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No había pensado mucho en lo que ella y sus hermanos harían, adonde irían, una vez que encontraran el tesoro.

– Lo primero es encontrarlo.

Resuelta, alargó la mano y abrió el cajón inferior del escritorio, sacó un pesado tomo y lo puso encima.

Abrió el libro por la página marcada y comenzó a leer sobre Grange.

Jonas estaba sentado ante el escritorio en la biblioteca de Grange, intentando concentrar su atención en las cuentas de cultivos que estaba revisando. A pesar del tiempo que pasaba allí últimamente, la posada Red Bells no era más que una ínfima parte de las propiedades de su padre, cuyo control pasaba actualmente por sus manos.

Necesitaba estar disponible para ayudar a Em siempre y cuando ella le necesitara, y para hacerlo con la conciencia tranquila, tenía que poner sus otras responsabilidades al día.

Una vez que lo hiciera… su próximo objetivo sería encontrar la manera de conseguir que su relación con Em avanzara más rápido. Sentía una creciente opresión en su interior, algo que no había sentido antes; una necesidad, un impulso que le obligaba a hacerla suya, una atracción y compulsión que jamás había experimentado con otra mujer. Nadie había despertado tales sentimientos en él.

Y si no la hacía suya pronto…

Se recostó en la silla, clavó los ojos en los números que había revisado hacía unos minutos, y suspiró.

Un suave golpe en la puerta le hizo levantar la mirada casi con ansiedad.

Mortimer asomó la cabeza.

– El señor Filing ha venido a verle, señor. ¿Le hago pasar?

– Si, por favor. -Jonas apartó a un lado el libro de cuentas y se puso en pie cuando Filing entró. Le tendió la mano-. Joshua.

– Jonas. -Filing le estrechó la mano. Su expresión era indudablemente sombría-. Me preguntaba si habías oído las últimas noticias sobre el tío de Em.

Jonas notó que se le tensaban todos los músculos.

– No. ¿Qué ha sucedido?

– Nada demasiado preocupante, pero…

Jonas se sintió aliviado y se relajó lo suficiente como para indicar a su amigo que se sentara.

– Cuéntame. -Volvió a tomar asiento cuando Joshua se sentó.

– El tío, Potheridge, regresó a la posada esta mañana, intentando intimidar de nuevo a Em para que abandonara la posada y regresara a casa con él. -La expresión de Joshua era la más grave que Jonas le hubiera visto nunca-. Em se negó, por supuesto. Le echó de allí, con un poco de ayuda de Oscar.

Jonas volvió a tensar los músculos.

– ¿Necesitó ayuda?

Joshua asintió con la cabeza.

– Hablé con Issy ayer por la tarde. Me contó más cosas sobre la vida de su familia en casa de Potheridge. Aunque parezca mentira, es verdad que su tío quería echar a las gemelas, esas niñas inocentes, a la calle. Y que la única razón por la que quiere que Em, Issy y Henry regresen con él es para que vuelvan a trabajar gratuitamente en su casa como estuvieron haciendo hasta hace un mes. Por lo que pude averiguar, la historia que Em contó fue muy escueta; se dejó muchas cosas en el tintero. Potheridge debería ser aho… Bueno, quizás ahorcarle sea ir demasiado lejos, pero sí que deberíamos echarle a patadas del pueblo.

Jonas habría sonreído ante la imagen de su amigo, normalmente pacífico, tan enfadado si él mismo no estuviera sintiendo las mismas emociones.

Antes de que pudiera añadir nada, Joshua levantó la vista.

– Voy a casarme con Issy. Ya lo había decidido antes de que apareciera Potheridge. Y ahora estoy más que dispuesto a hacerlo y alejarla por completo de él. Como su esposo, podré asegurarme de que su tío no ejerza ninguna presión sobre Henry o Em. Al parecer las gemelas no le interesan en absoluto, probablemente porque son demasiado jóvenes para ponerlas a trabajar, además de que, por supuesto, no son familia directa suya.

