Выбрать главу

– No, cariño. Me lo prometí a mí mismo. -Le apartó un mechón de pelo de la frente y aprovechó para ir bajando los dedos y acariciarle la suave mejilla. -Te fallé.

– ¿Y eso resulta inaceptable para un salvador como Chase Chandler? -Señaló su mayor defecto con un atisbo de resentimiento en la voz.

– ¿Acaso eso es malo? -preguntó.

Sloane negó con la cabeza lentamente.

– Por supuesto que no. ¿Cómo voy a criticar los rasgos que te convierten en un hombre excepcional?

– Mejor que no me canonices todavía -dijo con ironía. -Sobre todo desde el momento en que nada cambia el hecho de que te desee con locura, que quiera introducirme en tu interior y demostrarnos a los dos que estás viva. -No pretendía sorprenderla sino explicar la cruda realidad.

Sloane rió con dulzura.

– No te preocupes, no pienso proponer que te santifiquen. -Le colocó una mano cálida encima de la de él. -Y yo también te deseo. Mucho. Probablemente demasiado. Y siempre será así. Ese es el problema.

Chase sintió un profundo alivio. Obviamente no la había apartado, por mucho que, como un verdadero idiota, lo hubiera intentado.

– No veo cuál es el problema.

Ella le apretó la mano con más fuerza.

– Me lié contigo. He vivido el momento y me propuse disfrutar contigo al máximo, pensando que luego, cuando volviera a casa, ya me las apañaría. Pero acaban de dispararme. -Meneó la cabeza y entonces tuvo que soltarle la mano para apartarse el pelo de la cara.

Chase echó de menos su calor y esperó que no se tratara del preludio de una retirada más importante.

– Me he dado cuenta de que la vida es demasiado corta como para conformarse con menos que lo mejor -le dijo, mirándolo a los ojos.

– Entonces tengo que insistir. No veo ningún problema, porque yo he llegado a la misma conclusión. -El corazón le latía a un ritmo desconocido para éclass="underline" el miedo, la emoción y la adrenalina se combinaban para ponerlo al límite. -Te lo diré una vez, te quiero, Sloane. Antes pensaba que lo lamentaría pero ahora quiero actuar en consecuencia. Quiero pasar el resto de mi vida contigo -declaró, intentando respirar y conteniendo la respiración al mismo tiempo, mientras aguardaba su respuesta.

Sloane cerró los párpados. Una única lágrima se deslizó por su mejilla. El la recogió con el pulgar y saboreó la humedad sacada que la convertía en parte de él de un modo tan minúsculo pero íntimo.

– Estás preparado para pasar el resto de tu vida conmigo. Ahora, después de que casi me perdieras. -Exhaló un largo suspiro. -Claro que sí -dijo sin alegría en la voz. Sin emoción.

– ¿Sloane? -preguntó él lleno de temor cuando antes había habido unidad y satisfacción. -¿Qué está pasando por esa bonita cabeza tuya? -Porque, fuera lo que fuese, tendría que hacerle olvidar esos pensamientos negativos.

Ella se humedeció los labios antes de hablar.

– Es conocida la lealtad que sientes por tu familia, Chase. Necesitas proteger. Te he visto en acción y es un sentimiento en ti muy fuerte. Admirable, incluso. Y, por supuesto, te sentirías culpable si pensaras que me has fallado de alguna manera.

Chase entrecerró los ojos y optó por dejarla acabar antes de presentar su contraargumento.

Sloane iba describiendo círculos con la mano encima del vendaje, como si quisiera reconfortarse mientras hablaba.

– Igual que cuando tu madre se puso enferma. Te sentías tan culpable por no estar allí que te plantaste a su lado en el hospital y luego en su casa. No querías que yo estuviera contigo. De hecho me echaste, ¿recuerdas?

De nuevo Chase se limitó a asentir. Que expusiera sus argumentos, se dijo, luego él se los contrarrestaría uno a uno. Pero tenía un nudo en la garganta y el miedo lo iba embargando poco a poco, lo cual lo hacía dudar. ¿Y si no conseguía convencerla?

No, se negaba a creerlo. La convencería.

– ¿De qué tienes miedo, cariño? -preguntó con voz queda. Al fin y al cabo, le habían disparado y ahora se cuestionaba todo su mundo y a él.

