Ante una crisis familiar como aquélla, sus propios deseos y necesidades no importaban. A pesar de que fueran a darle el alta esa misma tarde, la enfermedad de Raina constituía una verdadera crisis familiar. Fingida o no, la última vez, los tres hijos se lo habían jugado todo a una moneda que había cambiado la vida de Román.
Aunque Chase comprendía la gravedad del asunto, no permitiría que en esa ocasión Raina lo manipulase.
– Mamá, es mejor que lo dejemos correr.
– Después de que te cuente mi versión de los hechos.
Como sabía que se la contaría de todos modos, Chase se acomodó en la silla que había ocupado Rick.
– Soy todo oídos.
Raina se volvió hacia la ventana y Chase tuvo ocasión de observarla con detenimiento. Había envejecido, pero todavía conservaba la belleza de la juventud. Tampoco había perdido la sensatez y el buen corazón que la habían llevado a tomar decisiones impulsivas para proteger a la familia. Chase no era capaz de imaginarse la vida sin su madre.
– He cometido errores -reconoció Raina finalmente. -Y me pasé de la raya al manipularos para que creyerais que estaba enferma. Pero no ha sido el mayor error que he cometido.
Chase no pudo evitarlo y rompió a reír.
– Lo siento, pero me costaría encontrar uno mayor -comentó.
– Aah, pero a mí no. Dejar que asumieras el papel de padre cuando murió el tuyo fue un error del que me arrepiento enormemente. -Suspiró y se volvió hacia Chase.
Chase notaba que a Raina aquello le dolía mucho, pero no comprendía por qué.
– ¿Qué otra solución había?
– Podría haberte dejado ir a la universidad, por ejemplo. Ocuparme del periódico yo misma. Cuidar de tus hermanos sin depender de ti que, al fin y al cabo, eras demasiado joven.
– Estaba capacitado para hacerme cargo de la situación -le recordó Chase, sin saber muy bien cómo hacer frente al estado emocional en que se encontraba Raina. Las mujeres y las lágrimas nunca habían sido lo suyo.
Seguramente por eso, pensó entonces, se había apresurado a intervenir y a asumir el papel de su padre, sin darle tiempo a Raina para tomar sus propias decisiones o controlar su futuro. Había considerado que era el hombre de la casa y se había comportado como tal, pero, al hacerlo, había privado a sus hermanos de otras opciones.
– Lo hecho, hecho está, mamá.
– Cierto. -Sacó un pañuelo de la caja de la mesita de noche y se secó los ojos. -Pero el futuro no tiene por qué ser una réplica del pasado, y eso es lo que necesito que comprendas.
Chase arrugó la nariz y se preguntó cómo se lo explicaría.
– He aceptado la situación tal como es. Disfruto de una vida excelente y de una familia maravillosa. ¿Qué tiene de malo renunciar a algunas cosas por el camino? ¿Quién no se sacrifica? -le preguntó. -Pero ha llegado el momento de que viva mis sueños.
– Me alegro.
Las mejillas de su madre cobraron vida y Chase se sintió aliviado. Raina había entendido su punto de vista y no se preocuparía por él cuando debiera ocuparse de sí misma.
– Pero asegúrate de no olvidar dos cosas -prosiguió Raina.
– ¿Cuáles?
– De que los sueños sean fruto del presente, no del pasado. Y acepta la diferencia entre ayudarme a criar a tus hermanos, que ya eran unos diablillos medio creciditos, y la dicha de criar a tus propios hijos -dijo en tono alegre sin por ello obviar la seriedad del asunto.
Lo quería casado y con hijos. Eso no había cambiado.
– Te he oído, mamá.
– Pero no me estás escuchando, ¿verdad? La vida es corta. Se te escurrirá de las manos antes de que te des cuenta, y si dejas que Sloane salga de tu vida, te arrepentirás. No quiero que, después de todo lo que has hecho por nosotros, pierdas esa oportunidad.
Chase meneó la cabeza.
– No me arrepentiré, no vivo anclado en el pasado. -Sin embargo, no quería que Raina albergara la esperanza de que él sentaría la cabeza como Rick y Román. -Ya decidiré cuál es mi futuro y, como ya te he dicho, vuelvo a tener claras mis prioridades.
