Chase arqueó una ceja pero no contestó.
– Estoy segura de mí misma y de mis sentimientos, Chase. A pesar de todo lo que me está pasando, lo sé. Te quiero.
El se estremeció. Sloane no lo habría esperado pero, para su sorpresa, él suavizó la expresión.
– Yo también te quiero, Sloane.
Aquellas palabras le sentaron bien a pesar de que sabía que no cambiarían nada. De todos modos, se sintió esperanzada.
– Para ser un hombre de pocas palabras, las escoges bien.
Sloane dio un paso cauteloso hacia Chase, pero él le indicó que se detuviese.
– Te quiero, pero ahora no puedo comprometerme más que cuando te conocí -prosiguió con expresión compungida, aunque Sloane sabía que se trataba de una decisión irrevocable.
Sonrió de mala gana.
– Ya has criado a una familia.
Chase asintió.
– Eso mismo -dijo con demasiado énfasis, -y todavía no he materializado mis sueños profesionales.
– Aspiras a algo más que a dirigir el Gazette -afirmó Sloane con aire cómplice. -Necesitas demostrar tu valía y tienes una noticia única al alcance de la mano.
– Me conoces bien -repuso Chase esbozando una sonrisa socarrona.
Sloane se rió a pesar del dolor que sentía.
– Sí, te conozco.
– Mi vida siempre ha girado en torno a los demás… dirigir el periódico, conservar el legado de mi padre, mantener a la familia. -Meneó la cabeza. -No me malinterpretes, me gusta lo que hago, pero siempre he soñado con ir más lejos. -La miró. -Siempre me he preguntado qué sentiré cuando sea libre.
Sloane asintió lentamente.
– Tendrás que averiguarlo. Digamos entonces que lo nuestro no ha sido muy oportuno. -Tragó saliva para ocultar su desilusión y trató de encontrar las palabras que le permitieran marcharse con dignidad. -Sabía cuáles eran las reglas desde el principio -dijo finalmente, negando con la cabeza- y por eso te lo pondré fácil. Me marcho.
Chase dejó caer las piernas por el borde la cama y Sloane desvió la mirada de su pecho, de su cuerpo desnudo. Tenía que concentrarse en poner fin a aquello y no en una atracción sexual que sólo causaría más dolor.
– No te marcharás de aquí. Al menos no hasta que sepa que estás a salvo -declaró Chase mientras se levantaba.
– No me pasará nada. -Vio a Chase ponerse los vaqueros antes de rodear la cama y acercarse a ella. Estaba tan próximo que podía oler la fragancia masculina que lo envolvía y que la hacía desear mucho más de lo que él estaba dispuesto a dar.
– No irás a ningún lugar donde yo no pueda vigilarte -insistió él mientras introducía las manos en los bolsillos posteriores del pantalón.
– No creo que tengas mucha alternativa al respecto. No quiero seguir siendo una obligación para ti. -Decidió decirle las cosas bien claras. -Pero si sirve para tranquilizarte, iré a ver a mi padre.
– Samson no es sinónimo de seguridad. -Chase entrecerró los ojos. -¿Y desde cuándo sabes dónde está? Sloane se encogió de hombros.
– Desde hace unos cinco minutos. Creo que Samson vive con Pearl y Eldin.
– ¿Y cuándo pensabas decírmelo? -le preguntó subiendo el tono de voz.
Ella volvió a encogerse de hombros.
– No sé si te lo hubiera dicho. Al fin y al cabo, es mi padre y es mi problema.
A Chase se le tensó la mandíbula.
– Su última casa voló por los aires y ahora vive en el patio trasero de mi hermano. Creo que eso también lo convierte en mi problema.
Sloane se estremeció porque sabía que eso no podía discutírselo; es más, ni siquiera se lo había planteado en esos términos. -Dios mío, lo siento.
La mirada de Chase, que se había ensombrecido por el enfado, se suavizó de inmediato en cuanto la acarició.
– Están pasando demasiadas cosas a la vez. Y me preocupa lo que pueda ocurrirte. -Le acarició el antebrazo con suavidad.
La voz ronca y el hecho de que hubiera admitido eso, habrían bastado para que ella cediese… si él lo hubiera propuesto.
