– Continúa.
Sloane carraspeó.
– Michael y Madeline no estaban allí pero su jefe de campaña sí, junto con su ayudante. Hombres a los que conozco desde niña. Hablaban en susurros, con apresuramiento, sobre el hecho de que Michael no era mi verdadero padre y que necesitaban eliminar una amenaza para la campaña. Frank nunca habla por hablar ni hace promesas que no piense cumplir. -Enderezó la espalda y continuó: -Entonces, cuando dejé de darle vueltas a la noticia de que Michael no era mi verdadero padre, me di cuenta de que tenía que venir aquí y advertir a ese hombre al que no conozco. El hombre que es mi… padre.
Y el hombre cuya casa acababa de explotar, pensó Chase. O el incendio había sido pura coincidencia o los hombres de Michael Carlisle habían cumplido sus amenazas. Agarró las sábanas con fuerza al advertir la gravedad de la situación. Al parecer, a Sloane no le preocupaba tanto el peligro que ella corría como encontrar a Samson. Lo cual significaba que él tendría que protegerla.
Estaba demasiado centrada en otras cosas, y tenía el presentimiento de que sabía por qué. La verdad sobre Samson todavía era cruda y reciente.
– O sea que te enteraste y saliste corriendo. -Chase se levantó, se acercó a ella y le colocó una reconfortante mano en el hombro.
– Directamente a tus brazos.
Se volvió hacia él y levantó la cabeza.
Chase sonrió.
– Menos mal que estaba allí para cogerte.
– Sí. -Sloane le devolvió la sonrisa. -Menos mal.
– Has dicho que cuando dejaste de darle vueltas al asunto, decidiste advertir a Samson. Pero creo que no lo has hecho. -No he hecho ¿qué?
– Acabar de darle vueltas al asunto. -Deslizó la mano sobre su piel y la rozó con el pulgar. -Es absolutamente normal. -Y él quería ayudarla a asimilar aquellos sentimientos encontrados y complejos.
– No he tenido tiempo de preocuparme de mí. Cuando haya encontrado a Samson, ya me ocuparé de los sentimientos sobrantes.
– Creo que debes enfrentarte a tus emociones, Sloane. No tienes a Samson delante ni puedes hacer nada para encontrarlo. Por lo menos no ahora mismo. -Le acarició la mejilla y los ojos de ella resplandecieron de agradecimiento y, afortunadamente, de mucho más. -¿Por qué no me dejas cuidar de ti?
– Porque he ido a comprarte el desayuno precisamente para poder hacer lo mismo por ti. Cuidar del hombre que siempre cuida de los demás.
– ¿Quién te ha dicho eso?
– Tú. -Se echó a reír sin apartar la mirada de él. -Puedo cuidarme sólita pero agradezco la oferta. -Se puso de puntillas y le dio un beso rápido en los labios, demasiado breve para el gusto de él. -La torrija debe de estar fría. Voy a calentártela en el microondas.
Ella se volvió hacia la puerta pero él la cogió de la mano a tiempo.
– No tengo hambre. -No quería que huyera de sus sentimientos. Había dicho que sus emociones no importaban y ahora cambiaba de tema y hablaba de la comida.
El no se creía su despreocupación. Estaba muy dolida y Chase no quería que sufriera en silencio.
– Incluso las personas autosuficientes necesitan un hombro de vez en cuando.
Sloane inclinó la cabeza, dándole la razón.
– Cuando tenga tiempo, a lo mejor acepto tu oferta. Ahora mismo necesito hablar con tu madre. Has dicho que conoce a Samson, así que quizá tenga alguna idea sobre su paradero. -Se miró la mano, que seguía entrelazada con la de él. -Una de dos, o me sueltas o te llevo conmigo a la ducha. -Negó con la cabeza. -No lo he dicho en sentido literal -añadió, sonrojada.
– ¿Por qué no? -Él le levantó las manos hasta los labios y le llenó los nudillos de suaves besos. -No se me ocurre nada más reconfortante que una ducha caliente. -Dejó que la lengua participara, y le recorrió con ella la suave piel de la mano, saboreándola. -O cualquier otra cosa que nos satisfaga mutuamente. -Sopló en las zonas húmedas que había dejado atrás.
