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Pasó un momento antes de que Em se diera cuenta de que no podía respirar. Antes de que notara que estaban juntos, apenas separados por unos centímetros en medio de la oscuridad y que, a pesar de la gente que había cerca de ellos, estaban solos a todos los electos. Nadie podía observarlos. Pasaban totalmente desapercibidos.

Por lo que la atención de él estaba centrada sólo en ella.

Y los sentidos de Em sólo lo abarcaban a él.

Ella sintió los labios cálidos, casi palpitantes.

Él entrecerró los ojos y bajó la mirada a su boca.

En respuesta, los labios de Em, palpitaron todavía más.

Podía sentir esas mismas palpitaciones en la yema de los dedos, como si algo despertara en su interior…

Le oyó emitir un suave suspiro casi inaudible, antes de enderezarse lentamente, haciendo que ella alzara la mirada a sus ojos.

Tallent curvó los labios en una suave sonrisa pesarosa.

– Buenas noches, señorita Beauregard.

La profunda voz sonó ligeramente ronca.

Él dio un paso atrás, alejándose de la puerta en dirección a la cocina.

La oscuridad le envolvió.

– Dulces sueños.

CAPÍTULO 04

– Bueno. -Em se detuvo y contempló la fachada principal de Ballyclose Manor-. Ésta bien podría ser nuestra «casa más alta».

La mansión era básicamente un edificio anodino de edad indeterminada, pero aun así poseía cierto aire de bien cuidada elegancia, como el grupo de mujeres que, junto con algún que otro hombre, llegaba a pie o en carruaje. Iban ataviados con sus mejores galas de domingo a pesar de que sólo era miércoles por la tarde, lodo aquello sugería que Ballyclose podía considerarse sin ningún tipo de duda como la casa de más rango de la zona.

A su lado, observando la mansión con el mismo aire crítico que ella. Issy asintió con la cabeza.

– Tendremos que buscar en los sótanos.

– Primero tendremos que confirmar que realmente tiene sótanos, y luego averiguar dónde están. -Llena de determinación, Em echó a andar hacia la puerta principal con la grava crujiendo bajo sus zapatos-. Si logramos descubrir iodo eso hoy, me daré por satisfecha. -Miró a Issy mientras subían los escalones-. Aunque estoy tan ansiosa como las gemelas por encontrar el tesoro, ahora que estamos cómodamente instalados en la posada, no tenemos por qué apresurarnos ni arriesgarnos de manera innecesaria.

Issy asintió con la cabeza.

En cuanto llegaron al porche, se unieron decorosamente a la fila de personas que entraban en la casa. Em se había puesto un vestido de color verde manzana con un ribete en el escote y en el dobladillo y una chaqueta corta a juego abrochada con cintas de raso para protegerla del frío de octubre. En contraste, Issy iba vestida de azul, con un traje sencillo que se adaptaba perfectamente a su esbelta figura. Con el pelo rubio y los ojos azules, Issy, que poseía un carácter más suave que Em, era la hermana que más llamaba la atención, algo con lo que ella contaba para disfrutar de un poco más de libertad.

Un arrogante e imponente mayordomo estaba esperando junto a las puertas principales para conducir a los recién llegados a la salita, que se encontraba a un lado de la casa.

Em e Issy entraron en la sala enlazadas del brazo, justo detrás de la vieja señorita Hellebore. La anciana era incapaz de avanzar más rápido, pero aún tenía la mente ágil y los ojos y los oídos muy agudos. Em aprovechó el momento mientras la señorita Hellebore intercambiaba saludos con el señor Filing y lady Fortemain para examinar a las acompañantes de la anciana.

La señorita Sweet, una mujer tierna y suave con un alma y una sonrisa que hacían honor a su nombre, estaba de pie junto a la anciana, sirviéndole de apoyo. Las acompañaba una dama de pelo castaño oscuro, que poseía una palpable seguridad en sí misma y unos rasgos francos y muy familiares. A Em no la sorprendió oír que lady Fortemain se dirigía a la dama con un «querida Phyllida».

