Nynaeve renunció a meter baza en algún resquicio de la avalancha de palabras —quizá debería haberle arrojado el corazón de la manzana— y se limitó a gritar:
—¡Creo que Moghedien tiene razón!
Aquel nombre hizo que la muchacha cerrara el pico, y también que se incorporara y se quedara sentada en la cama, mirándola de hito en hito. Nynaeve no pudo menos de echar un vistazo en derredor para comprobar que nadie la había oído, a pesar de que estaban en su cuarto.
—Eso es una estupidez, Nynaeve.
La antigua Zahorí no supo si Elayne se refería a la sugerencia o a mencionar el nombre de Moghedien en voz alta, y tampoco tenía intención de preguntarle. Tomó asiento en la otra cama y se arregló los pliegues de la falda.
—No, no lo es. Cualquier día de éstos Jaril y Seve le dirán a alguien que Marigan no es su madre, si es que no lo han hecho ya. ¿Estás preparada para afrontar las preguntas que acarreará eso? Yo no. Cualquier día, alguna Aes Sedai va a ponerse a hurgar en cómo me es posible descubrir nada si para hacerlo tendría que estar furiosa desde el amanecer hasta el ocaso. Cada dos por tres las Aes Sedai con las que hablo lo mencionan, y Dagdara me ha estado echando miradas raras últimamente. Además, aquí no se va a hacer nada excepto quedarse de brazos cruzados y esperar. A no ser que decidan regresar a la Torre. Me acerqué a hurtadillas y oí a Tarna hablando con Sheriam…
—¿Qué hiciste qué?
—Que me acerqué a escondidas y escuché —repitió con tono impasible Nynaeve—. El mensaje que envían a Elaida es que necesitan más tiempo para pensar. Eso significa que al menos están considerando la idea de olvidar lo del Ajah Rojo y Logain. Cómo pueden hacerlo, no lo sé, pero tienen que estar planteándoselo. Si nos quedamos aquí durante mucho más tiempo es posible que acaben entregándonos a Elaida como regalo. Al menos si nos vamos ahora podemos advertirle a Rand que no cuente con que tiene Aes Sedai respaldándolo. Podemos decirle que no confíe en ninguna Aes Sedai.
Frunciendo graciosamente el entrecejo, Elayne dobló las piernas con cuidado debajo de ella.
—Si todavía lo están pensando quiere decir que aún no se han decidido. Creo que deberíamos quedarnos. A lo mejor podemos ayudarlas a tomar la decisión correcta. Además, a no ser que te propongas invitar a Theodrin a acompañarnos, nunca romperás tu bloqueo interior si nos marchamos.
Nynaeve hizo caso omiso de esto último. Para lo que había logrado Theodrin hasta ahora… Cubos de agua. Esa noche, no dormir. ¿Qué sería lo próximo? Aunque no con las palabras exactas, esa mujer había dicho que pensaba intentar cualquier cosa hasta dar con algo que funcionara. En «cualquier cosa» cabía infinidad de posibilidades, y eso no era algo que le hiciese mucha gracia.
—¿Ayudarlas a decidir? No nos harán ningún caso. Ni siquiera Siuan nos presta atención, y eso que, aunque ella nos tenga cogidas por el cuello, nosotras la tenemos a ella por la oreja.
—Pues yo creo que deberíamos quedarnos. Al menos hasta que la Antecámara decida qué hacer. Entonces, si ocurre lo peor, al menos podremos advertir a Rand de un hecho, no de una posibilidad.
—¿Y cómo se supone que vamos a enterarnos? No hay que contar con que yo encuentre la ventana adecuada para escuchar a hurtadillas en dos ocasiones. Si esperamos hasta que lo anuncien, podríamos estar bajo vigilancia para entonces. Yo, al menos. No hay una sola Aes Sedai que no esté enterada de que Rand y yo somos de Campo de Emond.
—Siuan nos lo dirá antes de que se anuncie nada —adujo Elayne con calma—. No creerás que Leane y ella piensan regresar mansamente ante Elaida, ¿verdad?
Ahí estaba el asunto. Elaida les cortaría la cabeza antes de que hubiesen tenido ocasión de hacer una reverencia.
—No, desde luego, pero eso no nos protege de que Jaril y Seve puedan hablar —insistió.
—Ya se nos ocurrirá algo. En cualquier caso, no son los primeros niños refugiados que están al cuidado de alguien que no es de la familia. —Sin duda Elayne pensaba que su sonrisa radiante era tranquilizadora—. Lo único que tenemos que hacer es pensar un rato en ello para discurrir alguna idea. Por lo menos deberíamos esperar a que Thom regrese de Amadicia. No puedo dejarlo atrás.
