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La joven miró a Jonas, quien también asintió con la cabeza. Entonces respiró hondo.

– Está bien. Le diremos a todo el mundo que nuestro apellido es Colyton. -Volvió a fruncir el ceño-. ¿Cuánto tiempo creéis que tardará en extenderse el rumor?

Phyllida sonrió.

– No te preocupes. Te ayudaremos con eso. -Se acercó a Em, hizo que se pusiera en pie, enlazó su brazo con el de ella, y se giraron hacia la puerta-. Dejemos que estos caballeros sigan exprimiéndose el cerebro mientras nosotras vamos a charlar un rato con la señorita Sweet.

CAPÍTULO 15

– ¡Querida, estoy realmente encantada! -Lady Fortemain se recostó con los ojos abiertos de par en par-. Pensar que usted, y sus queridas hermanas, así como su querido hermano, son Colyton. ¡Es maravilloso!

– Sí, bueno.

Em miró de reojo a Jonas, que sonreía de oreja a oreja y la miraba como diciendo «ya te lo dije». La tarde anterior se lo habían contado a la señorita Sweet y luego habían dejado que extendiera la noticia en el salón de la posada. Jonas había llegado esa mañana con su cabriolé y se había ofrecido para llevar a Em a hablar con los ancianos de la localidad. Lady Fortemain, en Ballyclose Manor, había sido la primera de la lista de Em y, por supuesto, ya se había enterado de las noticias.

– Como ya he mencionado -insistió Em, esperando evitar de esa manera que la anciana se enfrascara en un largo relato sobre la historia reciente de la familia-, estamos tratando de identificar cuál es la casa de los alrededores que se conocía antaño como «la casa más alta». De hecho, sabemos que no es Ballyclose Manor porque, a diferencia de ella, la casa en cuestión se construyó hace siglos. ¿Ha oído la frase alguna vez?

– ¿«La casa más alta»? -Tamborileando un dedo sobre los labios, lady Fortemain frunció el ceño mientras se concentraba. Pero un movimiento en el vestíbulo, captó su atención-. ¡Oh, Jocasta! ¡Ven y escucha estas maravillosas noticias!

Jocasta, también conocida como lady Fortemain pues era la esposa del hijo mayor de la dama, Cedric, apareció en la puerta. Era una mujer de cabello y ojos oscuros que poseía un carácter amable y tranquilo. Brindó una sonrisa a Em y a Jonas cuando entró en la estancia.

– Buenos días. Me enteré de las buenas noticias ayer por la noche. Parece muy apropiado que su familia y usted hayan regresado al pueblo, en especial, cuando han resucitado la posada Red Bells.

– Gracias. -Em le devolvió la sonrisa.

Jonas captó la atención de Jocasta.

– Jocasta, como miembro de una familia que vive en este pueblo desde hace mucho tiempo, ¿has oído alguna vez la frase «la casa más alta»?

Jocasta frunció los labios, pero tras un momento de reflexión, negó con la cabeza.

– No lo recuerdo, aunque suena como el tipo de frase que cualquier miembro de los Fortemain utilizaría para referirse a Ballyclose. ¿Por qué queréis saberlo?

Fue Jonas quien le respondió con suavidad.

– Estamos tratando de localizar una casa que había en el pueblo de Colyton hace mucho tiempo, mucho antes de que se edificara Ballyclose. Al parecer la frase pertenece a una enigmática rima familiar que los antepasados de la señorita Colyton se transmitieron de generación en generación, y que hace referencia a ese lugar.

Jocasta pronunció un silencioso «oh» antes de añadir:

– Estoy segura de que nunca he oído tal frase, pero deberíais ir a hablar con mi madre. Ella guarda en su memoria todo tipo de extrañas y variopintas historias sobre el pueblo.

Em se levantó.

– La señora Smollet es la siguiente persona en nuestra lista. Jonas abandonó su posición ante la chimenea de la salita y se acercó a ella.

– También habíamos pensado en hablar con Muriel Grisby y la vieja señora Thompson.

Jocasta asintió con la cabeza.

