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Sin embargo, la situación era irónica, puesto que ahora Raina estaba enferma de verdad y Chase haría lo que fuese con tal de que se recuperase. Salvo que casarse para contentar a Raina no se correspondía con sus propias necesidades.

Ninguno de sus hermanos parecía percatarse de ello.

– ¿Es que sois tan idiotas que no os dais cuenta de que caísteis en la trampa de mamá? Al tratar de huir de sus maquinaciones, le disteis exactamente lo que quería. -Chase miró por la ventana de la cocina de Rick, la que daba a la casa de Pearl y Eldin.

Durante una época, Pearl y Eldin habían vivido en la casa principal y Kendall en la de invitados, pero la salud de la pareja de ancianos y el matrimonio de Rick y Kendall hizo que el cambio de casas fuera la solución perfecta.

En el patio trasero reinaba una tranquilidad absoluta mientras en la casa de invitados se preparaban para marcharse. Samson fue el único que se quedó allí; se negaba a irse.

Román se encogió de hombros y se dirigió hacia la nevera.

– ¿Refrescos? -preguntó a sus hermanos.

– No -gruñeron los dos.

– Como queráis. -Sacó una botella de Coca-Cola y comenzó a rebuscar por los armarios.

– ¿Qué demonios buscas? -le preguntó Rick. Román cerró una puerta y abrió otra. -Los vasos.

– La puerta que está junto al microondas. Por cierto, haz como si estuvieras en tu casa -le espetó Rick.

Román se rió sin ofenderse lo más mínimo.

– Centrémonos en lo esencial -dijo mientras se sentaba en la encimera de fórmica. -¿Os habéis dado cuenta de que, tal como han salido las cosas, lo que mamá quería ha sido para nuestro bien?

– Kendall te matará si la encimera se agrieta -le dijo Rick.

– Que va. Te matará a ti. -Román sonrió, luego fingió brindar con el vaso y se bebió el refresco. -Entonces, ¿cuándo piensas rendirte y reconocer que Sloane es la mujer de tu vida?

Chase dejó escapar un gemido. Que Román y Rick hubieran decidido casarse y formar familias no significaba que eso fuera lo que más le convenía a él.

– Todos seguimos nuestros propios caminos -respondió.

– ¿Y no puedes seguir el tuyo y estar con Sloane a la vez? -Román arqueó una ceja. -Creo que yo decía lo mismo, que no podía dedicarme a mi trabajo y sentar la cabeza con Charlotte. Me equivocaba.

– Eras corresponsal en el extranjero y estabas dispuesto a cambiar de lugar para satisfacer vuestras necesidades. Yo voy a publicar un artículo que aparecerá en todos los periódicos y que acabará con la carrera política del padre de Sloane. No soy el más idóneo para casarme con ella.

– ¿O sea que te vas a casar? -preguntó Rick. -¡Yuju!

Chase lo fulminó con la mirada, la misma que había surtido efecto cuando un Rick de dieciséis años había amenazado con llevarse su coche si no se lo prestaba. Con casi diecinueve años, Chase se había sentido como si tuviera treinta y no se fiaba de dejar a su hermano al volante.

Rick se limitó a encogerse de hombros.

– Has sido tú quien ha dicho la temida palabra, no yo.

Obviamente, ahora que Rick tenía treinta y cuatro años, la ira de Chase ya no tenía el mismo efecto, y menos cuando Rick creía tener razón.

– ¿Queréis comportaros? -intervino Román tratando de ser la voz de la razón.

Rick se rió por lo bajo, pero recobró la compostura de inmediato.

– Tienes razón. Tenemos problemas más apremiantes. ¿Qué hay de Sloane?

– ¿Qué le pasa? -preguntó Chase, haciéndose el tonto porque no le apetecía hablar del tema con sus hermanaos.

– Seguro que no quiere estar sola después de lo de Samson. Chase relajó los hombros antes de darles la respuesta que llevaba una hora tratando de creer.

– Sloane necesita tiempo para analizar con calma lo que siente por Samson.

– ¿Qué hay de la protección? -le preguntó Rick retomando su faceta más policial. -Ya nos hemos asegurado de que el resto de la familia, Pearl, Eldin y Samson estén a salvo. ¿No se merece Sloane el mismo trato?

