El asintió y retrocedió. Maldita sea, Sloane no había conocido a nadie con tanto control sobre sí mismo.
– Rick necesita saber a qué se enfrenta. Así que lo haremos a tu manera -dijo Chase. -Ocúpate de Samson y yo iré a ver si Kendall y Rick han llegado.
– De acuerdo. -Esperó a que Chase se marchase, luego se volvió hacia la casa de invitados y llamó de nuevo a la puerta.
– Pearl, soy Sloane y estoy sola.
Finalmente, la puerta se abrió por completo. Pearl cogió a Sloane por la muñeca y tiró de ella hacia el interior de la casa.
– Santo cielo, jovencita, ¿sabes lo que nos ha costado mantener esto en secreto? -Pearl le dio una palmadita en el trasero. -Ven a comer.
Sloane parpadeó. De la conspiración a la comida.
– Pearl, ¿dónde está Samson? -Sloane observó a su alrededor, desde la pintura reciente hasta el sofá y las sillas viejas, pero inmaculadas, del salón.
– Ha ido a buscar el perro al veterinario.
– ¿No lo verá nadie? -Sloane arrugó la nariz.
– Sólo ha ido a por el perro. El veterinario no cierra la puerta con llave -respondió Pearl. -En el pueblo nadie las cierra.
Sloane se limitó a parpadear.
– Pero estoy segura de que sabrá que ha sido Samson quien se ha llevado el perro.
– Pero no sabrá dónde está Samson, salvo que tú se lo digas. -Pearl trató de fulminar a Sloane con la mirada, pero no le fue posible, porque su voz rezumaba dulzura.
– Pearl, Chase se lo está contando a Rick ahora mismo. Nadie está a salvo -dijo Sloane mientras tomaba una decisión. -¿Puedo hacer una llamada?
– Oh, claro. ¿Le pedirás a Chase el periodista que no abra el pico? -Se inclinó hacia Sloane; saltaba a la vista que aquel misterio la tenía intrigada.
Sloane se rió.
– No, pero pienso poner fin a esto de una vez por todas. -Siguió a Pearl hasta la cocina, descolgó el teléfono y llamó a Michael Carlisle.
Michael respondió tras el primer tono. -Carlisle.
– Hola, papá. Soy yo, Sloane.
– Cariño, me tenías preocupado. -Bajó la voz un poco, aliviado tras oír a Sloane.
La necesidad de la niña de refugiarse en su padre se mezcló con el respeto de la adulta hacia el hombre que la había criado y querido.
– Te necesito, papá. -Se le quebró la voz y no trató de contener el maremoto de emociones.
– No hace falta que me lo pidas dos veces. Nunca ha hecho falta. Madeline me dijo que estabas en Yorkshire Falls. Podría estar ahí esta misma noche.
Se volvió para que Pearl, que escuchaba con disimulo y la observaba ansiosa, no lo viese todo. Sloane se secó los ojos.
– Te quiero.
– Yo también te quiero.
Sloane colgó y se dio cuenta de que no necesitaba asimilar la decisión de Michael Carlisle de no contarle la verdad sobre su padre. Ya lo había hecho. Le perdonaba porque él la quería y se lo había demostrado con el paso de los años. Pero dado que ahora sabía la verdad, se comprendía mejor a sí misma. Con un poco de suerte, tendría tiempo para conocer al excéntrico hombre que la había engendrado.
– Creo que ha llegado el momento de tomar un brownie, ¿no crees? -sugirió Pearl.
Sloane se volvió para mirar a su anfitriona.
– Desde luego. -No le vendría mal comer algo mientras esperaba a Samson.
Mientras compartía el brownie y un té caliente con Pearl, por fin llegó el hombre al que Sloane aguardaba.
Samson entró por la puerta trasera, seguido del perro.
– He tenido que huir de los polis, evitar a un periodista y a un tipo que no dejaba de preguntarme cómo llegar a un sitio. Luego a Perro le ha dado por salir corriendo cuando ha visto a ese chucho al que Rick y Kendall llaman Felix -gruñó Samson sin alzar la mirada ni ver a Sloane. -¿A quién se le ocurre llamar Felix a un animal?
– ¿Y Perro te parece mejor? -le preguntó Sloane sin poder evitarlo.
