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Sloane estuvo de acuerdo.

– Las circunstancias convirtieron a Samson en un chico solitario -continuó Raina. -Pero ¿quién puede culparlo? Cualquier adolescente se mostraría reservado si le diera vergüenza llevar a alguien a casa.

A Sloane se le formó un nudo en la garganta y fue incapaz de responder.

– Pero era amable y bueno y guapo en su día. -Raina sonrió al recordarlo. -Y centró su atención en los estudios. Su objetivo era llegar a la universidad para tener una vida mejor que la de sus padres.

La desesperación que Sloane había sentido cedió pasó a la esperanza y la admiración, y estaba pendiente de cada palabra de Raina.

– Podemos suponer que en algún momento tuvo una relación con mi madre. Raina suspiró.

– Puede. Ojalá Jacqueline me lo hubiera contado. -Negó con la cabeza, frustrada. -Ahora que las piezas van encajando, recuerdo que el último verano que pasó en Yorkshire Fall, me mencionó que estaba enamorada. No quiso decirme quién era él por miedo a gafar la relación, pero yo sabía que eso significaba que temía que su padre se enterara. Jack Ford era un viejo duro.

Sloane recordó los detalles de cómo su abuelo había sobornado a Samson para que se apartara de su madre y pensó que la descripción de Raina era demasiado benévola. Tema el presentimiento de que las apuestas del padre de Samson habían tenido algo que ver con el soborno y con el dinero que había pasado de mano en mano.

– ¿Samson llegó a ir a la universidad?

Raina meneó la cabeza.

– Cambió. De hecho fue más o menos en la misma época en que la familia de Jacqueline se marchó. Empezó a pasarse el día en casa en vez de en la biblioteca. Al final, su madre murió, y un buen día su padre se marchó y nunca volvió a saberse de él. Se rumoreó que se había ido a Las Vegas, aunque yo siempre pensé que ésa era la respuesta más fácil sobre el paradero de un jugador.

Sloane intentó reír pero no le salió.

– ¿Y luego?

Raina levantó las manos y las abrió.

– Luego nada. Tu madre hacía tiempo que se había marchado y Samson fue volviéndose más retraído, más raro y solitario… -Bajó las manos y negó con la cabeza. -Lo siento. Creo que tienes que estar preparada para el hombre con el que te vas a encontrar.

– Si es que lo encuentro.

– Bueno, la casa ha quedado destrozada, así que tendrás que probar…

– ¿Amigos? -preguntó Sloane con ironía. -Las dos sabemos que no tiene ninguno en el pueblo.

– Ninguno que sepamos. Estará en algún sitio -insistió Raina. -Mientras, yo he respondido a tus preguntas. Ahora síguele la corriente a esta viejecita y responde a alguna de las mías.

Sloane se echó a reír.

– La admiro, Raina. De verdad que sí. -De hecho, le caía muy bien. Le gustaba pasar el rato con la madre de Chase y, como Raina había conocido a Jacqueline, Sloane sentía con ella un vínculo que no había esperado.

– ¿Y eso por qué?

– Para empezar, porque no se anda con evasivas.

– ¿Algún motivo por el que debería hacerlo? -Raina sonrió y, para alivio de Sloane, recuperó cierto color en las mejillas. -Vamos a por la pregunta más importante. -Se enderezó y lanzó su mejor volea. -¿Tú y Chase sois pareja?

No es que Sloane no supiera qué responder sino que la pilló desprevenida.

– No sé muy bien qué responder.

– Dile la verdad. -Chase entró en la sala, guapo, sexy y arrebatador, con esa sonrisa chulesca que no usaba lo suficiente, pero cuyo efecto era devastador cuando se la dedicaba.

– ¿Qué es? -Raina se frotó las manos expectante.

Sloane lo miró y también ella esperó una respuesta.

– Venga, Chase. Si se te dan tan bien las respuestas, dile la verdad a tu madre.

Y contuvo la respiración mientras esperaba conocer la verdad.