Joshua clavó los ojos en Jonas.

– Me casaría mañana mismo con Issy si pudiera, pero no quiere ni oír hablar del tema, al menos por el momento, pues no quiere dejar que Em se encargue sola de los demás.

Jonas frunció el ceño.

– Pero estarías aquí, igual que Issy, no tienes previsto llevártela a ningún lado.

– ¡Precisamente! Pero a pesar de su aspecto dulce y tierno, Issy es tan inflexible como una barra de acero. Es tan terca como… bueno, demonios, simplemente no puedo convencerla. -Joshua miró a Jonas.

Y esperó.

Jonas hizo una mueca.

– Sí, de acuerdo… Has supuesto bien. Tengo intención de casarme con Em, pero… -frunció el ceño- ¿por qué hay tantos «peros» en la vida?

– Una pregunta filosófica para la que nadie ha encontrado todavía una respuesta adecuada. -Joshua hizo un gesto con la mano para quitarle importancia-. ¿Qué estabas diciendo?

Jonas metió las manos en los bolsillos y se recostó en la silla.

– Estaba a punto de decir que me casaría con Em mañana mismo, incluso podríamos hacer una boda conjunta, pero no me resulta nada fácil conseguir que ella me preste atención. Siempre está distraída…, siempre está atareada con algo. Ya sea con la posada, las gemelas, o Henry, siempre hay algo que exige toda su atención.

Jonas se interrumpió y miró a Joshua.

– Dado que tienes intención de casarte con Issy, debería decirte que… creemos que Issy y su familia están aquí, en Colyton, porque andan buscando algo.

Le contó sucintamente a Joshua lo que sabía y lo que había deducido.

Filing frunció el ceño.

– Henry no ha demostrado ningún interés por las casas de la localidad.

– Ni las gemelas tampoco, pero sospecho, llámalo intuición si quieres, que todos están al tanto de la búsqueda. Todos saben qué es lo que persigue Em, aunque ella es la única que realiza una búsqueda activa.

Joshua frunció el ceño, meditando sobre lo que le acababa de contar.

Jonas suspiró.

– Así que, como puedes ver, hay mucho más misterio sobre los Beauregard que ese tío fanfarrón, Joshua se encogió de hombros.

– Me da igual el misterio, o lo que anden buscando. -Apretó los dientes y repitió-: Pienso casarme con Isobel Beauregard cueste lo que cueste.

Jonas se rio.

– Naturalmente. No te lo he dicho para que cambies de idea, sólo pensé que debías saberlo.

Joshua asintió con la cabeza.

– Veo que dicha información tampoco te ha hecho cambiar de idea sobre Em.

Jonas hizo una mueca.

– No…, pero desde luego incrementa la presión. Si Em mantiene lo que sea que esté buscando en secreto, es porque debe de entrañar algún riesgo.

– Sí, es lo que sugiere, tanto secretismo.

– En efecto. -Jonas tamborileó los dedos sobre el escritorio-. Pero el principal problema para mí es que esta búsqueda es muy importante para Em y sus hermanos, así que ella tiene la clara intención de resolver todo este asunto antes de pensar en otras cosas. Como por ejemplo en mí y en el resto de su vida.

Joshua meneó la cabeza. Era evidente que se esforzaba por mantener la expresión seria.

– Sí, ya veo la dificultad.

Jonas esbozó una tensa sonrisa.

– Es igual de difícil para mí que para ti.

Joshua tardó un momento en entender lo que quería decir.

– ¡Demonios! Issy no se casará conmigo a menos que Em acepte casarse contigo.

– Exacto. Así que aquí estamos, atados de pies y manos hasta que Em encuentre lo que sea que esté buscando, Joshua arqueó las cejas.

– Podríamos ayudarla.

– Claro que podríamos, y lo haríamos si esa terca mujer nos dijera qué es. Pero, por si no te acuerdas, es un gran secreto, Joshua frunció el ceño.

– Tienes razón -dijo al cabo de un momento-, hay demasiados «peros» en este mundo.