Samson frunció el cejo y miró a Sloane y luego a Pearl.
– ¿Qué hace aquí? -le preguntó a Pearl.
– He venido a buscarte. -Sloane se levantó y se frotó las palmas húmedas en los pantalones.
– Y no podía dejarla plantada en la entrada. -Pearl colocó la mano en el hombro de Sloane. -Es invierno.
– El invierno todavía no ha llegado. Además, ¿cómo me ha encontrado?
– ¿Por qué no me lo preguntas a mí? -intervino Sloane.
Samson seguía frunciendo el cejo.
– Porque si no te hago caso tal vez te vayas.
– Samson Humphrey, discúlpate ahora mismo -le dijo Pearl antes de que Sloane reaccionara. -No tolero groserías en mi casa. Pregúntaselo a Eldin. Hablamos de forma respetuosa o no hablamos.
– Entonces seguro que os pasáis casi todo el día en silencio -gruñó Samson.
Enfurruñada, Pearl cruzó los brazos sobre sus generosos pechos y luego se hundió en la silla que Sloane había dejado libre.
De ese modo no irían a ninguna parte. Aunque Sloane detestaba las maneras ofensivas de Samson, que trataba a todo el mundo con el mismo desdén hosco, una parte de ella deseaba que la mirase con otros ojos y que le hablase como a la niñita que había perdido. Pero eso era como desear que Chase la tratase como a la mujer que quería y con la que deseaba formar una familia. Ninguno de los dos deseos se haría realidad.
En ese momento, se conformaba con la compañía de Samson durante el poco tiempo que le quedaba en Yorkshire Falls. No creyó conveniente que él supiera que Michael Carlisle estaba de camino al pueblo.
Se acercó a Samson, cogió al doguillo entre los brazos y le acarició la cabeza.
– Necesito un lugar donde alojarme, y, puesto que queremos conocernos, pensé que podría quedarme contigo -le dijo a Samson.
Hasta que no hubo acabado de pronunciar esas palabras no se dio cuenta de que temía que Samson le dijera que no, que la rechazase. Hundió los dedos en el pelaje del lomo del perro.
– El sofá de la sala de estar se convierte en cama -dijo Pearl al mismo tiempo que Samson le gruñía.
– No te quedarás aquí. Dije que quería saber si eras mía, pero no dije que quisiera una hija en mi vida.
Sloane cerró los ojos, pero no consiguió que aquellas palabras se borrasen.
– Sólo será un día o dos, hasta que pueda volver a casa.
– Quédate con tu novio, aquí no hay sitio -repuso Samson en tono firme y alzando el mentón de forma desafiante.
Incluso Pearl, que había abierto unos ojos como platos, permaneció en silencio.
– Chase sólo me quiere cuando soy una damisela en apuros -admitió Sloane en voz alta por primera vez, y le dolió
Samson levantó la cabeza y sus miradas se encontraron.
La miraban unos ojos que le resultaban conocidos, lo cual reafirmó un parecido familiar del que no se había percatado hasta el momento. Pero Samson desvió la mirada de inmediato y cortó por lo sano. Al parecer, dos hombres estaban a punto de echarla de sus vidas, pero Sloane no se dio por vencida; estaba resuelta a no ponérselo fácil a Samson.
– Sé valerme por mí misma.
– Puede que sí, puede que no. Depende del material del que estés hecha.
– Estoy hecha de tu material -le espetó Sloane. -Y, al parecer, no eres un recluso, porque has oído rumores sobre Chase y yo. -Se irguió, firme y resuelta a mantenerse en sus trece.
– Convives con él. ¿Cómo quieres que no lo sepa?
Sloane suspiró, pero no quería que se fuera por las ramas.
– Tenemos que hablar de varias cosas, como por ejemplo de mi madre y de dónde piensas vivir.
Samson agitó la mano para restarle importancia.
– No recuerdo haber dicho que te quisiera o necesitara en mi vida. Puedo ocuparme de mis cosas sin tu ayuda, muchas gracias.
Sloane se mordió el labio inferior.
– ¿Y si yo quiero conocerte?
– Entonces mala suerte. Devuélveme al perro. -Se lo arrebató de los brazos y se dio la vuelta.