La hermana gemela de Jonas Tallent estrechó la mano de lady Fortemain, después acompañó a las señoritas Hellebore y Sweet hasta una chaise en el centro de la enorme sala. Las esposas de los campesinos y otros trabajadores de la zona estaban reunidos en pequeños grupos esparcidos por la estancia, charlando animadamente mientras degustaban el té en las tazas de fina porcelana china que distribuía un pequeño ejército de lacayos.

Em esbozó una sonrisa y dio un paso al frente extendiendo la mano.

– Señor Filing…

Con una suave sonrisa de aprobación, Filing le estrechó la mano.

– Señorita Beauregard, me alegra verla aquí. Debo felicitarla por la diligencia de su hermano. Es un estudiante brillante. Será todo un placer guiarle en sus estudios.

– Gracias, señor. Por mi parte, me alegra muchísimo que Henry haya encontrado un maestro tan interesado en él con el que seguir avanzando en sus estudios. -Con una gentil inclinación de cabeza, Em se volvió hacia lady Fortemain e hizo una reverencia-. Señora, gracias por la invitación. -Se volvió hacia Issy y añadió-: Permítame presentarle a mi hermana, Isobel.

Issy, que ya se había presentado a Filing y le estrechaba la mano, se sonrojó un poco antes de soltarle. Miró a la anfitriona, sonrió e hizo una reverencia.

– Lady Fortemain, es un placer estar aquí.

Lady Fortemain abrió mucho los ojos al mirar la cara de Issy. Después esbozó una sonrisa radiante.

– Queridas, estamos encantados de darles la bienvenida a ambas al pueblo. -Hizo un gesto con la mano para que pasaran-. Por favor, entren. El señor Filing o yo nos encargaremos de presentarles al resto de los invitados, aunque me figuro que la mayoría de ellos saben ya quiénes son. Como irán observando, no nos andamos con ceremonias en este tipo de reuniones.

Después de darle las gracias con una sonrisa, Em e Issy entraron en la sala, Issy no miró atrás, pero Em, que sí lo hizo, pudo observar cómo lady Fortemain le daba un codazo al señor Filing para que dejara de mirar a Issy y le diera la bienvenida al siguiente parroquiano.

Volviendo la mirada al frente, Em echó un vistazo al perfil de su hermana, observando que el leve sonrojo todavía no había desaparecido. Y pensó que Filing, que estaba en la treintena, era demasiado viejo para un amor juvenil, algo por lo que en ocasiones suspiraba Issy. Aun así, conocía lo suficiente a su hermana para no hacer ningún comentario. Era evidente que Issy se había percatado del interés de Filing y que reaccionaba a él. A pesar de su apariencia gentil, por debajo era una Colyton de pies a cabeza y, por consiguiente, capaz de ser tan testaruda como una muía.

No obstante, Em no recordaba que su hermana se hubiera sonrojado de esa manera con ningún otro caballero.

Había conocido a muchos de los asistentes en la posada la noche anterior, así que no le resultó difícil moverse por la estancia, charlando y siendo presentada a otros, memorizando los nombres de las personas y ubicándolas donde correspondía dentro de la comunidad.

La reunión abarcaba una amplia gama de clases sociales, desde la señora de la mansión a las esposas de los campesinos, así que incluir a la posadera y a su hermana entre los invitados no era tampoco tan extraño. Aunque en su papel como posadera Em no había esperado asistir a acontecimientos de esa índole, su inicial vacilación al aceptar la invitación no se había debido a que Issy y ella se encontraran fuera de lugar, sino más bien a que se verían envueltas en un ambiente en el que no podrían pasar desapercibidas. Las dos podían moverse por la sala, tomar el té y charlar con la suficiente confianza en sí mismas, pues era algo que corría por su sangre, y ninguna de ellas era especialmente hábil fingiendo ser lo que no eran.