– ¿Por qué nunca los recibí?
– Lo ignoro. Dermod ha podido interceptarlos. O puede ser que sus padres filtraran su correo.
Pensándolo bien, era muy posible… En todo caso, era la explicación más probable. Mis padres y yo compartíamos el mismo ordenador, y varias veces me había preguntado (como un adolescente desconfiado) si mi madre no leería mi correo.
– El primer mensaje -continuó Lucie- concierne a la torre SEAM, y se nota claramente la obsesión, eh…, mortal que el buen hombre cultivaba respecto al edificio… El segundo tiene que ver con un misterioso «Comandante L.». Es un largo panfleto sobre una especie de espía, pero que no da la impresión de ser muy realista. Francamente, este Reynald debía de estar un poco tarado; es difícil saber qué hay de real en lo que cuenta… Pero hay cosas más interesantes todavía. Hemos encontrado un tercer correo electrónico muy, muy curioso… Figúrese que, la víspera de los atentados, envió un correo a veinte personas, y entre ellas… también a usted, Vigo.
– ¿Y qué decía su mensaje?
– También ése era bastante raro. Un poco borroso, si puedo decirlo. El asunto especificado no es otro que nuestro famoso «Protocolo 88», y el contenido retoma especialmente las cosas que estaban expuestas en el muro en el estudio de Reynald. Mire.
La joven nos tendió una hoja impresa. Me acerqué a Louvel y leí por encima de su hombro.
De: Gérard Reynald
Fecha: 7 de agosto, 15.50
Para: undisclosed recipients
Asunto: Protocolo 88
Brotes transcraneanos, 88, es la hora del segundo mensajero.
Hoy, los aprendices de brujo en la torre; mañana, nuestros padres asesinos en el vientre, bajo 6,3. Lo hago por todos nosotros.
Espero llegar hasta el final [El segundo mensajero llama. Es como una gran montaña ardiente de fuego. Ha sido arrojada al mar. Un tercio del mar se convierte en sangre.] (Apocalipsis 8,8).
– ¿Qué es toda esta jerigonza? -resopló Louvel.
Lucie se encogió de hombros.
– La… La primera frase -balbuceé-. Es la que oí en la torre justo antes de la explosión. Los pensamientos de Reynald… Debía de repetirse esta frase como en un bucle.
Louvel frunció el ceño.
– ¿Ésta es la frase que le hizo salir corriendo de la torre?
– Sí…
Asintió, como si empezara a entender por fin.
– ¿Tenéis una idea de lo que esto puede querer decir? -preguntó dirigiéndose tanto a mí como a Lucie.
– Claramente, anuncia el atentado del 8 de agosto -sugirió la joven.
– Ha debido de querer prevenirnos -continué.
– ¿Quiénes son esos «nos»?
– No lo sé… La gente que esté implicada… «Lo he hecho por todos nosotros.» ¿Han podido identificar a los otros destinatarios del correo electrónico?
– No, todavía no. Pero hay una cosa sorprendente: en la lista de destinatarios hay un seudónimo que corresponde a cada dirección de correo electrónico. Y el suyo era: «Il Luppo». ¿Eso le dice algo?
Reflexioné.
– No, no veo qué…
– Eso quiere decir «el lobo», en italiano… Todos los otros apodos son del mismo género: nombres de animales…
Me estremecí. El lobo. Deslicé lentamente la mano hasta mi hombro, con los ojos desmesuradamente abiertos.
– ¿Qué ocurre? -me preguntó Louvel, al ver mi estado de consternación.
– Tengo… Tengo un tatuaje en el hombro. Nunca he sabido de dónde venía. No me acuerdo…
– ¿Y qué es?
– Un lobo.
Hubo un corto instante de silencio. Cada uno reflexionaba en su rincón. Poco a poco, las piezas de un rompecabezas todavía vago se colocaban en su sitio.