Sloane lo miró con los ojos empañados en lágrimas.

– No es miedo, es certeza. Creo que me quieres.

– Eso es buena señal.

.Sloane soltó una carcajada un tanto forzada. -Ningún hombre insiste en ello si no va en serio. El se pasó la mano por el pelo, confundido. -Entonces, ¿qué pasa?

– Estás dejando que el sentimiento de culpa te empuje un paso más allá y te haga pensar que «Te quiero» significa para siempre. No es así, Chase. Te estás dejando llevar por la culpabilidad.

– No…

– Déjame acabar -ordenó de una forma poco propia de Sloane. -Chase Chandler, el salvador. Es el papel que mejor se te da. Lo he visto muchas veces desde que nos conocimos. Pero nunca antes había habido una situación de vida o muerte. No estabas conmigo cuando me dispararon, y por eso crees que tienes que estar conmigo para siempre. Para protegerme de todo lo que me pueda pasar. -Alzó la voz: hablaba claro y hablaba en serio.

Y cada una de las palabras que brotaban de sus labios voluptuosos estaba empapada de una certeza absoluta. No iba a convencerla con tópicos y Chase lo comprendió: ella le había expuesto los motivos por los que desconfiaba de sus palabras.

– Bueno, hasta cierto punto tienes razón. Quiero protegerte y estar contigo para siempre. Pero no porque me sienta culpable. -Se levantó y empezó a ir de un lado a otro de la habitación. -Sé cuáles son mis sentimientos -aseguró, ofendido por el hecho de que ella pensara lo contrario independientemente de lo que hubiera dicho o hecho en el pasado.

Sloane exhaló un suspiro.

– Chase, te hiciste cargo y sacaste adelante una familia por pura necesidad. Tú mismo dijiste que esa época ya había acabado. Podrías haber dicho perfectamente «Ahora ya sé lo que es».

– Cruzó un brazo sobre el pecho. – Nada ha cambiado «parte de mi encuentro con la muerte. Y, al igual que con el cara a cara con la muerte de tu madre, te has puesto en plan «No voy a dejarte». Pero no te preocupes, se te pasará -dijo, con excesivo cinismo para el gusto de Chase.

– ¿Qué te hace estar tan segura de que lo sabes todo?

– Todo no, pero a ti te conozco.

Fue hacia ella, apoyó las manos en las almohadas sobre las que estaba recostada y se le acercó. Tanto que podía enterrar el rostro en su cabello, aunque se levantó un poco para explicarse.

– Yo también me conozco, y he cambiado.

– Es temporal -insistió ella, haciendo sobresalir el labio inferior con determinación.

– Es imposible que esto sea temporal. -Apresó su boca con la de él, sin aceptar vacilaciones ni argumentos, atrajo su voluptuoso labio inferior al interior de su boca y la saboreó. Su boca cálida y húmeda le decía que estaba viva, que no la había perdido ni la perdería.

Decidido a convencerla, a hacerla suya, profundizó el beso, hizo que su lengua asumiera el mando y recorriera los húmedos rincones de la boca de Sloane. Hasta que no estuvo convencido de haber dejado su impronta en cada milímetro no suavizó el beso, y luego se excitó todavía más disfrutando del roce sensual de sus labios.

Entonces se separó de ella en contra de su voluntad.

– Estamos hechos el uno para el otro, cariño. -Apoyó la frente en la de ella.

– No mientras te sientas obligado. Y no quiero que cargues con una esposa a la que no dejarás por sentirte demasiado culpable. -Tomó aire y luego pronunció las palabras que suponían su perdición: -Adiós, Chase.

Chase salió de la habitación de Sloane como un autómata. Fuera de la vida de ella. No era definitivo, se dijo, pero no estaba convencido, no sabía cómo recuperarla ni cómo reaccionar a sus sentimientos. Sentimientos que se había esforzado por cimentar en su mente.

Seguía dando vueltas a esas mismas ideas cuando pisó la redacción del Gazette por primera vez en toda la semana. Evitando las miradas del personal y esquivando a Lucy antes de que empezara a hacerle preguntas, se atrincheró en su despacho sin ni siquiera responder al teléfono. Estaba tan ensimismado que ni siquiera oyó que lo llamaban hasta que Madeline Carlisle tamborileó con sus dedos impecables sobre el viejo escritorio.