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– Y yo también. Esta noche libro, así que me apunto. -Rick dio una palmadita a la pistola que llevaba en la funda. -Porque quizá necesitéis refuerzos.

A Sloane le sorprendió notar que se le llenaban los ojos de lágrimas. Envidiaba el vínculo entre los hermanos, lo que eran capaces de hacer para ayudarse mutuamente. Algo que también ella había tenido pero, desde que había descubierto que su vida se había basado en una mentira, que su familia no era realmente su familia, sentía una terrible pérdida.

Carraspeó e intentó que no la embargara la emoción.

– Gracias, Rick.

– Es el mejor -le aseguró Chase. Le guiñó el ojo a su hermano y Sloane volvió a carraspear.

– Ya hemos emitido una orden de búsqueda contra Samson -dijo Rick, muy profesional. -Podríamos interrogar a los hombres de Carlisle, pero ponerlos sobre aviso sin pruebas reales no resulta muy inteligente. Mientras tanto, esta noche vamos todos al Crazy Eights -anunció Rick.

– Ese sitio es una currada -dijo Kendall mientras se sentaba. -¿Qué se nos ha perdido allí?

Chase gimió, algo que ya había hecho varias veces desde que se sentaran a la mesa. No es que a Sloane le extrañara. Ahora tendrían que lidiar con Kendall, porque estaba claro que pensaba acompañarlos. Si Sloane hubiera estado casada con Rick, habría reaccionado igual.

– ¿Por qué no se lo cuentas todo? -le dijo ella misma a Rick. Si Kendall iba a ir con ellos, se merecía conocer los detalles. -El hecho de que venga con nosotros puede resultarnos favorable, porque parecerá más normal que vayamos como dos parejas.

– No me lo puedo creer -farfulló Chase. Sloane le cogió la mano por debajo de la mesa. -Lo siento.

– ¿Haber dado un giro total a mi vida? -Le dedicó la sonrisa torcida que ella adoraba.

Sloane abrió la boca para contestar, pero él aprovechó la oportunidad para acallarla con un beso. Como siempre, su contacto fue eléctrico, y desencadenó el deseo que siempre estaba a punto de aflorar a la superficie, independientemente de lo que sucediera a su alrededor.

– ¿A qué ha venido eso? -preguntó ella cuando por fin la dejó respirar. Se dio cuenta de que Rick y Kendall estaban enfrascados en su propia conversación.

Chase se encogió de hombros con expresión azorada.

– Me apetecía.

Normalmente, no era un hombre impulsivo y, aunque ese cambio la había sorprendido, prefería no sacar conclusiones precipitadas ni atribuirlo a su influencia. Aunque sentía algo por ella, ya había reconocido que tenía sus planes. Hacer pública su relación era una forma de mantener a su madre al margen y evitar sus ardides casamenteros. Y ahora todo el pueblo iba a tragarse la historia. La farsa continuaría mientras ella estuviera en Yorkshire Falls, no más allá.

Más le valía tenerlo presente y dejar de sentirse más y más apegada a Chase o a su encantadora familia.

– De acuerdo, ya tenemos el plan para la noche. -Kendall sonrió, claramente satisfecha de participar en la acción.

Rick frunció el cejo y Sloane reconoció su expresión de policía severo.

– Sólo porque ha prometido comportarse y no meterse en líos.

– No estaremos mucho rato -prometió Sloane. -Sólo lo suficiente para ver si Samson aparece.

– ¡Refrescos para todos! -interrumpió Izzy mientras dejaba las bebidas en la mesa. -Os he traído vuestras bebidas preferidas. Si queréis pedir la comida, hacedme una señal.

– Pedimos ahora mismo, Izzy -dijo Chase. -Si esperamos más, será la hora de cenar. ¿Cuáles son los platos del día?

– Me encantan los chicos Chandler y vuestro apetito. -Sacó la libretita y leyó de la parte de atrás. -Los platos del día son el estofado hojaldrado de Norman…

– ¿Desde cuándo necesitas una libreta para los platos del día, Iz? -preguntó Rick.

– Desde que son algo más que comida. -Le guiñó un ojo y continuó. -Aparte del plato del día, tenemos una apuesta en marcha. Cuanta más gente participe, mayor es el premio, así que tengo que decirlo en todas las mesas. Pero claro, como aquí hay dos personas que están en una posición ventajosa, sólo Rick y Kendall pueden participar.

