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Damien no añadió nada más. Se hizo el silencio y nos acabamos de beber nuestras cervezas con la luz macilenta del final del día. Adiviné en su mutismo una tristeza secreta, un antiguo dolor. Había una historia con una mujer en el pasado de aquel hombre solitario. Una historia, sin duda dramática, que lo había marcado de por vida. Estaba casi seguro de que su encarnada devoción por el grupo SpHiNx era una manera de olvidar, o en todo caso de hacer más llevadera esa herida a la que le costaba cicatrizar. Tal vez todo eso explicaba la afinidad tan inmediata que habíamos sentido el uno con el otro.

Hacia las siete de la tarde, como habíamos prometido, nos reencontramos con Lucie en el acuario.

– Bueno, sentaos, amigos, tengo novedades.

Louvel me acercó una silla y se sentó a mi lado rápidamente. Podía notar su impaciencia, y yo tampoco ocultaba la mía.

– En primer lugar, Sak me ha hecho un completo resumen sobre el Gran Arco, en el que incluye todas las informaciones esenciales, algunas de las cuales han atraído mi atención.

Por su manera de hablar, tuve la seguridad de que había encontrado una información capital, pero que iba a prolongar el suspense… Esperaba no equivocarme. Llevábamos mucho tiempo dando vueltas.

– Antes que nada -continuó la chica-, hay que saber que el nombre completo del monumento que nos interesa es «el Gran Arco de la Fraternidad». Bonito, ¿no?

– ¡Sí, pero abrevia! -insistió Louvel, que ya no podía más.

– ¡Eh, un poco de respeto, por favor! Bueno, al grano, el uso común ha acabado por reducir el nombre original, pero pensad que fue bautizado así porque debía encarnar una versión moderna del Arco de Triunfo, es decir, que, en lugar de ser un homenaje a las victorias militares, lo sería para los ideales humanistas. Por otro lado, Damien, a propósito de los ideales humanistas y de fraternidad, ¿sabías que la región de la Gran Logia Nacional Francesa, la más tradicionalista de las órdenes franco-masonas, lleva el título de «Paris Grande Arche»?

– No… ¿Tiene eso alguna importancia? ¡No me digas que la GLNF tiene algo que ver con nuestra historia! ¡No estarás pensando en volver a sacarnos el tema de la conspiración masónica!

– No, no. Sólo he pensado que te haría gracia, con lo que te gusta mezclarte con los masones…

– Vale, bueno, ¿y qué más? -dijo Louvel, que empezaba a impacientarse.

La joven me guiñó un ojo.

– Damien sabe relacionarse, ¿sabe? -me dijo ella, en un tono cómplice-. Se pasa el tiempo codeándose con la gente más importante, con la jet-set, los políticos. Tiene contactos en todo París…, incluso entre las modelos…

Louvel sacudió la cabeza.

– ¡Cuido nuestras fuentes de información, eso es todo! -dijo él en su defensa-. Además, tú decides pasar tu tiempo en reuniones de la LCR, ¡cada uno tiene sus cosas! Venga, ¿qué decías de la Défense?

La joven mostró una amplia sonrisa. Esos dos debían de pasarse mucho tiempo picándose el uno al otro.

– Bueno -repuso ella-, os ahorro todos los detalles de la construcción, aunque son fascinantes. Lo que tenéis que saber es que Pompidou fue el primero que formuló el deseo de prolongar el eje histórico de París, el que va desde el museo del Louvre hasta el Arco de Triunfo, pasando por el obelisco de la Place de la Concorde.

– Sí, la vía triunfal…

– Exactamente. La idea era, pues, continuar ese eje imaginado por Le Nôtre en el siglo XVII. Pero hubo que esperar a que llegara François Mitterrand para que empezaran las obras del Gran Arco, más exactamente, en 1983. Mitterrand convocó un concurso, al que se presentaron más de cuatrocientos proyectos, y finalmente fue seleccionado el de un arquitecto danés. Hum…

Ella echó un vistazo a la pantalla de su ordenador.

– Un tal Johann Otto von Spreckelsen.

– Es apasionante, pero ¿adónde quieres ir a parar?

– Ya verás… De entrada, hay un primer elemento que me parece digno de interés. Adivinad en qué año acabaron las obras.