– Sí, yo también hablaría con ellas. Creo que la señorita Hellebore es la persona de más edad del pueblo, aunque se vino a vivir aquí sólo unos años antes que Horatio Welham. -Jocasta le dirigió una sonrisa a Em-. Lo que la convierte prácticamente en una recién llegada y, por lo que sé, su familia no es de la zona.

– Gracias -dijo Em-. La señorita Sweet pensaba que ése era el caso, pero no estábamos seguros. -Se volvió hacia lady Fortemain-. Gracias por recibirnos, milady.

La dama hizo un gesto con las manos.

– Oh, pero se quedarán para tomar el té matutino, ¿verdad? -Gracias, pero no me gusta dejar la posada, y a las gemelas, sin supervisión durante demasiado tiempo. -Em hizo una reverencia. Lady Fortemain hizo una mueca.

– Admiro su dedicación, querida. ¿Quizás en otra ocasión? Em y Jonas se despidieron de ambas damas. Jocasta los acompañó a la puerta.

– Le preguntaré a Cedric si por casualidad ha oído alguna vez esa frase. Ya hablaremos esta noche en la posada.

– Gracias. -Em permitió que Jonas la ayudara a subir al cabriolé, luego se despidió de la dama con la mano mientras él ponía el vehículo en marcha.

Em había dicho la verdad. No le gustaba tener que dejar al personal de la posada sin ninguna supervisión.

– No es que espere que pase algo -le dijo a Jonas un poco más tarde, cuando aprovecharon un momento entre el almuerzo y la merienda para acercarse a Highgate, la casa de Basil Smollet, el hermano de Jocasta-. Pero en el caso de que ocurra algún contratiempo, el personal tendría que hacerse cargo y tomar una decisión al respecto. Y ése es mi trabajo. No me parece justo que tengan que hacerlo ellos. Una cosa es que yo me equivoque, pero sería peor que lo hicieran ellos, pues se sentirían responsables si algo saliera mal.

Jonas la miró y curvó los labios con admiración cuando observó el gesto resuelto de sus rasgos; entonces, sonrió ampliamente y volvió a prestar atención a los caballos. Condujo a los castaños hacia la cima de la colina que había más allá de la rectoría con un trote tranquilo, luego redujo la marcha del vehículo cuando Highgate surgió a la vista.

La señora Smollet se encontraba en la casa y los recibió, al menos en el sentido físico. Por desgracia, no tardaron en descubrir que su mente apenas estaba con ellos.

– Un Colyton. Más de uno en realidad, y de vuelta en el pueblo. ¡Es maravilloso! No conocí a nadie de su familia, aunque bueno, por aquel entonces era demasiado joven. -La señora Smollet inclinó su cabeza gris-, Qué años aquéllos. Recuerdo…

La anciana se interrumpió, totalmente perdida en sus recuerdos.

Basil, su hijo, que se había reunido con ellos en la salita para escuchar la historia de Em de primera mano, se inclinó hacia su madre y le cogió una mano del regazo.

– ¿Mamá? ¿Recuerdas si alguna casa de los alrededores era conocida como «la casa más alta»?

De repente la señora Smollet enfocó una mirada sorprendentemente lúcida en la cara de su hijo.

– ¿«La casa más alta»? -Frunció el ceño y apartó la mirada-. Me suena.

Em contuvo el aliento, y Jonas hizo lo mismo.

Esperaron. Basil guardó silencio para no presionarla.

La señora Smollet negó con la cabeza después de un momento.

– No. No puedo recordarlo. Pero no era este lugar, ni tampoco Ballyclose, no importa lo que diga esa fantasiosa mujer.

Era evidente que no existía una gran amistad entre lady Fortemain y la señora Smollet.

La expresión de la anciana se relajó.

– Pero recuerdo a los niños de los Mitchell. Vivían en esa vieja casa en los acantilados. Hace mucho tiempo que murieron, pero eran unos bribones. Recuerdo que…

Su voz iba y venía, suave como una brisa de verano.

Basil suspiró y se reclinó en su asiento. Lanzó una mirada de disculpa a Em y Jonas y se levantó.

Ellos también lo hicieron.

La señora Smollet, con la mirada todavía perdida en un pasado remoto, no se dio cuenta. Basil les hizo señas y se dirigió a la puerta. Ellos le siguieron.