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Pero el teléfono los interrumpió y, con un gruñido, Chase descolgó el auricular de la mesita de noche.

– Chandler.

Sloane esperó mientras la cabeza le palpitaba con tanta fuerza como el corazón, pero ahora por motivos distintos. Se había enamorado de aquel Chandler, un hombre que no quería formar una familia ni compartir el futuro con una mujer porque ya tenía muchas responsabilidades. Había tenido una vida demasiado cargada y Sloane tendría que pagar por ello y, cuando llegara el momento, dejarlo marchar para que hiciera realidad sus sueños.

– ¿Mamá está en el hospital? -La voz de Chase interrumpió sus egoístas pensamientos.

¿Raina se había puesto enferma? ¿No lo había presentido Sloane? Pero Rick y Chase habían insistido en que se trataba de una farsa, un juego para que los chicos sentaran la cabeza. No lo era, y tendría que haberle pedido a Chase que se lo tomara más en serio.

– Voy en seguida -dijo Chase, tras lo cual colgó y se volvió hacia Sloane. -Tengo que irme.

Sloane ya se lo había imaginado.

– ¿Qué ha pasado?

– A mamá comenzó a dolerle el pecho mientras dormía y llamó a una ambulancia. -Aquella noticia lo dejó helado. Raina lo había llamado, pero él estaba ocupado. Con Sloane.

Por primera vez en su vida, había estado demasiado atareado como para comprobar el contestador automático y, aunque se había convertido en un periodista estelar, no se había molestado en echar un vistazo al busca.

La familia siempre había sido su máxima prioridad, hasta aquel momento. Tal vez las consecuencias fueran trágicas. Se levantó y cogió los pantalones.

– Déjame acompañarte. -Sloane se incorporó en la cama y gimió mientras se llevaba las manos a la cabeza. -Joder, es como si me estuvieran aporreando aquí dentro.

Chase decidió que sería mejor que fuera solo para concentrarse y reencontrarse con los suyos.

– Quédate aquí. Te llamaré para ver cómo te encuentras -le prometió.

– ¿Qué ha pasado? Creía que los problemas de corazón de tu madre eran falsos.

– Según Rick, esta vez ha sido en serio. Ella lo llamó y Rick le ha hecho compañía toda la noche.

– ¿Por qué no te ha llamado?

– Sí me ha llamado. -Se abotonó los pantalones y se puso una sudadera. -Pero yo estaba demasiado ocupado para contestar.

Sloane se estremeció al percatarse de lo que quería decir. -Lo siento.

– No pasa nada -mintió Chase. Ya le había mostrado demasiado cómo era, le había dado demasiado poder sobre sus emociones y sentimientos. Había llegado el momento de controlarse.

Cogió las llaves.

– Descansa y ya te llamaré en cuanto sepa algo.

Sloane asintió. Si le dolía que Chase se marchase sin ella, no lo demostró. A pesar de la necesidad de fortalecer sus defensas y mantenerla al margen, una parte de Chase deseaba precisamente la respuesta emocional que trataba de contener.

Quería abrazarla y que ella lo abrazase antes de irse al hospital. Sin embargo, se limitó a despedirse y salió por la puerta.

Tras el portazo de Chase, Sloane oyó el motor del coche poniéndose en marcha en la calle. Luego se produjo un largo silencio. La esperanza que había sentido al oírle decir que había roto con Cindy se desvaneció en esos momentos. Chase se había encerrado en su caparazón y no hacía falta ser neurocirujano para saber el motivo.

Hacía menos de una semana que conocía a los hermanos Chandler, pero ya había comprendido su código de honor. La familia era lo primero, y Chase había incumplido ese código la noche anterior. No había respondido al teléfono por exceso de dedicación a Sloane. Era preferible que se centrara en sus propios problemas y dejara que Chase Chandler y su familia se ocuparan de los suyos.

Descolgó el teléfono y llamó a su madrastra. Aunque no era una persona madrugadora, Madeline respondió tras el primer tono.

– ¿Sí?

– Hola, mamá.

– Sloane, cielo, gracias a Dios -dijo Madeline en tono aliviado. -Necesitaba oír tu voz.

