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– En seguida -dijo Román mientras sacaba el móvil del bolsillo y Rick perseguía al fugitivo.

Chase corrió hacia la cabaña, presa del pánico. No recordó haber subido la escalera, pero sí fue consciente de haberse deslizado en el interior de la estructura y haber visto a Sloane desmayada en el suelo. La sangre había empapado la vieja chaqueta de Samson, que hacía las veces de torniquete y de venda para detener la hemorragia.

Se le encogió el estómago, el miedo se apoderó de él y el corazón comenzó a palpitarle cada vez más rápido.

– Román acaba de llamar a la ambulancia -le dijo Chase a Samson antes de arrodillarse junto a Sloane y tomar su mano helada entre las suyas.

El hombre, consternado, caminaba de un lado para otro mascullando para sí.

– ¿Qué ha pasado? -logró preguntarle Chase, aunque tenía la boca completamente seca.

– ¿A ti qué te parece, genio? -Samson lo miró frunciendo el cejo. -Aquí no pintas nada.

– No pienso discutir en estos momentos. ¿Qué ha pasado? Es decir, aparte de lo más obvio -le preguntó de nuevo, cada vez más impaciente y enfadado. Enfadado consigo mismo, y con el destino, por haberse aprovechado de su estupidez al dejar a Sloane sola.

Samson se pasó una mano cansada por los ojos y, por primera vez, Chase sintió pena por un hombre que sin duda estaba sufriendo tanto como él.

– He venido a buscarla -respondió Samson. -Ella llevaba aquí un rato, pero quien me ha disparado seguramente no lo sabía, porque sólo me seguía a mí.

Chase apartó un mechón de pelo del rostro de Sloane y le preocupó el hecho de que ella ni siquiera se estremeciera.

– ¿Es una suposición o sabes a ciencia cierta que te seguían? -le preguntó sin volverse para mirarlo.

– Lo sé. -Samson se sonrojó. -Alguien me ha estado siguiendo y vigilando mis movimientos.

Chase apretó los dientes y, al observar el rostro pálido de Sloane y la falta de respuesta a sus estímulos, ya fuera apretarle la mano o susurrarle al oído, volvió a sentir que el miedo lo devoraba.

– ¿Y no has informado de ello a la policía ni has llamado a Rick por algún motivo en especial? -Chase arqueó una ceja con amargo sarcasmo.

– No confío en nadie. Creía que no había dejado rastro alguno. Tú ni siquiera te has dado cuenta de que me había marchado de la casa. Al menos no de inmediato. -Samson alzó el mentón con un gesto desafiante que no engañó a Chase.

Tema los ojos húmedos y le temblaba la voz. Estaba al borde de un colapso nervioso fruto de la culpa y la preocupación y, aunque a Chase le apetecía darle una buena tunda, sabía que él también era culpable de aquella situación.

Los dos le habían fallado a Sloane.»

– Escúchame bien. Tal vez ha llegado el momento de que confíes en alguien, al menos PARA evitar que ella sufra más.

– Ha hablado el experto -bufó Samson irónico.

Por suerte, se oían ya las sirenas de la ambulancia a lo lejos, lo cual evitó que la discusión fuera a más. A Sloane no le serviría de nada y si Rick atrapaba al fugitivo, todo lo demás no importaba, pensó Chase.

Salvo Sloane, la mujer a la que amaba y a la que tal vez perdería si continuaba desangrándose. Le acarició la mejilla con una mano temblorosa, tratando de no mirar hacia la mancha roja que atravesaba ya la chaqueta. Parecía haber perdido mucha sangre y seguía inconsciente, pensó mientras el miedo lo atenazaba. Había empezado a preocuparse desde que se había imaginado que Sloane estaría con Samson, y su preocupación había ido en aumento a medida que transcurrían los minutos.

La había dejado sola, expuesta a cualquier peligro, y ahora tal vez no tendría la oportunidad de decirle que lo sentía, que la amaba, que no quería perderla.

Sin embargo, ¿qué significaba eso para el futuro que había soñado? Un porvenir sin familia ni responsabilidades. Negó con la cabeza, ya que sus deseos se burlaban de él; su madre ya era una gran responsabilidad, y seguiría siéndolo aunque se casase con Eric. Las costumbres arraigadas no desaparecían tan fácilmente. Nunca se libraría por completo de sus responsabilidades.