CAPÍTULO 10

Chase captó la expectación en el rostro de Sloane, pues ésta no tenía ni idea de lo que él iba a decir, pero no tenía de qué preocuparse. No pensaba caer en la vulgaridad de contarle a su madre que eran amantes. Sin embargo, sí le daría a Raina una respuesta a sus plegarias.

– Sloane y yo estamos saliendo, mamá. -Lo cual ya le había confirmado antes a Cindy.

Con ésta, habían terminado su relación de forma amistosa y comprensiva, pero él no le había dicho que lo de él con Sloane era temporal. No le había parecido apropiado ni necesario.

– ¡Lo sabía! -Raina juntó las manos, claramente complacida.

Al parecer, las mujeres habían congeniado y, tal como Chase imaginaba, Raina ya le había dado el visto bueno a Sloane como nuera. Por ese motivo, él había decidido utilizar los anhelos de su madre en su contra.

Si pensaba que Chase iba en serio con Sloane, los dejaría en paz, y así lo liberaría de visitas inesperadas a la vez que evitaría armar ningún lío mientras buscaban a Samson.

– Ahora que ya tienes la respuesta, he venido a llevarme a Sloane a comer. -Cruzó el salón y extendió una mano para ayudar a ésta a levantarse del asiento. -Espero que las señoras hayan pasado una mañana agradable.

– Maravillosa -declaró Sloane. -Y productiva. Tu madre conocía a la mía mucho mejor de lo que cualquiera de los dos sabía.

– Me encantaría que volvieras a hacerme una visita -dijo Raina sin levantarse del sofá. -Mientras tanto, intentaré ir recordando más cosas.

Sloane asintió.

– Le estaría muy agradecida. ¿Quiere venir a comer con nosotros?

«Maldita sea», pensó Chase.

– Mamá tiene que descansar. -Lanzó una mirada significativa a su madre. No se atrevería a ir con ellos si pensaba que quería estar a solas con Sloane.

Así fue, porque le dedicó un asentimiento casi imperceptible de comprensión.

– Muy amable, Sloane, pero Eric me va a llevar al cine esta noche, así que ahora tengo que descansar. Pasaré la tarde mirando las telenovelas. ¿Qué te parece Chase?

– Me parece bien. -Tendría que explicarle a Sloane lo de la salud de su madre más tarde. Aunque le había hablado sobre las inclinaciones de casamentera de ésta, se le había pasado por alto mencionar su problema cardíaco fingido, algo que aún tenía que aceptar. Y todavía no había decidido cómo enfrentarse a la situación.

Escrutó a su madre rápidamente. Se la seguía viendo pálida, pero no estaba preocupado. Cuando quería resultar convincente, Raina podía parecer débil y frágil, y Chase se lo había trabado. No volvería a ser tan ingenuo.

– Deberíamos irnos. -Chase tiró a Sloane de la mano. -Rick quiere reunirse con nosotros -susurró, porque quería que se diera cuenta de que se trataba de algo más que de un almuerzo informal. Su hermano le había llamado y le había dicho que tenía información sobre la explosión que quería comentarle, y Chase tenía la impresión de que, a cambio, tendrían que contarle a Rick la verdad.

Se acercó a Raina y le dio un beso en la mejilla, la mujer se despidió también de Sloane y, al cabo de diez minutos, Chase estaba sentado al lado de ésta en Norman's, esperando a Rick.

Sloane jugueteaba con una cuchara y, de vez en cuando, la miraba como si buscara respuestas.

– No has dicho nada desde que salimos de casa de mi madre.

Sloane alzó la mirada.

– Tengo mucho que asimilar. Para empezar, el padre de Samson era jugador, y supongo que ese vicio guarda relación con el hecho de que Samson aceptara un soborno para alejarse de Jacqueline.

Chase asintió porque se dio cuenta de que ella tenía más que añadir y no quería interrumpir.

– Raina me ha dicho que Jacqueline se enamoró el último verano antes de que se marcharan del pueblo. Pero que no sabía de quién.

– De esa respuesta podemos estar seguros -dijo Chase con ironía, intentando animarla.

– Lo sé. -Iba dándole vueltas a la cuchara entre las palmas.

Chase estiró el brazo, detuvo sus movimientos nerviosos y le cogió la mano.