– ¿Mamá? -dijo en voz baja por si acaso estaba durmiendo.
– Pasa -le dijo Rick desde una silla en un rincón de la habitación.
Chase entró y observó a su alrededor. El papel pintado de las paredes era de tonos apagados y del techo colgaba un televisor. Sin sonido, las imágenes parpadeaban desde la pantalla. Raina ocupaba la única cama de aquella habitación tan grande. Eric probablemente se había asegurado de que tuviera una habitación individual y de que cuidaran bien de ella.
Raina miró pestañeando a Chase mientras él se acomodaba en el borde de la cama. Su hijo le tomó la mano entre las suyas.
– ¿Cómo estás?
– Mucho mejor -respondió ella mientras se incorporaba un poco sobre las almohadas. -No me lo puedo creer -murmuró con una expresión de remordimiento y preocupación.
– ¿El qué? -preguntó Rick inmiscuyéndose, como de costumbre. -¿Que Chase finalmente tenga vida social? -Miró a Chase y le guiñó un ojo para tratar de animar el ambiente.
Raina se rió.
– Deja en paz a tu hermano. Tiene derecho a disfrutar del sexo sin que metas baza. -Raina cruzó los brazos sobre el pecho con una expresión que le dejaba a Rick muy claro que no debía volver a mencionar el tema.
Como si las regañinas de Raina hubieran servido de algo en el pasado.
Su madre estaba hablando de la vida sexual de Chase. Rick se sonrojó.
– Bueno, creo que ya era hora, ¿no? -dijo no obstante, levantándose de la silla y desperezándose. Chase gimió.
– Preferiría hablar de cómo se encuentra mamá.
– ^¿X no sobre lo que hiciste después de llevar a Sloane a casa? -bromeó Rick.
Sin embargo, ni siquiera el tono jocoso de su hermano hacía que Chase se sintiera menos culpable.
– Mamá se pondrá bien -dijo Rick finalmente al ver la expresión preocupada de Chase.
Raina le apretó la mano como para corroborarlo.
– Ya estoy bien. Pero, Chase, este incidente no tiene nada que ver con el anterior. -Raina se sonrojó, y se la veía tan incómoda que Chase no se sintió capaz de expresar su enfado por la farsa de su madre.
– Lo sé, mamá. Lo pasado, pasado está, ¿entendido? Lo que ahora importa es tu salud y que esta vez no sufras una recaída. -Se inclinó hacia adelante, con los codos apoyados en la manta, sin soltar la mano de su madre.
Raina parpadeó.
– ¿A qué te refieres con lo de «lo sé»? -Y desvió rápidamente la mirada hacia Rick. -¿Lo sabe? -le preguntó. Rick asintió.
– Te habría hablado del asunto cuando volví de Washington, pero entonces llegó Sloane y la situación se me escapó de las manos -dijo Chase. -Pero no volverá a ocurrir, vuelvo a tener claras mis prioridades. -Miró a Rick. -¿Cuál es el diagnóstico? -le preguntó para hacerse cargo.
– Angina de pecho. Al parecer, no le llega la sangre necesaria al corazón y, cuando se esfuerza demasiado, le duele el pecho.
Chase asintió y lo embargó una sensación de deja vu mientras oía aquella explicación, recordándole cuando Raina le había contado su último «episodio». Se dio cuenta entonces de la falta de información, de las muchas pistas que Raina había dejado y que podían haberles indicado que fingía. Pistas de las que ninguno de sus hijos se había percatado porque sólo querían que se recuperase.
– Chase, tenemos que hablar sobre lo que les hice a tus hermanos y a ti. -Raina parpadeó y se le deslizó una lágrima por el rostro. -Me equivoqué.
A Chase se le encogió el corazón al oír esas palabras.
– Ya tendremos tiempo de hablar, te lo prometo. Ahora quiero que no malgastes energía y que te pongas bien. -La besó en la mejilla y se levantó. -Me gustaría ver a Eric para que me explique claramente qué debemos hacer.
– Volverá pronto. Le he dicho que te había localizado y me ha asegurado que nos explicará a los tres cómo está el panorama. -Rick consultó la hora. -Román y Charlotte llegarán esta noche, y Eric me ha dicho que entonces será el momento idóneo para hablar.
– Me darán de alta esta tarde -añadió Raina.