Sloane entornó los ojos.

– ¿De qué estás hablando? -Se dirigió a Chase. -¿Tú sabes de qué está hablando?

– Por desgracia, sí. -De hecho, envidiaba la confusión de Sloane. -Venga ya, Izzy. ¿Por qué demonios nos cuentas eso?

– ¿No es obvio? -Apoyó las manos en sus generosas caderas. -El bote es más sustancioso que la Primitiva. Quiero ganar, y vosotros dos me lo podéis poner en bandeja.

Rick soltó una risilla burlona. Era obvio que también sabía de qué iba la cosa.

Chase soltó un quejido.

– Sloane, parece ser que somos objeto de una apuesta. -Os invitaré a unas cuantas hamburguesas. Rick se rió por lo bajo. -Buena idea, Iz.

– ¿Qué tipo de apuesta? -preguntó Sloane.

– Están haciendo apuestas sobre si tú eres «la» mujer para mí. -A Chase le ardían las mejillas, y se imaginaba hasta qué punto se habría sonrojado durante esa bochornosa conversación.

– «¿La mujer?» -Se mordió el labio inferior.

Chase ardía en deseos de besar esa boca y de olvidarse de todo lo demás.

– La gente del pueblo hace apuestas sobre si eres la mujer adecuada para Chase -explicó Kendall.

– La mujer que por fin conseguirá que el rompecorazones tenga pareja. Pareja estable -añadió Rick, arqueando las cejas de forma exagerada. -¿Lo pillas?

– Lo pillo -repuso Sloane claramente consternada.

– Empezó como apuesta en la redacción del Gazette y se ha extendido a todo el pueblo. -Chase se sujetó la cabeza entre las manos. -¿Te sigue pareciendo agradable la vida de pueblo? -le preguntó a la joven con ironía.

Ella abrió los ojos como platos. Chase se preguntó qué estaría pensando, y no le extrañaría que saliera corriendo y se marchara lejos de allí. Sin embargo, se echó a reír, divertida por la situación.

– Pues sí. La verdad es que estoy disfrutando de este pueblo y de esta gente.

La situación resultaba tan comprometida para Sloane como para Chase. Pero allí sentada, convertida en objeto de las conjeturas del pueblo, viendo cómo Rick se reía ante el aprieto de su hermano y a Chase abochornado, Sloane se sintió más alegre de lo que recordaba haberlo estado en muchos años. Era feliz a pesar de sus circunstancias personales, muy peligrosas en esos momentos.

Porque no debía estar «alerta». No se esperaba de ella que se comportara de un modo determinado.

No tenía que comportarse como una Carlisle y ceñirse al molde familiar. No era más que una mujer con la que Chase Chandler estaba a gusto, a la que la familia de éste aceptaba y qué a ella le caía bien.

Izzy volvió con un frasco de kétchup y más servilletas.

– ¿Y bien? ¿Alguna información privilegiada?

Sloane se rió entre dientes.

– No sé muy bien qué decirte. Ya sabes que Chase es un rompecorazones redomado y yo me quedaré poco tiempo en el pueblo -dijo.

– Oh, venga. -Izzy hizo un gesto con la mano. -Eso es lo que dicen todas. Pregúntale a Kendall. Llegas aquí para una temporada y luego…

Sloane se rió, incapaz de contener una carcajada.

– Hola a todos. -Una mujer mayor, vestida con una bata de estar por casa y con el pelo cano recogido en un moño, se acercó a ellos. -Saluda, Eldin. -A pesar de que ella y su compañero iban cargados de paquetes, consiguió darle un codazo en el costado. -¿Quién es la nueva chica del pueblo? -Miró a Sloane con curiosidad.

– Me llamo Sloane…

– Una amiga de la familia -dijo Chase, antes de que anunciara su apellido.

– Yo soy Pearl Robinson y éste es mi compañero de fatigas, Eldin Wingate.

– Hola. -Eldin movió las bolsas que llevaba en los brazos. -Lo siento, no puedo darte la mano porque las tengo ocupadas.

– Tranquilo. -Sloane sonrió. -Encantada de conoceros a los dos. Kendall os ha mencionado antes.