Выбрать главу

Sloane se dijo que no pasaba nada. Samson no había formado parte de su vida hasta entonces y no lo necesitaría en el futuro.

Se aseguraría de que los hombres de su padre no le hicieran nada y después se marcharía. Pero sus emociones no secundaban sus ideas y sentía un gran dolor. Le dolía el pecho y se le formó un nudo en la garganta. Se dirigió hacia la puerta principal, pero en lugar de poder huir de la pena, se encontró con otra fuente de sorpresa.

Chase estaba allí, acompañado de Rick y Kendall y de una pareja a la que sólo había visto en fotografías, pero sabía que eran Román y una embarazada Charlotte. Todos testigos de su humillación.

No le apetecía encontrarse con ellos en esos momentos. Incapaz de hacer frente a la vergüenza que sentía, pasó a su lado sin mirar a nadie y se encaminó hacia la calle. El coche de alquiler era su único refugio en esos instantes y, haciendo caso omiso de las voces que la llamaban, se metió dentro y se alejó de allí. ¿Adónde iría? No tenía ni idea.

Tras la marcha de Sloane, se hizo un silencio incómodo en la casa de invitados. Nadie se atrevía a hablar, excepto Chase. Nunca olvidaría el dolor y la humillación que había visto en la expresión de Sloane y sabía quién era el culpable.

– Samson -le gruñó.

El «padre» de Sloane no le hizo caso y se limitó a mascullar entre dientes mientras acariciaba la cabeza del perro, dándole al animal el cariño que su hija ansiaba.

– Te estoy hablando. -Chase se acercó a Samson, lo cogió del brazo y lo obligó a levantar la cabeza para mirarle.

Chase vio en sus ojos el mismo dolor que había percibido en los de Sloane y observar eso le hizo pensar que el instinto no le fallaba, que Samson tenía un motivo para rechazar a la hija a la que en un principio había buscado.

– ¿Qué quieres? -le preguntó Samson.

Detrás de él, Chase oyó a Rick susurrándoles a Pearl y a Kendall, sin duda indicándoles dónde se quedarían todos hasta que Samson dejara de estar amenazado. Ahora que habían dado con él, Chase y Rick convinieron en que nadie debería vivir con un blanco andante. Kendall se llevaría a Hannah y a Charlotte a casa de Raina, y Rick y Román se quedarían allí, en la vivienda de Rick y Kendall, confiando en evitar males mayores. Nd había pasado gran cosa desde que la casa de Samson volara por los aires, pero ya le habían perdido el rastro en una ocasión, y Chase estaba convencido de que intentarían acabar con Samson de nuevo.

– Sé por qué has rechazado a Sloane -comenzó a explicar Chase. -La quieres lejos de ti para que no corra peligro. Un sentimiento loable, pero no has sabido transmitirlo. -Le soltó el brazo antes de acabar descargando su ira en el padre de Sloane.

– ¿Aparte de periodista, ahora también eres adivino? -bufó Samson con sarcasmo.

Chase respiró hondo para armarse de paciencia y enfrentarse de nuevo a aquel cabezota.

– ¿Qué tal si vamos al grano esta vez? Nada de juegos ni respuestas de listillo, ni fingir ser una especie de ermitaño tonto. Los dos sabemos que eres más listo de lo que aparentas.

– No quiero que esté conmigo porque no quiero que le hagan daño. Tampoco quiero que Pearl y Eldin corran riesgos, pero no tenía ningún otro sitio adonde ir. -Samson extendió las manos y entonces pareció más un hombre abatido que un lobo solitario hosco y enfadado. -O sea que aquí estoy, pero no pienso dejar que nadie se meta en mi vida. Al menos no hasta que sea segura. -Samson confirmó la corazonada de Chase.

– ¿Por qué no te quedaste en Hampshire? Earl o Ernie podrían haberte cobijado y estarías lo bastante lejos de Yorkshire Falls como para que no te siguieran el rastro. -Chase caminó de un lado para otro, sin saber muy bien cómo lidiar con el hombre, con sus inesperados cambios de humor y su curiosa forma de pensar.

– Porque entonces no podría haber vigilado a mi hija. -Se le quebró la voz al admitirlo.