– Como un buen Chandler -dijo la voz femenina y conocida de Sloane desde la puerta. -La familia es lo primero; los hijos, ni pintados -comentó bromeando, parafraseando lo que le había dicho la primera vez que habían hecho el amor.
«La seguridad es lo primero y los hijos, ni pintados.»
Chase se volvió y vio a Sloane esbozando una sonrisa forzada. Después de todo lo que habían compartido, ella había llegado a conocerlo. Aunque sus palabras e ideas no la sorprendían, Chase vio que sin embargo la decepcionaban. Se le hizo un nudo en el estómago y sintió que no debía desilusionarla.
– ¿Qué haces aquí? -le preguntó, sin poder evitar sonreír.
Se pasó la mano por el pelo, se levantó, se acercó a Sloane y la atrajo hacia sí.
Le bastó mirarla, pálida por el calvario de la noche anterior, pero guapa de todas maneras, para sentirse más feliz de lo que debía teniendo en cuenta que su madre estaba postrada en una cama del hospital.
– He venido para ver cómo se encuentra Raina. -Sloane se acercó a la cama y, de detrás de la espalda, sacó una rosa con un mensaje que rezaba: QUE TE MEJORES. -Quería traerte bombones, pero pensé que tal vez debería consultarlo primero con el médico.
– Qué encanto de chica. -A Raina se le iluminó el semblante mientras aceptaba el regalo de Sloane.
Raina estaba tan colada por Sloane como Chase. La diferencia estribaba en que Chase sabía que una mujer como aquélla, con sus deseos y necesidades, chocaría de frente con su recién descubierta libertad. Esa mañana, su instinto lo había llevado por el camino más acertado: alejarse de ella.
– Pienso comer bombones hasta el día en que me muera… lo cual no ocurrirá hasta dentro de muchos años. Me quedan muchas cosas por vivir -declaró Raina. -Quiero salir de aquí.
Chase se rió.
– He visto a Eric pasar por el pasillo y saludar. Supongo que en una hora más o menos firmarás los papeles y te dejarán en libertad.
– Perfecto. Mientras tanto, seguid con lo vuestro y dejadme tranquila. Me apetece echar una cabezada. -Cerró los ojos y ladeó la cabeza como si pensara dormir.
Chase puso los ojos en blanco.
– Es tan transparente… -le dijo a Sloane.
Ella se rió y lo secundó:
– Lo sé, pero tiene buenas intenciones y es un encanto.
Raina carraspeó, pero no abrió los ojos.
– Bueno, también quería decirte que pensaba pasar por el veterinario para ver cómo está el perro de Samson. ¿Te parece bien si lo llevo a tu casa? Sé que pido mucho, pero no me gusta que esté solo cuando yo podría ocuparme de él…
– A Chase le encantan los perros -dijo Raina desde la cama.
– Se supone que estás durmiendo -le dijeron Chase y Sloane al unísono.
Raina se limitó a sonreír.
– Las grandes mentes piensan de forma similar. Las parejas casadas completan sus ideas mutuamente, igual que las parejas que deberían estar…
Sloane soltó una sonora carcajada y no dejó que Raina pronunciara la última y predecible palabra.
– Sigue durmiendo -le espetó Chase antes de que su madre volviera a inmiscuirse. -Puedes traer el perro a casa -le dijo a Sloane. -Pídele al doctor Sterling que te dé lo que haga falta para alimentarlo y ya le mandaré un cheque para cubrir los gastos.
– ¿Lo ves? Bajo ese exterior hosco tiene su corazoncito.
Sloane le acarició la mejilla.
– Claro que lo tiene.
Aquel contacto le caló hondo y lo hizo sentir bien, pero en lugar de disfrutarlo se puso nervioso. Si se lo permitía, aquella mujer podría acabar con su sueño de vivir finalmente su propia vida sin tener que rendir cuentas a nadie. No estaba seguro de por qué el objetivo que lo había sostenido durante años de repente lo hacía sentir vacío y frío, pero ése no era el momento de preocuparse de ello.