– Estoy orgullosa de ser tu hija -le dijo Sloane. -Y eso no cambiará nunca.
– Entonces, ¿estamos de acuerdo? -preguntó Michael a los presentes. -¿Convocamos una rueda de prensa?
– No -intervino Madeline. -No podemos.
– ¿Por qué no? -preguntó Sloane. -Papá tiene razón. Es lo lógico.
Madeline cambió de postura, cruzó las piernas y luego las descruzó.
– Estoy de acuerdo en revelar la verdad, pero tendrá que ser de otro modo. Le prometí la exclusiva a cierto periodista.
Madeline no quiso enfrentarse a la mirada inquisitiva de Sloane, lo cual proporcionó a ésta toda la información que necesitaba.
– ¿Ah, sí? -Michael arqueó una ceja. -,¿Y quién se merece la primicia de su vida? Es decir, si no te importa compartir la respuesta conmigo, tu marido, la persona con la que no tienes secretos.
Sloane observó a su padre y luego a su madrastra. Al igual que Michael, esperó a que Madeline respondiera, aunque, a diferencia de Michael, ella ya sabía la respuesta.
Madeline se sonrojó pero no titubeó ni tampoco parecía muy preocupada por la reacción de su marido.
– Le prometí la exclusiva a…
– Chase Chandler -interrumpió Sloane. -Le prometiste la exclusiva a Chandler a cambio de que velara por mi seguridad, ¿no? -le preguntó, aunque no necesitaba que se lo confirmase. Le bastaba el instinto.
Aunque Chase había admitido ante ella que Madeline le había pedido que la vigilara, nunca había mencionado ninguna compensación. Sloane debería haberse imaginado que el periodista iba a llevarse algo a cambio. Le dolía el hombro, le dolía el corazón y ahora también le dolía la cabeza.
– Me pareció prudente. -Madeline se miró la falda y esperó a que el jurado pronunciase su veredicto.
A Sloane le daba igual. Lo hecho, hecho estaba. Además, nada habría cambiado el resultado de su relación con Chase.
Michael dejó escapar un largo suspiro.
– Teniendo en cuenta que protegías a tu hija, aplaudo la decisión. Parece que le debemos una historia a ese hombre.
Sloane cerró los ojos. Sabía que eso acabaría ocurriendo. De un modo u otro, Chase escribiría la historia de Sloane, explicaría quiénes eran sus padres y tendría la primicia de su vida. En cuanto lo hubiera hecho, en cuanto hubiera demostrado que era el periodista que había deseado ser, tendría vía libre para vivir la vida que había soñado. Artículos importantes y nada de familia ni responsabilidades.
Lo que siempre había querido. Sloane deseó no haberlo perdido en ese proceso, aunque ella fuera el vehículo de su éxito.
– Concierta una cita con Chase Chandler -le dijo Michael a Kate, ajeno al dolor y desasosiego de Sloane.
A juzgar por la expresión de su madrastra, Madeline sabía perfectamente lo que Sloane estaba pensando. O, más bien, sintiendo. Pero daba igual, porque ni siquiera el abrazo de una madre la curaría.
Llamaron de nuevo a la puerta y entró Eric. Con la bata blanca, el estetoscopio colgando y la expresión preocupada, parecía un médico serio y no el despreocupado pretendiente de Raina.
– ¿Todo bien? -preguntó.
Sloane asintió y luego comenzó las presentaciones. Cuando hubieron acabado, Eric miró a Sloane.
– Hay alguien que quiere verte. Ahora que ya has estado con tu familia, me temo que si te niegas a recibirlo acabará causando importantes destrozos en el hospital.
– Chase. -Sloane no tuvo que preguntárselo, ya lo sabía.
– Sí -repuso Eric con una sonrisa amable y paternal.
– No sé si está preparada -dijo Madeline, colocándose entre el médico y Sloane. Madeline sabía qué era lo que Sloane sentía por Chase y estaba respondiendo en su lugar. Se comportaba como una madre protectora y Sloane se percató de que su madrastra y ella tenían que ponerse al día.
– ¿Sloane? -le preguntó Eric por encima del hombro de su madrastra, esperando con paciencia a que se decidiese.