Y comenzaba a darse cuenta de que eso era precisamente lo que quería. No quería acabar viejo y solo. Y si Sloane moría, eso sería lo que le pasaría.

CAPÍTULO 16

Una herida en el hombro. La bala se lo había atravesado limpiamente, o al menos eso era lo que Chase creía haber oído decir a uno de los médicos de urgencias. Pero quería confirmarlo; se dirigió hacia un tipo que parecía recién licenciado y le dio una palmadita en el hombro.

– Perdona. Necesito ver a Sloane Carlisle.

– Está con el médico -respondió el otro sin mirarlo.

Un médico que sin embargo no era Eric, pensó Chase, porque éste todavía no había llegado al hospital.

– ¿Cómo está? La última vez que la vi estaba inconsciente y había perdido mucha sangre. -Se estremeció al recordarlo.

– ¿Eres un familiar? -le preguntó el tipo sin apenas apartar la mirada de las gráficas de evolución. -Sólo puedo revelar información sobre los pacientes a los familiares.

– Sí, sí, soy un familiar -masculló Chase mintiendo con suma facilidad.

En realidad, lo único que lo urna a Sloane era un repentino deseo de hacerla suya y no dejarla marchar nunca.

– ¿Eres su… hermano? -conjeturó el joven médico mientras finalmente alzaba la vista.

Chase negó con la cabeza como un tonto, y a punto estuvo de decir que era su marido. Pero no habría podido. En el hospital lo conocían muchas personas, y era público y notorio lo mucho que él siempre se había jactado de no estar casado, sobre todo tras convertirse en el último Chandler soltero.

El médico miró a Chase con conmiseración.

– Vale, colega, quieres ver a tu novia. Lo pillo. Pero no podrás hasta que esté consciente y se permita la entrada a las visitas. -Le dio una palmadita en el hombro. -Lo siento.

– Gracias. -Chase se volvió, cabreado con el joven, pero sobre todo cabreado consigo mismo.

Como periodista, muchas veces había fingido ser quien no era para poder ver las situaciones de primera mano, pero eso no podía hacerlo en un pueblo donde todos se conocían. Sin embargo, Sloane se hallaba postrada en una cama de hospital y Chase no sabía cómo estaba, por lo que no hacía más que darle vueltas a algún método para colarse. Menudo periodista de pacotilla, ni siquiera era capaz de acercarse a la persona que más le importaba en el mundo.

El corazón le palpitaba con fuerza y la adrenalina le corría por las venas, no pensaba con claridad y lógica, lo cual reafirmaba sus sentimientos. Como si hubiera dudado de ellos. No, no, ya no dudaba de ellos. Sabía lo que sentía y lo que quería… que Sloane formara parte de su vida para siempre. Sin embargo, de momento, le bastaría con verla abrir aquellos hermosos ojos verdes.

Consultó la hora y se dio cuenta de que sólo habían pasado diez minutos desde que había seguido a la ambulancia hasta el hospital, sintiéndose más impotente y asustado que nunca. Incluso más que cuando su padre había muerto cuando él tenía dieciocho años y, de repente, se había convertido en el cabeza de familia sin tener la más mínima preparación para ello.

Chase gimió. Diez minutos no bastaban para que los médicos curasen a Sloane, ni tampoco para que Rick arrastrara al sospechoso a la comisaría para asegurarse de que lo procesaran como era debido. Su hermano había atrapado al fugitivo, pistola en mano, en la finca del vecino, antes de que llegase a la camioneta que había aparcado en la esquina. Chase confiaba en que Rick se ocupase de aquel asunto.

Mientras tanto, se sentó cerca de las puertas de urgencias por las que se habían llevado a Sloane. Con los dientes apretados, se obligó a esperar, a que llegase Eric en lugar de irrumpir en la sala de urgencias, exigir respuestas y que le permitiesen ver a Sloane. Tendría que esperar la llegada de Eric para que éste lo ayudase a saltarse las restricciones y medidas de seguridad del hospital.