– Perfecto. -Si la dejaban volver a casa, entonces las cosas no estaban tan mal, pensó Chase.
– ¿Dónde está Sloane? -preguntó su madre.
– Supongo que en casa, recuperándose de la resaca, como Kendall -respondió Rick en un tono jocoso teñido de cierto fastidio por lo sucedido la noche anterior.
– Oh, venga ya, ninguna de las dos bebe -replicó Raina.
– ¿Tú cómo sabes lo que Sloane hace o deja de hacer? -le preguntó Chase.
Raina extendió las manos sobre la manta de la cama.
– Sé cómo es. Es encantadora y honesta, y nunca haría algo así -afirmó con convicción.
– ¿La nuera perfecta? -conjeturó Rick leyéndole el pensamiento a su madre.
Los ojos color avellana de Raina se iluminaron de dicha.
– Bueno, ahora que lo dices…
– ^No fue precisamente eso lo que comenzó a causarte problemas? -le preguntó Chase. Ella se encogió de hombros.
– Ya han caído dos, jovencito. ¿Crees que voy a renunciar a la idea de que sientes la cabeza y seas feliz como tus hermanos? Tal vez mis métodos hayan sido dudosos, pero mis motivos siempre han sido nobles.
Chase gimió. Y pensar que había confiado en que los problemas de salud de Raina la hubiesen hecho desistir y que ya no tratara de casarlo…
– No pienso hablar de ello.
– ¿Porque ahora vuelves a tener las prioridades claras? -le preguntó Raina.
Chase asintió con frialdad. -Exacto.
Raina frunció los labios y dejó escapar un sonido fruto de la frustración.
– Si las tuvieses tan claras, no te quedarías aquí ahora que sabes que estoy bien.
Chase sabía perfectamente adonde quería ir a parar, pero no podía impedírselo.
– ¿Y dónde estaría? -le preguntó resignado.
– Con Sloane.
Rick se rió por lo bajo, y ni siquiera se molestó en carraspear para disimular.
– Sloane sabe arreglárselas sola -farfulló Chase.
– ¿Por qué habría de hacerlo? -le preguntó Raina.
La mirada de su madre le recordó las ocasiones en las que, de pequeño, lo había pillado haciendo algo indebido. Momentos que habían llegado a su fin en cuanto asumió el papel de cabeza de familia.
– ¿Te llevo a casa?
– Ya me llevará Eric. También Rick volverá a casa para estar con su mujer, ¿no es así?
Rick asintió.
– Desde luego… después de que le hayas leído la cartilla a Chase. -Con una sonrisita complacida, se apoyó en la pared; le divertía ver a Chase en un aprieto.
– Vete a paseo, jovencito. Quiero hablar a solas con tu hermano.
– Oh, vaya. Siempre me pierdo lo más divertido -dijo Rick.
– Acabas de imitar a la perfección tu conducta de niño -dijo Chase al recordar las ocasiones en que su madre y él mantenían conversaciones serias de las que excluían a sus hermanos pequeños. Con la salvedad de que esa vez el tema era la vida amorosa de Chase.
– Chase ha dado en el clavo. Ha pasado demasiado tiempo siendo vuestro padre y apenas ha disfrutado de la vida -explicó Raina. -Eso no es natural.
Chase parpadeó, perplejo. Le sorprendía que Raina admitiese lo muy inusual que había sido su vida.
– Dejémoslo correr. -No le apetecía ahondar en ese tema.
– No, he pasado por alto tus necesidades durante demasiado tiempo -repuso Raina en tono resuelto.
– Me largo antes de que comience a hablar de mis necesidades -farfulló Rick dirigiéndose hacia la puerta.
– Cobarde -le espetó Chase.
– Prefiero ser un cobarde a que mamá me diseccione. Nos vemos en casa esta noche -añadió dirigiéndose a su madre. -Kendall y yo llevaremos la cena, así que no se te ocurra preparar nada de nada -advirtió, luego le dio un beso volado y se marchó.
Chase encaró a su madre y, al hacerlo, encaró su pasado. La veía tan frágil y débil como durante los días posteriores a la muerte de su padre. En aquel entonces, se había percatado de que tenía que cuidar de ella, y lo hizo sin pensárselo dos veces. Ahora la situación se repetía.