chase?
– ¿Sí?
– Samson, como se llame… es… Es mi verdadero padre.
– ¿Cómo? -Claramente asombrado por la revelación, Chase la soltó y se sentó de un salto.
Antes de que tuviera tiempo de explicarse, llamaron a la puerta con fuerza.
– ¿Chase? ¿Estás levantado? Te necesitamos.
– Maldita sea. Es Lucy. -Se puso en pie y cogió los vaqueros. -Es mi mano derecha en el periódico -le informó a Sloane. -Un momento, ahora salgo -gritó por encima del hombro. Se abrochó los pantalones y fue explicando mientras se vestía. -Oficialmente estoy de vacaciones, pero saben que he vuelto, y parece ser que me necesitan. -Miró a Sloane, claramente desconcertado. ¿Cómo no iba a estarlo después de lo que le acababa de soltar?
– Vete. Seguiré aquí cuando vuelvas -prometió. La miró con sus ojos azules profundos e inquisitivos. -¿Y acabarás de explicármelo?
Sloane asintió y se tapó con las mantas. *
– Yo he sacado el tema, ¿no? Ahora no voy a dejarte en suspenso.
Chase inclinó la cabeza a modo de aceptación silenciosa antes de dar media vuelta y marcharse. Cerró la puerta del dormitorio y la dejó sola. Sloane se acomodó entre las calientes sábanas. Notaba aún la presencia de Chase envolviéndola, su deseo de ella.
Qué lástima que sólo la quisiera mientras estuviera en Yorkshire Falls. Porque en lo más profundo de su ser, Sloane tenía el presentimiento de que le daría mucho más si él se lo pidiera.
El equipo de redacción del Gazette estaba formado por personas buenas y competentes pero, como Chase siempre se había implicado al máximo, el periódico no había salido a la calle ni una sola vez sin su visto bueno. Muchas veces, la noticia de portada era algo tan mundano como una reunión en la alcaldía o tan importante como una tragedia nacional. Luego había ocasiones especiales en las que las noticias de Yorkshire Falls proporcionaban los titulares. El robo de bragas había sido el último ejemplo destacado, cuando su hermano Román fue considerado el responsable del mismo por una travesura juvenil y una coincidencia ridícula. Los últimos titulares se habían producido el día anterior. El Gazette era un semanario y, esa semana, la explosión de la casa de Samson encabezaría las noticias.
Samson, el padre de Sloane. Chase se pellizcó el puente de la nariz, incapaz de asimilar esa información. Y como no habían tenido tiempo de hablar antes de ser interrumpidos, se veía obligado a extraer sus propias conclusiones.
Sloane estaba en Yorkshire Falls buscando a Samson Humphrey, un hombre al que no conocía. Su casa había explotado y el equipo de redacción de Chase quería saber por qué el cuerpo de policía -Rick Chandler en concreto- no hacía público el nombre de la mujer que había sido testigo de la explosión. Porque Chase le había pedido a Rick que ocultara la identidad de Sloane. No quería que el periódico publicara la noticia de que la hija del senador Carlisle había estado en la escena de un posible delito o en ninguna otra escena que atrajera a la prensa nacional a Yorkshire Falls. Chase se negaba a dar difusión a nada de eso. Por lo menos hasta que tuviera más detalles.
La información adicional que tenía implicaba a Madeline Carlisle, que le había pedido que cuidara de Sloane. También le había prometido no sólo una entrevista sino una posible exclusiva a cambio. «Si surge alguna información sobre la campaña de mi marido, serás el primero en enterarte», le había asegurado. Luego la dichosa explosión y la revelación de Sloane. Estaba convencido de que todo estaba relacionado.
Y quien tenía las respuestas era la mujer que estaba en su cama, en su habitación.
Podía confiar en él por razones que Chase no estaba preparado para analizar o nombrar.
– Lucy -llamó.
Esta vino corriendo, ágil a pesar de la edad, uno de los motivos por los que ella y Raina se llevaban tan bien. -¿Sí, jefe?
– Diles que, como la policía no suelta prenda, que pongan «mujer no identificada». Sin especulaciones ni descripciones. Independientemente de lo que crean que saben -añadió con toda la intención.
Lucy asintió.
– ¿Te importa que te haga una pregunta? *
– ¿Desde cuándo me pides permiso? -le dijo con una sonrisa.
Lucy llevaba al lado de Chase desde el día en que éste se había hecho cargo del periódico, y había estado al lado de su padre antes de eso. Decía lo que se le ocurría, no se guardaba nada y tenía acceso libre a su apartamento si era necesario. Algo que tendría que cambiar mientras Sloane estuviera por allí.
Lucy se colocó un lápiz detrás de la oreja sin estropearse para nada el peinado estilo paje.
– Es un tema importante.
Chase suspiró resignado.
– ¿Qué quieres saber, Luce?
– Bueno, el personal está haciendo apuestas. -Se balanceó sobre los talones sin mirarlo a los ojos. -Estamos haciendo una especie de fondo común.
Chase arqueó una ceja.
– ¿Cuál es ese tema? -Aunque tenía el presentimiento de que ya lo sabía.
– Como nunca habías llevado a una mujer a casa, los chicos se preguntan si se trata de «ella».