– Bueno -declaró finalmente Louvel-, resumamos. Todo lo que se puede concluir por ahora es que Reynald ha querido prevenir a un grupo de veinte personas, a quienes visiblemente concernía el famoso protocolo 88, a propósito del atentado. Que esas veinte personas (a las que parece referirse con el nombre de «brotes transcraneanos») tendrían para él un apodo que, en su caso, se corresponde con un tatuaje. Se puede igualmente suponer que ha elegido simbólicamente la fecha del 8 de agosto para hacerlo coincidir con la cifra 88, y que parece relacionarse extrañamente con el Apocalipsis 8,8…
– Sí. Quizá no es más que un delirio esquizofrénico… Una tendencia a ver analogías por todas partes… O a ver en todo algo oculto, simbólico. La relación entre este texto y nuestro asunto parece un poco traída por los pelos. Aunque las consecuencias de su acto sean en efecto algo apocalípticas…
– Luego -continuó Louvel- anuncia más o menos que va a hacer saltar la torre, donde estarían situados los que él llama «aprendices de brujo»…
– Sin duda la gente del consultorio Mater -insinué-, la banda del doctor Guillaume.
– Sin duda. Y por fin, habla de lo que debe de ser un segundo edificio, su segundo blanco, «el Vientre», donde estarían situados «nuestros padres asesinos». Quizás ha sido detenido antes de pasar a la acción. Podemos, sin embargo, pensar que habla de los responsables directos de todo este asunto, y por tanto, probablemente, de Dermod.
– No podemos tener la certeza -replicó Lucie.
– No, pero eso parece tener sentido. Reynald habría tenido la intención de perpetrar dos atentados, el primero contra el consultorio Mater, en la torre SEAM, y el segundo, probablemente, contra Dermod, en un lugar al que da el sobrenombre de «el Vientre».
– Puede ser. ¿Y qué significa «bajo 6,3» en ese caso? -pregunté.
Lucía se encogió de hombros.
– Por ahora, eso permanece en el misterio. Pero «el Vientre» se corresponde con otro de los documentos que usted nos ha enviado: los planos anotados por Reynald. Los primeros eran fáciles de identificar: «la Torre» seguro que se refiere a la torre SEAM, con unas fichas técnicas de la estructura del edificio; en resumen, todo lo que le hacía falta para saber dónde colocar las bombas. En contrapartida, los segundos, que llevan la mención «el Vientre», no hemos encontrado todavía a qué corresponden; pero tenemos una certeza: se trata de una estructura subterránea.
Incliné lentamente la cabeza. Una estructura subterránea… Evidentemente, eso me hacía pensar en algo. El murmullo de las sombras…
– Hemos de centrarnos sobre esto -propuso Lucie-. No hay que perder de vista lo que buscamos: el «Protocolo 88». Por lo tanto, para descubrir qué es, nos hará falta remontarnos hasta Dermod. Si nuestras suposiciones son correctas, esos planos podrían ayudarnos a localizar a esa misteriosa sociedad, de la que ignoramos todavía dónde se encuentra su sede social (la dirección offshore que figura en el montaje financiero seguramente es falsa). Parece evidente que Gérard Reynald tenía quejas contra ellos (puede ser un antiguo mercenario, quizás ha sido trai cionado por Dermod, yo qué sé). En todo caso, por venganza, habría decidido hacer explotar los locales que tuvieran alguna relación con ellos. Primero la torre SEAM, después ese segundo edificio, subterráneo, que podría ser la sede social de Dermod.
– Eso no son más que suposiciones, pero es sólido -dijo Louvel mirándome.
No respondí. Una de las cosas que acababa de decir Lucie me hacía tomar conciencia de repente de una eventualidad que me helaba la sangre. Si Reynald había sido realmente un antiguo mercenario, no podía dejar de hacer un paralelismo conmigo. ¡Nos parecíamos en tantas cosas! Y no solamente en la esquizofrenia, sino en su recorrido… Y estaba también aquella historia del nombre en código, del tatuaje… Pero ¿entonces? Aquello significaba que yo también… No. No llegaba a creer en ello. ¿Yo, mercenario? No sabía si tenía ganas de reír o de llorar. Sin embargo… Aquello habría podido explicar muchas cosas, como el forzamiento de cerraduras, el pilotaje de coches, las técnicas de combate…