– Mi familia tiene asuntos de los que ocuparse -dijo con mordacidad, mirando a Madeline. -Tienes que ayudar a papá. -Todos sabían a qué se refería.
– Planead la mejor estrategia y dejad que Eric vaya a buscar a Chase. -Respiró hondo. -Sabré arreglármelas sola -dijo, con más seguridad de la que sentía, sobre todo teniendo en cuenta que los medicamentos la habían dejado agotada, y el dolor debilitada.
Después de que Madeline protestara un poco, Sloane la tranquilizase y Michael condujese a su séquito fuera de la habitación, Sloane se quedó sola. Sola para serenarse, encontrar las palabras más adecuadas y la fuerza necesaria para despedirse de Chase.
CAPÍTULO 17
Chase esperó a que la familia de Sloane se hubiera marchado y luego le dejó a la chica unos minutos a solas antes de entrar en la habitación. No le resultaba fácil ser paciente, pero esperaba que la recompensa valiera la espera. Llamó una vez y entró mientras el corazón le latía a toda velocidad y notaba un nudo en la garganta. En esos momentos, se sentía presa de todos los tópicos y el instinto le decía que aquel cúmulo de emociones únicas y extraordinarias era normal. Al fin y al cabo, ¿cuándo era la última vez que había puesto el corazón a la disposición de una mujer?
Tragó saliva, miró a Sloane por primera vez desde que la viera en el suelo, inconsciente y ensangrentada. Ahora estaba en la cama, hermosa con el típico camisón blanco de hospital. Aunque estaba pálida, el pelo cobrizo le otorgaba un aspecto vivo que le alegró el corazón.
– Hola, cariño. -Dio un paso adelante y se sacó de detrás de la espalda las flores que le había comprado al entrar. -Está claro que sabes cómo asustar a un hombre.
Sloane se echó a reír, pero la conocía lo suficiente como para reconocer la tensión subyacente.
– No tiene nada de malo intentar mantener el interés.
Es lo que ella hacía, con creces. Lo cual probablemente fuera una de las razones por las que aquella mujer le llegaba a lo más hondo, cuando tantas otras lo habían intentado en vano. Sloane no tenía que hacer ningún esfuerzo. Estuvo perdido desde el día en que la había visto por primera vez, aunque en aquel momento no se había dado cuenta y había luchado contra ello.
Pero cuanto más conocía a Sloane Carlisle, su fortaleza y determinación, su fuerza de voluntad y su lealtad, mayor era el efecto que causaba en él. Quería que formara parte de su vida y se alegraba sobremanera de haberse dado cuenta por fin. Se acercó a la cama, se acomodó a su lado y dejó las flores en la bandeja de la mesita.
– No hacía falta que trajeras flores. -Sonrió agradecida de todos modos.
Chase se encogió de hombros.
– No tenía nada mejor que hacer mientras esperaba que me dejaran entrar.
Sloane se echó a reír. -Eres un encanto.
– Lo intento. -Chase sonrió ampliamente, contento de verla en su habitual estado burlón. Y siempre y cuando no dirigiera la vista al vendaje, casi se convencía de que no había estado a punto de morir.
Tomó aire de forma superficial.
– ¿Te duele mucho?
– No. La morfina amortigua el dolor. -Señaló el gota a gota que llevaba en el brazo.
Chase hizo una mueca, al tiempo que meneaba la cabeza.
– Ojalá fuera yo quien estuviera ahí.
– Estoy bien -le aseguró ella.
Chase apretó los puños con fuerza.
– Pero yo no. Tema que haber estado contigo.
– Entonces Samson no habría venido. Conecté realmente con él, Chase. -Se llevó la mano sana al pecho. -Quiero decir que estaba empezando a comprenderlo mejor. Eso no habría ocurrido si hubiéramos tenido público.
Chase apretó los dientes aceptando su respuesta. Pero seguía culpándose por haberla dejado sola.
– Prometí que no te pasaría nada.
– ¿A quién se lo prometiste? ¿A Madeline? -preguntó ella. No era propio de Sloane volver al meollo del asunto, pensó Chase.