– Samson no me dijo dónde estaba. Pero él nunca dice gran cosa. Tampoco llama nunca, así que me sorprendió que llamara -repitió.
Sloane sabía que esas palabras escondían algún mensaje, pero estaba demasiado aturdida para distinguir de qué se trataba. Ladeó la cabeza e inmediatamente se arrepintió del rápido movimiento. Cuando se le pasó el mareo, se obligó a pensar. Samson había llamado a Earl pero nunca antes le había llamado. Incluso se planteó si tenía teléfono antes de la explosión.
– ¿Por qué te llamó? -preguntó Sloane.
– La rubia todavía no ha bebido -dijo Earl, negándose a responder hasta que Kendall remediara su distracción.
Ernie le llenó el vaso, y Sloane exhaló un suspiro esperando a que Kendall bebiese para sonsacarle más información a Earl. Cuando éste estuvo satisfecho, se tomó él mismo un chupito de golpe y volvió al tema de conversación.
– Samson se imaginó que me habría enterado de lo de su casa y que me preguntaría si estaba muerto.
Sloane se abochornó al ver la tranquilidad con la que Earl hablaba de un tema como ése, pero por lo menos Samson tenía a quien recurrir cuando tenía problemas. Aunque Earl no pareciera el hombre más cariñoso del planeta, era amigo de Samson.
– Yo no me había enterado hasta que me lo dijo. Le pregunté si heredaría algo si la palmaba. -Se carcajeó de su chiste cruel y ella hizo una mueca de dolor. -Samson dijo que no era asunto mío quién se quedaría su dinero, pero que más me valía saber que tenía parientes que enredarían si…
– Heredarían, imbécil -metió baza Ernie.
Kendall y Sloane se echaron a reír, pero Earl no les hizo caso, y se limitó a observar a su amigo.
Sloane se agarró a las palabras de Earl y se preguntó si Samson era tan arisco como decían cuando hablaba con Earl y si realmente tenía parientes. Incluso se planteó si estaría refiriéndose a ella. El estómago se le revolvió por una mezcla de temor y esperanza, sensación que nada tenía que ver con el alcohol que había ingerido.
– Samson me dijo que no iba a ver ni un céntimo -continuó Earl. -Pero al menos el muy desgraciado está vivo.
A pesar del embrollo mental que tenía, Sloane advirtió un atisbo de afecto en la voz de Earl. Se negaba a creer que fuera fruto de su imaginación. A alguien debía de importarle si Samson estaba vivo o muerto, y no le quedaba más remedio que pensar que aquel viejo hosco era amigo de su verdadero padre. Al fin y al cabo, todo el mundo necesitaba que alguien se preocupara por él. Samson se merecía tener por lo menos eso. Se le hizo un nudo en la garganta y de repente notó el intenso deseo de establecer un vínculo emocional con otro ser humano. Alguien que se preocupara por ella.
Dirigió la vista a Chase, vio su expresión de desasosiego y se lo quedó mirando. Su expresión seguía siendo sombría, y levantó una mano para indicarle que disponía de cinco minutos. Era obvio que estaba preocupado y Sloane supo que el corazón no la engañaba… Le importaba. Ella le importaba.
Se ciñó la camisa al cuerpo con más fuerza para notar el calor de él, y notó una cálida oleada de excitación al adquirir conciencia de que estaba enamorada de él.
– Oye, nena. -Ernie dio un golpecito a la mesa con una botella. -¿Sabes quién heredará en vez de Earl? -preguntó, interrumpiendo los pensamientos de Sloane.
Cielos, menudos pensamientos. ¿Amor? Se estremeció. El alcohol solía distorsionar la realidad. Era imposible que se hubiera enamorado de Chase Chandler, ¿o no?
– Eh, oye. Estaría bien tener una respuesta. Os hemos respondido a todo lo que queríais, pero vosotras en cambio no soltáis prenda. -Earl cruzó los raquídeos brazos sobre el pecho, impaciente y molesto.
– No sé a quién le dejaría Samson su dinero -dijo Sloane.
Lo cual hizo que la asaltara otra duda. ¿Acaso Samson tenía dinero que dejar? Y si así era, ¿por qué seguía viviendo como un hombre pobre, sin recursos? Se obligó a mirar de nuevo a los viejos de la mesa, los únicos que podían tener la respuesta.