– ¿En 1988? -propuse.

– Pues sí, como por casualidad. En el 88. Tal vez sólo sea una coincidencia, desde luego… No obstante, la inauguración no tuvo lugar hasta julio de 1989, con ocasión del bicentenario de la Revolución francesa y de la cumbre del G7. Sin embargo, esto no es lo más interesante. Mientras estudiaba los detalles de la construcción del Gran Arco, me topé con una información que no deja ninguna duda.

– ¿Qué? -la apremió Louvel.

– Resulta que el Gran Arco no está exactamente alineado con la prolongación del eje histórico de París. De hecho, el arquitecto eligió inclinarla ligeramente, exactamente como el palacio del Louvre, que tampoco está completamente alineado…

– ¿Y entonces?

Lucie mostró una gran sonrisa.

– ¡La inclinación del Gran Arco respecto al eje histórico describe un ángulo de 6,3 grados!

El rostro de Louvel se relajó al fin. Se había rizado el rizo. Recordé la frase de Reynald: «Nuestros padres asesinos en el vientre, bajo 6,3». A su manera, digna del espíritu retorcido de un gran esquizofrénico, había señalado el lugar del segundo atentado que estaba planificando. «Bajo 6,3»: en un local secreto del subsuelo del Gran Arco de la Défense. No nos habíamos equivocado.

– Entonces, ahora ya no hay ninguna duda -soltó Louvel-. Pero ¿has podido averiguar a quién podría pertenecer ese lugar?

– No. He hallado la lista de los ocupantes oficiales del Gran Arco, y nada me ha parecido relacionado con Dermod. Las caras norte y sur albergan oficinas del gobierno: una Fundación internacional por los derechos del hombre y el Ministerio de Transportes y Equipamiento. En la cima del Gran Arco hay un centro de congresos y exposición. Hay un montón de empresas más, pero nada que nos ponga tras la pista de Dermod. Dado que no se pueden encontrar en el catastro, probablemente esos locales se mantienen voluntariamente ocultos.

– Ya no son secretos para nosotros -replicó Louvel-. Tenemos los planos de Louvel.

– Sí, pero el problema es saber cómo acceder. ¡Veo un poco difícil presentarnos en el Gran Arco y preguntar en recepción cómo llegar al sótano secreto!

Sin esperar ni un instante más, me levanté.

– ¿Qué está haciendo, Vigo? -dijo sorprendido Louvel.

– Voy a ir a buscar esa información.

El hacker se quedó boquiabierto.

– Espere, no se precipite. Todavía no es el momento. Por mucho que conociéramos la entrada a ese lugar, el sector de la Défense está completamente blindado tras los atentados. ¡Ni siquiera sabemos si podremos llegar!

Pero ahora nada podía pararme ya. Habíamos esperado bastante.

– Encuentren una forma -respondí, a la vez que me ponía la chaqueta-. Yo voy a buscar la información que nos falta.

– Le acompaño.

– No.

El tono de mi voz no dejaba ninguna duda sobre mi determinación.

– Entonces, déjeme llamar al guardaespaldas del que le he hablado. No me gusta pensar que va a estar solo ahí fuera.

– No, Louvel, no vale la pena que insista; me las arreglaré solo.

Él sacudió la cabeza. -Espero que no corra usted riesgos. -Le prometo que no.

– ¿Y cómo piensa hacerlo? Dígame, al menos, adónde va. -Voy a volver a ver al director de comunicación del EPAD. Estoy seguro de algo: él conoce la respuesta que buscamos. Y esta vez no voy a dejar que se salga con la suya.

Lucie y Damien me miraron salir de la habitación perplejos.

73.

Como había esperado, a pesar de lo tarde que era, el señor Morrain todavía estaba en las oficinas del consejo general Des Hauts-de-Seine. Me había asegurado mediante una llamada falsa. Los atentados le daban sin duda mucho trabajo, y debían de ser cerca de las 21 horas cuando lo vi salir por la puerta principal del gran edificio de Nanterre.

Lo seguí a cierta distancia, encorvado como un detective privado, mientras caminaba hacia una parada de autobús, y cuando me pareció que estábamos a suficiente distancia del consejo general, aceleré el paso para alcanzarlo.