Выбрать главу

Unos minutos más tarde, mientras continuaba navegando a la búsqueda de posibles informaciones sobre la sociedad Dermod, una ventana se abrió para indicarme que había recibido un mensaje privado en el foro. Lo abrí.

«Vigo, aquí no… Este foro no es seguro. Estaremos mejor en el canal IRC de nuestro servidor. Conéctese enseguida a hacktiviste.com con el nombre de usuario de Vigo. En cuanto a ña contraseña, le toca a usted adivinarla…»

Fruncí el ceño. Tenía la impresión de estar en un folletín americano de mala calidad; pero si quería saber más, me veía obligado a seguirle el juego. Seguí las instrucciones del hacker. Tecleé la dirección del servidor en el navegador.

Una ventana se abrió y me pidió mi nombre de usuario y una contraseña. En cuanto al primero, tecleé «Vigo»; pero, respecto a la contraseña, iba a tener que adivinarlo yo solo… Dudé. Seguramente, debía de tener alguna relación con mi historia. Tecleé «protocolo88». No funcionó. Demasiado evidente. Probé con «feuerberg», y después con «dermod», con el mismo éxito. Me acordé, entonces, del asunto que había hecho célebre a SpHiNx, y tecleé «jordán». Tampoco era ésa. Lo intenté con «agnès», después con «ravel»… Pero seguían sin ser la contraseña. Elhacker tenía que haber elegido, a la fuerza, una palabra que él supiera que yo podía encontrar solo, y que yo también sabía que él conocía. Necesitaba, pues, una referencia común, que nos uniera. Volví a pensar en la primera vez que había visto el nombre de SpHiNx: en el hotel. Tecleé la palabra «Novalis». Pero tampoco, no era eso. Empecé a impacientarme. ¡Menuda idea! ¡Dejarme adivinar a mí solo la contraseña! ¡Había miles de contraseñas posibles! Reflexioné. ¿Qué había dicho elhacker exactamente? «En cuanto a la contraseña, le toca a usted adivinarla.» Sonreí. Tal vez era tan simple como eso. Tecleé «le toca a usted adivinarla». El navegador se conectó enseguida al sitio.

Era una página de alto diseño tecnológico, negra y verde fluorescente, con numerosas noticias colgadas, más o menos ligadas a la seguridad informática, o bien diversos casos candentes en los que debía de estar trabajando SpHiNx, como el grupo Carlyle, el programa «Petróleo por alimentos» en Irak, el grupo Bilderberg…

En la parte superior de la página, vi unos enlaces a varias subcategorías del sitio. Una de ellas se llamaba «canal IRC». Cliqué encima. Se abrió una ventana de conversación. Entonces, vi aparecer el nombre delhacker.

›¡Bravo! Ha encontrado usted la contraseña…

Las palabras aparecieron en la parte superior de la ventana, en verde sobre un fondo negro. El símbolo «›» parpadeaba en la línea, como si el ordenador esperara mi respuesta. Titubeé. Miré a mi alrededor. Nadie parecía prestarme atención. Me decidí a responder.

›Sí…

›Perdón por las precauciones. Nos vigilan de cerca. Pero aquí, estamos en nuestra casa, estamos tranquilos. Hemos cerrado todos los accesos.

Sonreí. Este tipo debía de estar todavía más paranoico que yo.

›¿Ha podido dejar el apartamento a tiempo?

›Sí.

›Perfecto. Nos temíamos que fuera demasiado tarde.

›¿Nos? ¿Sois varios?

›Sí. SpHiNx es un nombre de grupo…

›¿Y ahora, con quién hablo?

›Con dos de nosotros.

›¿Puedo saber sus nombres?

›¿Y en qué le ayudaría eso?

›Ni siquiera sé quiénes son, y ustedes parecen saber muchas cosas sobre mí.

›Bueno, considérenos dos ciberperiodistas de investigación.

›Eso no basta.

›Le daremos nuestros nombres cuando llegue el momento. No aquí.

Decidí no seguir insistiendo. Lo esencial seguía siendo sacarles el máximo de información, pero no podía evitar guardarles cierta desconfianza.

›¿Qué fin persiguen?

›¿A qué se refiere?