Sloane dejó escapar un gemido.
– Me tientas. Pero tenías razón cuando has dicho que no habíamos acabado de hablar. Necesito saber que no vas a contarle a nadie lo de Michael Carlisle.
A juzgar por el rostro sonrojado y las pupilas dilatadas de ella, Chase se dio cuenta de que no le resultaba fácil ignorar la pasión. Debería haberlo sabido. Dejar de lado la conexión que habían establecido entre ellos mientras Sloane le revelaba su dolor más profundo, sería incluso más difícil. Pero su pregunta era válida y no podía omitirla.
¿Se lo contaría a alguien? No podía publicar la noticia, no mientras la vida de Sloane o la de Samson estuvieran en juego. No quería convertirla en un blanco andante. Pero ¿cómo iba a dejar de contarle la verdad a la policía?
– Chase, por favor -rogó ella al ver su silencio y apretándole las manos con más fuerza. -Si el público descubriera que el senador me ocultaba esa información, podría dejar de confiar en él y arruinar no sólo esta campaña sino sus aspiraciones políticas. -Fijó en él la mirada, esperando una respuesta.
Chase estaba perplejo. A pesar de las mentiras del senador, Sloane lo apoyaba.
– Admiro tu lealtad.
– Me crió como si fuera su propia hija y nunca me trató de forma distinta a mis -vaciló- a mis hermanas, y ellas sí son sus verdaderas hijas. -Tragó saliva. -Me quiere. Nunca he dejado de sentir su amor. Sean cuales sean los motivos por los que decidió no revelar mi origen, no permitiré que destruyan la labor de toda su vida. Así que prométeme que no dirás nada.
«He confiado en ti, Chase.» Oyó las palabras que ella omitía pronunciar y se sintió dividido.
– Rick puede lanzar una orden de búsqueda contra Samson. En realidad, le interesa que lo encuentren.
– No. Eso daría publicidad al asunto. Es mejor que intentemos encontrarlo nosotros.
– ¿Nosotros? -preguntó, y pensó que le gustaba cómo sonaba esa palabra en boca de ella.
– Me dijiste que no ibas a dejarme ir sola a Harrington. Ahora te considero mi cómplice en todo esto.
– Y Rick puede ayudarnos -insistió él. -Esa explosión quizá sea una advertencia a la que más vale que hagamos caso.
Sloane asintió.
– Si resulta que fue más que un accidente, iré contigo a hablar con Rick, ¿qué te parece? -Apretó los puños. -Mientras tanto, nosotros buscamos a Samson. Dime que sí, por favor. -Le dedicó una amplia sonrisa que lo dejó desarmado.
Lo estaba manipulando y los dos lo sabían. De todos modos, Chase no pudo evitar reírse. Además, por el momento su decisión era fácil.
– Prometo no decir ni publicar ni una palabra. Pero si deja de considerarse un accidente, te tomo la palabra y nuestra primera parada será la policía.
Mientras tanto, no quería que las amenazas de los socios de su padre la siguieran hasta allí. Cielos, quizá ya la hubieran seguido, aunque no lo sabría hasta que los bomberos concluyeran la investigación y dieran su veredicto sobre la explosión.
Sloane sonrió y se fue hacia la ducha, claramente aliviada. Pero él no debía relajarse demasiado, pensó Chase. Era periodista y nunca había eludido la publicación de una noticia. Cuando encontraran a Samson y pensaran en cómo enfrentarse a la amenaza, su historia sería un bombazo periodístico. Si no publicaba la noticia sobre las mentiras del senador y otros reporteros se enteraban del escándalo, lo harían público sin miramientos. Y las consecuencias no serían demasiado buenas. Al menos, si era él quien la publicaba, Sloane tenía la posibilidad de que el artículo se basara en hechos reales y no estuviera sesgado.
Pero mejor no preocuparse antes de tiempo. Necesitaba profundizar más con Sloane.
Chase aparcó delante de casa de su madre. La vieja edificación de estilo colonial en la que se crió y que seguía estando como nueva gracias a una mano de pintura y al mantenimiento constante que él y sus hermanos le dispensaban.