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—Les dijimos que hacía falta la participación de un hombre en el encauzamiento —suspiró Nynaeve—. Claro que eso fue antes de lo de Logain, aunque no creo que confíen en él para eso.

—En realidad no se precisa la intervención de un varón —aclaró Elayne—. Sólo pretendíamos hacerles creer que necesitaban a Rand. Ignoro cuántas mujeres se requieren para hacerlo funcionar. Tal vez un círculo completo de trece.

—Elayne afirma que es muy poderoso, Egwene. Podría hacer que el tiempo retornara a sus cauces normales. Daría por buena la búsqueda aunque sólo fuera para conseguir que mi percepción del tiempo volviera a ser como antes.

—El cuenco puede conseguirlo, Egwene. —Elayne intercambió una mirada feliz con Nynaeve—. Lo único que tienes que hacer es mandarnos a Ebou Dar.

El torrente de palabras cesó y Egwene se recostó en la silla.

—Haré cuanto esté en mi mano. Tal vez no haya objeciones ahora que sois Aes Sedai. —Tenía la sensación de que las habría, sin embargo. Ascenderlas a hermanas de derecho había sido un golpe audaz, pero empezaba a pensar que no iba a resultar tan sencillo.

—¿Lo que esté en tu mano? —repitió Elayne con incredulidad—. Eres la Sede Amyrlin, Egwene. Tienes el mando, y las Aes Sedai deben obedecerte prestamente. —Esbozó una rápida sonrisa—. Di «saltad» y te lo demostraré.

Egwene rebulló en los cojines e hizo un gesto de dolor.

—Sí, soy la Amyrlin, pero… Elayne, Sheriam no tiene que pensar mucho para recordar a una novicia llamada Egwene que miraba todo con ojos como platos y a la que se envió a rastrillar los paseos del Nuevo Jardín por comer manzanas después de la hora de acostarse. Se propone conducirme de la mano o, tal vez, agarrarme por la nuca y empujarme hacia donde quiera llevarme. Romanda y Lelaine querían ser Amyrlin y también ven a esa novicia en mí. Están tan dispuestas como Sheriam a marcarme cada paso que dé.

Nynaeve frunció el entrecejo, preocupada, pero Elayne era la viva imagen de la indignación.

—No puedes permitirles que se salgan con la suya y te mangoneen ni te… intimiden. Eres la Amyrlin. La Amyrlin le dice a la Antecámara lo que debe hacer, no al contrario. Tienes que plantar cara y hacer que vean a la Amyrlin.

La risa de Egwene tuvo un dejo de amargura. ¿De verdad había sido la noche anterior, hacía sólo unas cuantas horas, cuando estaba tan decidida a no dejar que la intimidaran?

—Eso costará un poco de tiempo, Elayne. Por fin he comprendido la razón de que me escogieran, ¿sabes? En parte, creo, es por Rand. Quizá piensan que se mostrará más dispuesto a avenirse a razones si me ve con la estola. Y en parte, principalmente, porque recuerdan a esa novicia. Una mujer, mejor dicho, una muchacha, que está tan acostumbrada a hacer lo que le mandan que no planteará problemas para actuar como ellas quieren. —Pasó los dedos por la estola de rayas que llevaba puesta—. En fin, sean cuales sean sus motivos, me eligieron Amyrlin y, una vez que lo han hecho, estoy decidida a serlo. Pero he de ir con cuidado, al menos al principio. Puede que Siuan consiguiera que la Antecámara diera un brinco cada vez que fruncía el ceño —se preguntó si aquello sería realmente cierto—; pero, si intento hacerlo yo, a buen seguro que paso a ser la primera Amyrlin depuesta al día siguiente de ser ascendida.

Elayne estaba atónita, pero Nynaeve asintió lentamente. Tal vez el haber sido Zahorí y tener que vérselas con el Círculo de Mujeres allí, en casa, le permitía entender mejor cómo funcionaban realmente las cosas entre la Sede Amyrlin y la Antecámara de la Torre que Elayne con toda su preparación para ser reina.