– Acabo de imaginarme dónde estaba Samson mientras oía tu conversación con Román -repuso Sloane. -Ahora que lo sé, ya tengo un problema menos, ¿no crees? Me quedaré con él y así me aseguraré de que no les pase nada a Samson, Rick o Kendall, ya que los hombres de mi padre no me harían daño a mí.
– Eso no es garantía de nada y no pienso correr ese riesgo.
– Bueno, para asegurarme completamente, llamaré a Michael y le pediré que venga a Yorkshire Falls a poner fin a todo esto. -Extendió las manos ante sí. -Y saldré de tu vida. Una solución sencilla y sensata para todos.
Chase la miró de hito en hito sin apartar de ella la mirada cargada de deseo.
– Ve a ducharte.
– ¿Cómo dices? -Meneó la cabeza, sin saber por qué.
– Ve a ducharte y te llevaré a casa de Pearl y Eldin -repuso Chase, resignado.
Entonces Chase iba a dejar que se marchase. Se le encogió el estómago, pero ¿qué había esperado? ¿Que le suplicara que se quedase? Arrepentida, desvió la mirada y salió de la habitación. Lo siguiente sería salir de la vida de Chase.
Chase siguió a Sloane hasta la casa de Rick en su coche, lo cual era ideal, ya que Sloane no se veía capaz de estar cerca de él mientras se alejaba. Tras aparcar, ella insistió en hablar primero con Samson antes de explicarle a Rick que su padre estaba alojado en la casa de invitados.
Las piernas le temblaban mientras se acercaba a la vivienda de
Pearl y Eldin, en parte porque no sabía cómo la recibirían y, sobre todo, porque sabía que se había despedido de Chase para siempre.
Llamó a la puerta rápidamente con los nudillos antes de cambiar de idea.
La puerta apenas se entreabrió un poco. Teniendo en cuenta que Pearl era conocida por su simpatía y por dar la bienvenida de manera efusiva, aquella cautela cimentó la certeza de Sloane: Samson estaba en la casa.
– ¿Pearl? -dijo. -Soy Sloane. Nos conocimos en Norman's el otro día y me gustaría hablar contigo.
Se produjo un breve silencio y la puerta se abrió un poco más. Sloane aprovechó para acercarse más.
– Por favor, Pearl. Sé que Samson está ahí dentro y necesito hablar con él.
Esas palabras no surtieron el efecto deseado, ya que Pearl cerró de un portazo en las narices de Sloane. Esta retrocedió de un salto y fue a parar a los brazos de Chase, quien la sujetó y sostuvo para evitar que se cayese o lo derribase. A pesar de la chaqueta que Sloane llevaba, sintió el calor corporal y la seguridad que Chase Chandler siempre le transmitía.
– Parece que tenías razón -le susurró con voz ronca al oído. -Oculta algo.
Su aliento cálido le acarició la piel y Sloane se estremeció.
– Vaya consuelo, teniendo en cuenta que no me ha dejado entrar.
– Creo que una visita del oficial Chandler podría lograr algo -sugirió Chase.
Sloane se puso tensa y trató de volverse, pero Chase se lo impidió.
– No puedes entregar a mi padre -dijo, presa del pánico.
– No lo buscan por nada serio, Sloane. Rick sólo quiere hacerle algunas preguntas y protegerlo.
¿Por qué todo lo que decía Chase parecía tan racional, tan correcto, tan acertado?
– Está claro que mi padre no quiere protección -repuso ella, sobreponiéndose a sus propias emociones.
– A veces lo que la gente quiere y lo que necesita son dos cosas muy distintas.
La voz ronca de Chase hizo que volviera a estremecerse, lo mismo que el doble sentido de sus palabras. Pero Sloane sabía que lo que Chase sintiese no cambiaría sus actos. Tenía que alejarse de él, de lo mucho que la afectaba.
– Si insistes en contárselo a Rick, prefiero avisar a Samson, así que ¿por qué no nos separamos y cada uno va a lo suyo?
Chase la sujetó con más fuerza; sus labios le rozaban la nuca.
– Complicas mucho las cosas más sencillas -murmuró.
– Luchas contigo mismo y yo me niego a presionarte. -Sloane trató de zafarse. Hasta que Chase no decidiese que quería estar con ella, no pensaba ceder.