– No le pasará nada mientras no esté con Samson. En eso estamos de acuerdo. Y éste se oculta en la casa de invitados.

– Tal vez esté físicamente a salvo, pero ¿qué me dices de sus sentimientos? -Rick meneó la cabeza y le dedicó una mirada que daba a entender que Chase era patético a la hora de lidiar con el sexo opuesto. -A todas las mujeres les gusta contar con alguien en los momentos difíciles -dijo.

– Que te lo digan a ti. -Chase ladeó la cabeza y vio la expresión divertida de su hermano.

– No tengo la culpa si se me da bien rescatar a damas en apuros.

– Pues acabaste casado.

Rick se encogió de hombros.

– ¿Y qué? No me casé con nadie impuesto por mamá. Me casé con Kendall, la mujer que me convenía. Y Román hizo lo mismo. Pero tú, hermanito, sigues huyendo.

– Eso es una tontería -farfulló Chase. -Nunca he huido de nada, empezando por la responsabilidad que suponía ocuparme de vosotros.

– Eso es agua pasada, Chase, pero es una excusa perfecta para no tener que pensar en lo que sientes por Sloane. -Román carraspeó. -Ahora estás eludiendo esa responsabilidad.

– ¿Puedes repetirme en qué te licenciaste? -preguntó Chase con sarcasmo. -Porque no recuerdo que estudiaras psicología.

Román puso los ojos en blanco.

– No hace falta ser ninguna lumbrera para saber cómo eres.

– ¡Eh, chicos! -los interrumpió la voz aguda de Pearl mientras entraba por la puerta principal.

– Creía que estabas en casa de Raina -le dijo Rick mientras observaba a Pearl subir la escalera y dirigirse a la cocina.

– Lo estoy, pero antes me has sacado a toda prisa y me he olvidado los brownies. -Apoyó una mano en la cadera y agitó un dedo frente a Rick. -¿Qué clase de invitada no lleva un regalo a su anfitriona? Raina tendrá que soportarme hallándose delicada de salud, así que he vuelto a por los pastelitos. Porque soy una persona agradecida -prosiguió- y porque Charlotte está embarazada y le apetece comer chocolate.

– ¿Y dónde están los brownies? -le preguntó Rick al ver que no llevaba nada en las manos.

Chase pensó que Rick tenía hambre.

– Fuera, en el coche, con Eldin. -Pearl señaló hacia el exterior. -Pero deberías saber que Samson se ha marchado, no está en la casa en lasque le dijiste que se quedara. Cuando me he dado cuenta de que no estaba allí, no he querido que me detuvieran como cómplice de un delito al no 'informar de su desaparición. -Asintió con la cabeza, convencida de haber hecho lo correcto.

Y eso había hecho, pensó Chase, aunque sus motivos no tuvieran sentido y fueran sesgados. ‹

Rick le rodeó los hombros con el brazo y comenzó a conducirla hacia la puerta principal.

– Has hecho lo que debías -le aseguró.

Pearl volvió a asentir.

– Ah, y hay algo más que debería haberte dicho antes. Rick ladeó la cabeza y se detuvo. -¿El qué?

– Samson ha dicho que hay un hombre que no deja de pedirle indicaciones, y que ese mismo hombre aparece en todos los lugares a los que Samson va. Cuando le sugerimos que te lo contara, dijo que no estaba preocupado, puesto que ese tipo había tenido muchas oportunidades para «cargárselo», si es que ésa era su intención. -Pearl cerró los puños dentro de los bolsillos del delantal. -Pero Samson es terco, y no confía en que nadie lo ayude. Hace años que no se fía de nadie. -Hundió la cabeza y añadió: -Creía que deberías saberlo.

Chase respiró hondo y soltó el aire, preocupado. Mientras Rick acompañaba a Pearl hasta el coche, Chase se dio cuenta de dos cosas. Los sermones de sus hermanos lo habían distraído y no había vigilado la casa de invitados por la ventana para asegurarse de que Samson no se escabullera. Y si Samson estaba por ahí, no podía dejar sola a Sloane. No estaba segura.