—Elayne, una vez que la noticia se propague y los dirigentes conozcan mi nombramiento, podré empezar a hacer entender a la Antecámara que han elegido una Amyrlin, no una marioneta, pero hasta entonces están en condiciones de quitar esta estola de mis hombros tan rápidamente como la han puesto. Me refiero a que si no soy realmente Amyrlin, entonces es sencillo echarme a un lado. Quizás habría algunos comentarios en contra, pero estoy convencida de que los aplacarían a no mucho tardar. Si alguien fuera de Salidar oyera que una tal Egwene al’Vere había sido nombrada Sede Amyrlin, sólo sería uno de esos peculiares rumores que surgen en torno a las Aes Sedai.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó Elayne en voz baja—. Tú no lo aceptarás mansamente.

Aquello hizo sonreír a Egwene de buena gana. No era una pregunta, sino una afirmación categórica de algo indiscutible.

—No, claro que no. —Había escuchado algunas de las lecciones dadas por Moraine a Rand respecto al Juego de las Casas. En aquel momento había considerado el Juego absurdo y muy poco limpio. Ahora esperaba ser capaz de recordar todo lo escuchado. Los Aiel decían siempre: «Utiliza el arma que tienes»—. Tal vez ayude el que quieran conducirme con tres correas distintas. Puedo fingir que me tiran de una u otra, dependiendo de cuál se acerca más a lo que quiera yo. De vez en cuando podré hacer exactamente lo que desee, como lo de ascenderos a vosotras dos, pero todavía no muy a menudo. —Irguió los hombros y sostuvo firmemente las miradas de sus amigas.

»Me gustaría decir que os ascendí porque lo merecéis, pero lo cierto es que lo hice porque sois mis amigas y porque confío en que, como hermanas de pleno derecho, podáis ayudarme. Ciertamente no sé en quién más podría confiar excepto en vosotras dos. Os enviaré a Ebou Dar tan pronto como me sea posible, pero antes y después sois las únicas con quienes puedo discutir cosas. Sé que me diréis la verdad. Tal vez ese viaje a Ebou Dar tarde menos en llevarse a cabo de lo que podríais pensar. Las dos habéis realizado todo tipo de descubrimientos, según tengo entendido; pero, si soy capaz de resolver unos cuantos detalles sueltos, acaso también yo tenga uno de mi propia cosecha.

—Eso sería maravilloso —dijo Elayne, aunque daba la impresión de estar distraída.

37

Cuando empieza la batalla

El silencio que se hizo era muy peculiar y Egwene no lo entendía en absoluto. Elayne miró a Nynaeve y después las dos bajaron la vista al fino brazalete de plata que la antigua Zahorí llevaba en la muñeca. Nynaeve alzó la vista hacia Egwene, con los ojos muy abiertos, y la bajó rápidamente al suelo.

—Tengo que hacer una confesión —musitó en un quedo susurro. No levantó el tono, pero las palabras salieron atropellándose—: He capturado a Moghedien. —Todavía con los ojos gachos, levantó la muñeca con el brazalete—. Esto es un a’dam. La retenemos prisionera con él y nadie lo sabe. Salvo Siuan, Leane y Birgitte. Y ahora tú.

—No tuvimos más remedio que hacerlo —intervino Elayne mientras se echaba hacia adelante con apremio—. La habrían ejecutado, Egwene. Sé que lo merece, pero su cabeza está llena de conocimientos, cosas que no habríamos imaginado ni en sueños. De ahí es de donde han salido todos nuestros «descubrimientos», excepto la Curación de Siuan y Leane por parte de Nynaeve y mis ter’angreal. ¡La habrían matado sin esperar a aprender nada!

Las preguntas giraban en la mente de Egwene vertiginosamente. ¿Que habían capturado a una de las Renegadas? ¿Cómo? ¿Que Elayne había creado un a’dam? Egwene se estremeció, incapaz casi de dirigir una mirada a esa cosa. No se parecía en nada a los a’dam que conocía más que de sobra. Aun así, ¿cómo se las habían arreglado para mantener oculta a una Renegada entre tantas Aes Sedai? ¡Una de las Renegadas, prisionera! No juzgada y ejecutada. Con lo desconfiado que se había vuelto Rand, si alguna vez llegaba a enterarse de eso no volvería a confiar en Elayne jamás.

—Traedla aquí —logró decir con voz hueca.

Nynaeve saltó de la silla y echó a correr. Los sonidos de la celebración, risas, música y canciones, entraron a raudales por la puerta un momento antes de que la cerrara de golpe al salir. Egwene se frotó las sienes. Una de las Renegadas.