– Que yo sepa no tiene parientes.
– Ni tampoco amigos en Yorkshire Falls. -Kendall añadió lo que ella sabía para ver si así les sonsacaba más información.
– Porque nos tiene a mí y a Ernie. -Earl se dio un golpecito en el pecho, orgulloso de la relación con su amigo.
Ernie asintió para mostrar su acuerdo.
– No le hace falta nadie más.
– Y no pensamos decir nada hasta que bebáis más. -Earl acompañó su afirmación de un trago. Sloane era incapaz de beber más y lanzó una mirada a Kendall. Su amiga movió la mano para indicar que ya no le entraban más chupitos.
Antes de que a Sloane se le ocurriera una forma de escabullirse, los hermanos Chandler hicieron acto de presencia en la mesa. Rick carraspeó, pero Sloane sólo tenía ojos para Chase. Alto, moreno, guapo… era su perfecto salvador.
Se levantó con la intención de decírselo. Dio un paso adelante, tropezó y cayó en sus brazos.
– Mierda. -Chase agarró a Sloane y sostuvo el peso con su cuerpo. Suave y cálido, y además olía bien, a pesar del alcohol que forma más básica, sentía la necesidad de protegerla y cuidarla con más fuerza que nunca antes.
– Me parece que he bebido demasiado. -Sloane soltó una risita tonta y se apoyó en él.
– ¿Ah, sí? Nunca lo hubiera dicho. -En silencio, se maldijo por haber permitido que la situación se prolongase tanto.
Rick levantó a Kendall del asiento y la cogió en brazos. Chase supuso que su hermano no le dirigiría la palabra durante por lo menos un día, hasta que se calmara.
Chase prestó ahora atención a los viejos.
– Bueno, chicos, se acabó la diversión. Si tenéis noticias de Samson, llamadme. -Chase entregó sendas tarjetas a Earl y a Ernie. Era de esperar que alguno de los dos no la perdiera.
– ¿Quién iba a decir que habría gente buscando a Samson? Pensaba que a nadie le caía bien aparte de a nosotros. -Earl meneó la cabeza, pero Sloane se agarraba con fuerza a Chase, demasiado bebida como para advertir la importancia de las palabras de Earl.
Empezó a besuquear a Chase en el cuello, mordisqueándolo justo debajo de la oreja. Pensar en encontrar a Samson no era tarea fácil teniendo a Sloane excitándolo. El roce de sus labios húmedos contra la piel le enardecía los sentidos, y el hecho de tenerla en brazos hacía que se estremeciera de forma inusitada.
– ¿Alguien más está buscando a Samson? -consiguió preguntar.
Ernie se levantó del asiento.
– Hace unos días, vino un hombre a preguntar por él. -No me lo habías dicho. -Sloane se espabiló y levantó la cabeza del hombro de Chase. -¿Por qué no me lo has dicho?
– Dio un paso adelante, pero Chase la sujetaba con fuerza. Podía caerse en cualquier momento.
– Porque jugábamos a las veinte preguntas y no lo habéis preguntado. -Earl negó con la cabeza y entornó los ojos.
– ¿Qué aspecto tenía? -preguntó Rick con su voz de policía.
– Samson es requetefeo, igual que Ernie. -Earl señaló a su amigo.
– No hace falta ser grosero. -Ernie hizo un mohín, pero enderezó los hombros, como si se dispusiera a una pelea.
Chase apretó los dientes mientras Sloane intentaba ponerse derecha y prestar más atención.
– Empecemos otra vez. ¿Qué aspecto tenía el hombre que vino a preguntar por Samson? -Chase aclaró la pregunta antes de tener que separar a los dos hombres.
– No me acuerdo. ¿Y tú? -le preguntó Earl a Ernie.
Negó con la cabeza.
– No, señor. No era muy amable y no quería jugar al billar ni invitarnos a una copa.
– ¿Lo cual significa que no soltasteis prenda? -supuso Chase.
– Correcto. -Earl sonrió ampliamente.
Chase se metió la mano en el bolsillo y extrajo un billete de cien dólares.
– Escuchad, chicos. -Enseñó el dinero. -Confío en que me llaméis si tenéis noticias relacionadas con Samson. Cualquier cosa, ¿entendido? Eso significa que si alguien viene a preguntar, coges el teléfono. -Agitó el billete verde delante de las narices de Earl.