›SpHiNx… ¿Qué es su grupo? ¿A qué se dedica exactamente?

›Buscamos la verdad. Internet es el último lugar en el que la libertad de expresión tiene todavía cierto sentido.

›Si usted lo dice…

›Utilizamos la Red para denunciar escándalos políticos o financieros. Pensamos que el público tiene derecho a que lo pongan al corriente, y la prensa institucional no siempre hace su trabajo…

Todavía me costaba darme cuenta de que estaba conectado en línea con los tipos que me habían enviado ese misterioso mensaje a mi hotel. Para mí, habían sido completamente irreales. Y, sin embargo, en ese momento, estaba discutiendo con ellos. Quizá podría, al fin, saber más.

›¿Qué es lo que me garantiza que es usted quien dice ser y que usted quiere realmente ayudarme?

›Nada. Pero ahora sabe que el mensaje que le dejamos en su hotel estaba justificado. Y ya ha debido usted de hacer sus pequeñas investigaciones sobre nosotros, ¿no? Sabe usted que somos gente seria.

Gente seria, no estaba completamente seguro de ello… Pero Agnès había considerado que tenían una cierta credibilidad, que ya era algo. De todas maneras, no podía hacerme el difícil. Necesitaba desesperadamente informaciones.

›¿Su amiga está con usted?

¿Mi amiga? Probablemente conocían la identidad de Agnès. ¡Tenían que conocerla a la fuerza, porque nos habían recomendado que saliéramos de su apartamento! Tendría que acostumbrarme a que esos tipos supieran tantas cosas, y seguramente más de las que querían admitir.

›No. Ha preferido… retirarse de este asunto. Esos tipos han saqueado su apartamento…

›No ha sido muy astuto por su parte confiar en un policía…

›Ella es de fiar.

›Eso esperamos por su propio bien. No obstante, en el futuro, desconfíe.

Empezaba a impacientarme. No estaba seguro de que me gustara su condescendencia. Después de todo, estaba en mi derecho de desconfiar de ellos tanto como de Agnès. ¡No conocía su identidad, y nada me aseguraba que no trabajaran para el enemigo! Pero no era el momento de hacerse el difícil.

Decidí ir directo al grano.

›¿Qué es el Protocolo 88?

›Todavía no lo sabemos.

›Entonces, ¿por qué me ha dejado ese mensaje? ¿Y cómo está usted al corriente de todo este asunto?

›Dimos con ello por azar, mientras hacíamos unas investigaciones sobre otro caso.

›¿Qué caso?

›Nuestro servidor ha sido víctima de varios ataques durante los últimos meses. Desde luego, eso nos pasa todos los días; pero estos ataques eran especialmente perniciosos, y provenían todos de la misma fuente. No hemos podido identificar con precisión a los autores de esos ataques, pero hemos conseguido ver que se ejecutaban desde la sede social de una sociedadoffshore sobre la que estamos investigando.

›¿Qué sociedad?

›Dermod.

Fruncí el ceño. Dermod. La misteriosa sociedad que era propietaria del apartamento de mis padres. Así que había sido ella la que había puesto a loshackers tras mi pista.

›¿Qué sabe usted sobre Dermod?

›No gran cosa. Sabemos que es una especie de grupooffshore. Su ocupación principal es la importación y exportación, pero es verdaderamente difícil conocer sus actividades reales. Desde luego, no trabajan en el textil. Nos hemos preguntado por qué uno de sus miembros tendría interés en atacar nuestro pequeño sitio y, por tanto, hemos llevado a cabo una investigación. Al piratear una parte del servidor interno de Dermod, dimos con unos documentos asombrosos. Uno de ellos nos condujo hasta usted.

›¿Qué tipo de documentos?

›Estamos analizándolos. La mayoría están codificados, y no todo está muy claro. Pero, entre los que hemos podido descifrar, había una copia del contrato que unía a sus padres con la sociedad Dermod.

›¿Cómo?

›Me temo que esto puede entristecerlo…

›Empiezo a estar acostumbrado.

›Era un contrato entre sus padres y Dermod, que precisa específicamente la cantidad de la pensión que sus padres recibían a cambio de sus servicios.