Nynaeve levantó las manos en un gesto exasperado. Si la apariencia fuera un reflejo del carácter, entonces Elayne tendría que parecerse a una mula empecinada en no moverse. La chica había puesto a Thom en el lugar dejado por el padre, que había muerto siendo ella pequeña. A veces también parecía creer que el juglar sería incapaz de encontrar el camino hacia la mesa para comer a menos que lo llevara de la mano.
La única advertencia que tuvo Nynaeve fue la sensación del saidar abrazado muy cerca, y entonces la puerta se abrió de par en par empujada por un flujo de Aire y dio paso a Tarna Feir. Nynaeve y Elayne se pusieron de pie de un salto. Una Aes Sedai era una Aes Sedai, y algunos de esos trabajos de enterrar desechos se habían impuesto únicamente al considerarse merecidos según lo dicho por la propia Tarna.
La hermana Roja de cabello rubio y arrogante rostro cual mármol blanco las observó con ojos escrutadores.
—Vaya. La reina de Andor y la incapacitada espontánea.
—Todavía no, Aes Sedai —repuso Elayne con fría educación—. No hasta que me coronen en el salón del trono. Y únicamente en el caso de que mi madre esté muerta —añadió.
La sonrisa de Tarna habría congelado una tormenta de nieve.
—Por supuesto. Intentaron mantener tu presencia en secreto, pero los rumores corren por doquier. —Su mirada abarcó las estrechas camas, la banqueta destartalada, las ropas colgadas en clavijas y el yeso agrietado de las paredes—. Habría imaginado que teníais mejores aposentos, considerando todas las cosas milagrosas que habéis hecho. Si hubieseis estado en la Torre Blanca, que es donde deberíais estar, no me sorprendería ver que a estas alturas a ambas se os habría sometido a la prueba para alcanzar el chal.
—Gracias —dijo Nynaeve para demostrar que podía ser tan civilizada como Elayne. Tarna la miró y aquellos azules ojos hicieron que, en comparación, el resto de su semblante pareciera cálido—. Aes Sedai —se apresuró a añadir Nynaeve.
Tarna volvió la vista hacia Elayne.
—La Amyrlin siente un cariño especial por ti y por Andor. Ha organizado una búsqueda para dar contigo como jamás podrías imaginar. Sé que la complacería sobremanera si regresaras conmigo a la Torre.
—Mi lugar está aquí, Aes Sedai —El tono de Elayne continuaba siendo agradable, pero su barbilla se alzó igualando punto por punto la arrogancia de Tarna—. Regresaré a la Torre cuando lo hagan las demás.
—Entiendo —dijo inexpresivamente la Roja—. Muy bien. Puedes marcharte ahora. Quiero hablar con la espontánea a solas.
Nynaeve y Elayne intercambiaron una mirada, pero Elayne no podía hacer nada salvo saludar respetuosamente y marcharse.
Cuando la puerta se cerró, un cambio sorprendente se produjo en Tarna. Se sentó en la cama de Elayne, subió las piernas y las cruzó por los tobillos, para después recostarse en el destartalado cabecero mientras entrelazaba las manos sobre el estómago. Su semblante se desheló e incluso sonrió.
—Pareces inquieta. No lo estés: no voy a morderte.
Nynaeve le habría creído si los ojos le hubiesen cambiado también, pero la sonrisa no se reflejó en ellos un solo instante; en contraste, ahora parecían diez veces más duros y cien veces más gélidos. La combinación le puso la piel de gallina.
—No lo estoy —repuso, envarada, mientras plantaba los pies con fuerza en el suelo para no moverlos inconscientemente y dejar traslucir que estaba nerviosa.
—Ah, vaya. Te has ofendido, ¿no? ¿Por qué? ¿Porque te he llamado espontánea? Yo también lo soy, ¿sabes? Galina Casban en persona echó abajo mi bloqueo interno. Sabía el Ajah que elegiría antes incluso que yo y tomó un interés especial en mí. Siempre lo hace con aquellas que cree que elegirán el Rojo. —Sacudió la cabeza, riendo, en tanto que sus ojos seguían siendo unos cuchillos helados—. ¡Las horas que pasé aullando y sollozando antes de ser capaz de contactar con el saidar sin tener los ojos prietamente cerrados! No se puede tejer si no se ven los flujos, ¿comprendes? Tengo entendido que Theodrin está utilizando métodos más suaves contigo.