A ella se le hizo un nudo en la garganta y añoró su hogar de un modo inesperado. A pesar de las mentiras, quería a su familia. Esa era una de las verdades que había aprendido durante su estancia en Yorkshire Falls.

– Estoy bien, y yo también necesitaba oírte. -Para su propio asombro, se le quebró la voz y rompió a llorar.

– ¿Has encontrado a Samson?/-le preguntó Madeline, preocupada. -¿Por eso lloras?

Sloane meneó la cabeza.

– No, no lo he encontrado. Se marchó tras la explosión pero, según la gente del pueblo, Samson es extraño, que haya desaparecido no les sorprende. -Se secó los ojos. Trató de explicarle lo imprescindible para no preocuparla. -Cuando me fui para venir aquí, ¿papá se lo tomó mal? -Si a Michael Carlisle le preocupaba la seguridad de Sloane, es posible que hubiese enviado a alguien para encontrar a Samson, lo cual explicaría la presencia de la persona que Earl había dicho que lo buscaba.

– No, entiende que es cosa tuya. Sloane se mordió el labio inferior.

– ¿Y la campaña? ¿Cómo va? Frank y Robert deben de estar publicitando a papá como locos después de anunciar que se presentará a vicepresidente. -Sloane mencionó al jefe de campaña de Michael con la esperanza de que Madeline le proporcionara información sin querer. Al fin y al cabo, Frank era quien había amenazado a Samson. Después de Michael, él sería quien saldría peor parado si alguien tan incontrolable como Samson Humphrey desbarataba la campaña.

– Frank ha empalmado una reunión tras otra mientras Robert estaba fuera de la ciudad -respondió Madeline.

– ¿Se ha ido ahora? ¿En pleno apogeo de la campaña? -preguntó Sloane tratando de fingir sorpresa.

– Una urgencia familiar. Ya sabes que esas cosas no pueden evitarse -suspiró Madeline. Se produjo un largo silencio tras el cual añadió en tono incrédulo: -No estarás pensando que buscan a Samson para asegurarse de que no hable, ¿no?

– ¡No! Claro que no. Creo que Samson no es más que un excéntrico que ha desaparecido. Y si Robert dice que tiene una urgencia familiar, estoy segura de que es verdad. -Sloane también estaba segura de que, si Robert estaba en Yorkshire Falls, pasaría desapercibido.

– Bien -dijo Madeline, que no parecía haberse calmado. -Al menos sé que hay alguien que vela por ti.

– Lo cual me recuerda algo: ¿cómo es posible que le pidieras a Chase Chandler que fuera mi guardaespaldas? -le preguntó, reprochando el carácter protector de su madrastra.

– Yo hago lo que haga falta con tal de velar por la seguridad de mi familia. Chase es buena persona, Sloane.

– Dime algo nuevo.

– ¿Os lleváis bien? -preguntó esperanzada. «Tiene mucho en común con Raina Chandler», pensó Sloane. -Te acaba cayendo bien -replicó de forma evasiva. Madeline se rió.

– Ya es algo. ¿Me llamarás si me necesitas?

– Descuida -prometió Sloane. Colgó el auricular y lo contempló unos instantes mientras pensaba en la marcha de Chase.

¡Maldito hombre! ¡Malditos sentimientos encontrados! Sí, Chase la había apartado, pero Sloane había visto cómo se le ensombrecía el semblante de deseo; lo había oído gemir cuando estaba en su interior. Ningún hombre podía fingir algo así, por no hablar de su ruptura con Cindy. «A la porra lo de no darle importancia a las cosas», pensó mientras se levantaba. A pesar del dolor de cabeza palpitante, comenzaba a pensar con claridad. Tenía que encontrar a su padre y enderezar el rumbo de su vida. Y tal vez Chase Chandler formara parte de ella.

Chase llamó una vez y abrió la puerta de la habitación de su madre en el hospital. En esa ocasión, la habían obligado a pasar la noche allí en lugar de dejar que volviese a casa. Chase se sentía culpable, y lo abrumaba una sensación de traición. Había tratado de correr tras la familia de Sloane en lugar de darle importancia a la suya.