Chase se detuvo, perplejo, sin saber cómo reaccionar. Aunque sabía que Samson buscaba a Sloane, nunca se había planteado qué sentiría por su hija, ya que siempre se había mostrado indiferente con todo y con todos.

– Se parece tanto a su madre que me duele mirarla -prosiguió Samson mientras acariciaba al perro. -Tuve que dejar a Jacqueline, pero nunca lo habría hecho si hubiera sabido que estaba embarazada. Perdí a la madre de Sloane. Luego me perdí verla crecer a ella. Así que ahora no pienso poner en peligro su vida. -Se pasó una mano por los ojos, pero no miró a Chase. -Si consiguiera alejarla para siempre, al menos sabría que seguiría con vida.

Chase asintió, comprensivo:

– Has hecho bien al no permitir que se quedara aquí. Pero en cuanto todo esto haya acabado, más te vale que hagas las cosas bien -farfulló Chase. -No se merece pensar que la rechazas.

– Ni tampoco se merece el modo en que la tratas, Don Engreído Chandler. -Samson dejó al perro en el suelo y rodeó el sofá para acercarse a Chase, lo cual pilló a éste desprevenido. -Es mi niñita y le has hecho tanto daño como yo. Eso salta a la vista, incluso para alguien tan antisocial como yo.

Chase se estremeció ya que sabía que Samson tenía razón.

– Los dos sabíamos de qué iba nuestra relación. -Pero sus palabras le parecieron patéticas porque saber de qué iba la relación sólo le había servido la primera noche que pasaron juntos.

En cuanto Sloane llegó a Yorkshire Falls, las cosas habían cambiado. La explosión que sacudió la casa de Samson también sacudió el mundo de Chase, y nada había vuelto a ser lo mismo desde entonces.

– Eres un adulto y, si quieres que te sea sincero, deberías comenzar a comportarte como tal -dijo Samson. -Responsabilízate de tus actos. Decide qué quieres de una vez por todas. Yo tomé decisiones hace muchos años de las que ahora me arrepiento. Si quieres que ella salga de tu vida, entontes despídete y no mires hacia atrás. No juegues a ser su salvador y a ignorarla luego cuando te conviene -concluyó retomando el tono típico de Samson.

– Para haber estado oculto, pareces saber mucho sobre nosotros dos.

Samson se encogió de hombros, pero Chase se percató de que tenía un aire cada vez más arrogante. Al menos cuando se trataba de Sloane.

– He visto y oído más cosas de las que te imaginas -repuso Samson. -Y me da igual si te apellidas Chandler; tu conducta es vergonzosa y mi hija se merece algo mejor.

Tras ese comentario hiriente para poner fin a la conversación, Samson se acomodó en el sofá, de nuevo con semblante hosco, sin hacer el más mínimo caso ni a Chase ni a Pearl, quien trataba de llamar su atención.

Chase se había quedado mudo tras las palabras de Samson. Resonaban en su cabeza mientras Rick les indicaba a Pearl y a Eldin que hicieran las maletas para ir a casa de Raina. Samson se quedaría allí y, con suerte, atraería a los hombres que lo perseguían cuando Rick estuviera de guardia. Pero Chase no tenía tiempo para pensar o establecer paralelismos entre su vida y la de Samson, no hasta que se esfumase la amenaza que se cernía sobre éste e, indirectamente, sobre Sloane y el resto de la familia de Chase.

CAPÍTULO 15

– La última vez que estuvimos los tres juntos así, uno de nosotros tuvo que casarse. -Román cruzó los brazos sobre el pecho v se rió, recordando a sus hermanos la moneda que habían lanzado al aire hacía más de nueve meses. Una época en la que los «problemas cardíacos» de Raina no eran más que una mera indigestión, si bien sus hijos no lo sabían entonces.

Raina se había valido de ese incidente para comenzar la farsa de su enfermedad y para suplicar a sus hijos que uno de ellos sentara la cabeza y le diese nietos antes de morir. Los tres hermanos Chandler habían lanzado una moneda al aire para ver a quién le tocaría ser el primero en casarse y darle nietos a su madre. Román había perdido y había iniciado el reencuentro con su amor del pasado, Charlotte.

– No ha pasado tanto tiempo y ya nos hemos casado dos y sólo queda un soltero -dijo Rick lanzando una mirada a Chase, a quien el tema no le divertía lo más mínimo.