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Al tío Kolia le dolía y le atormentaba que el amo le hablase a Arsén en un lenguaje que sólo ellos dos comprendían, que aceptase las órdenes y exigencias del vejestorio, mientras que él, Nikolay, por más que se devanaba los sesos, veía que se le escapaba lo más importante. ¿Y si el amo se diese cuenta de que el tío Kolia, como se suele decir, no estaba a la altura, y le pusiese de patitas en la calle para contratar en su lugar a ese piojo casposo, a Arsén? Por supuesto, se consolaba a sí mismo Fistín, el amo no podía echarle así como así, había demasiados asuntos feos y manchados de sangre que los unían. Pero era un consuelo débil, el tío Kolia no quería que Grádov, al percatarse de su insuficiencia, lo mantuviese a su lado por puro miedo. Fistín tenía un amor propio descomunal y una situación así le hubiese resultado inaceptable. Durante las negociaciones, el tío Kolia ponía toda su voluntad en desentrañar el sentido de la conversación entre el amo y Arsén, esforzándose por disimular el miedo, que iba en aumento, y sonriendo con esa extraña sonrisa suya. Así enseña los dientes un chacal arrinconado, consciente de que el adversario es más fuerte, que de un momento a otro llegará su fin pero sin perder la esperanza de asustarle…

Ese día, el 30 de diciembre, Nikolay Fistín comprendió que el momento decisivo había llegado. Arsén declaró rescindido su contrato con el amo y dijo que no trabajaría más para él aunque el asunto estaba lejos de estar concluido. Apenas el tío Kolia hubo exhalado un suspiro de alivio, Arsén le dejó anonadado con su requerimiento de encontrar a Sasha Diakov tan pronto como pudiera. ¿Para qué? ¿Para qué querían a Diakov si habían disuelto el contrato? Por si fuera poco, había sido el propio Arsén quien le había encargado arreglar la situación del chico. El tío Kolia la arregló a la maravilla, le ordenó a Sasha poner tierra por medio, largarse a otra ciudad, estarse allí quietecito durante tres o cuatro meses y avisar de todo eso a los suyos, a la familia, decirles que un negocio reclamaba su presencia en otro sitio y que volvería hacia la primavera. Acto seguido, dio otra orden, a la gente de aquella ciudad, para que «recibieran» a Diakov. Antes de abril, nadie le buscaría, en abril la nieve se derretiría pero hasta que le encontrasen, hasta que le identificasen… ¿Qué tripa se le habría roto a ese carcamal? Aunque, a decir verdad, Arsén se lo explicó todo a Fistín con la mejor urbanidad:

– Kaménskaya exige que Diakov vaya a verla. Tiene que darle instrucciones por si las moscas.

– ¡Qué más da lo que ella exija! -se encabritó el tío Kolia-. Mañana le pedirá un millón de verdes y entonces ¿qué hará, también irá corriendo a llevárselo?

Ese día, Arsén se mostró asombrosamente paciente y no pareció darse cuenta del rabioso desaire.

– Su pretensión es perfectamente razonable y debe ser atendida -contestó con calma-. Tengo por regla no pelearme nunca con el sistema del orden público, yo coexisto con ese sistema. Co-e-xis-to -repitió silabeando-. ¿Lo entiende? Si me pelease con el sistema, no podría seguir haciendo lo que estoy haciendo. Kaménskaya debe asegurarse de que puede tratar conmigo y de que puede creerme. Sólo así podré obtener el resultado deseado. De modo que, dentro de una hora, Diakov debe estar en su casa.

El tono de Arsén no admitía reparos y el tío Kolia no se atrevió a decirle nada. Con los dedos acalambrados, se puso a marcar números de la ciudad adonde se había marchado Saniok, con la esperanza de que su orden no hubiese sido cumplida todavía. Al parecer, todo el mundo estaba fuera, ocupado en los preparativos de la fiesta de Nochevieja. Cada media hora, Arsén llamaba al tío Kolia para preguntarle, en voz cada vez más baja y ominosa, sobre Diakov.

Finalmente, Fistín se decidió.

– He tropezado con ciertas pequeñas complicaciones, tendríamos que vernos -sugirió.

El encuentro con Arsén resultó mucho más duro de lo que Nikolay se maliciaba.

– Cabroncete repajolero -bufó el viejo-, se conoce que cuando Dios repartía los sesos, tú te saliste de la cola para echar una meada. ¿Acaso no entiendes cuando te hablan en cristiano? ¿Cuándo te he ordenado matar a Diakov? Te dije que arreglaras su situación.

– Pues la he arreglado.

– ¡Y un rábano la has arreglado, cretino de la puñeta! Tú y tus semejantes, los nuevos ricos carcelarios, no entendéis la ley. Arreglar la situación no significa más que esto, arreglarla, mirar al fondo de la cuestión, comprender quién tiene razón y quién no, y adoptar la decisión. ¿Has tratado alguna vez con los ladrones de viejo cuño? Aquéllos sí se sabían las leyes y nunca se cargaban a nadie así, por las buenas. Te dicen «arregla lo de ese fulano», y te crees que te han ordenado despanzurrarle o freírle. En tus entendederas no cabe otra cosa. Para arreglar una situación hay que estrujarse el cerebro, darle vueltas a la cabeza, pero tú no tienes nada que estrujarte ni a qué dar vueltas. No eres ningún Chernomor, eres pura escoria. No sólo eres incapaz de pensar, seguro que tampoco podrías matar, lo único que sabes es dar órdenes. Pero cuando llegue la hora de la verdad, te quedarás clavado en tu sitio, con las manos sudadas, te irás de miedo piernas abajo, y sanseacabó. ¿Qué tengo que decirle ahora a Kaménskaya? ¿Que han matado a Diakov y yo ni me he enterado? ¿Qué organización será entonces la mía si matan a mi propia gente y soy el último en saberlo? Está claro que no querrá tratos con una organización tan poco seria.

– Mejor -dejó caer el tío Kolia-. De todos modos, usted ya no trabaja para el amo. ¿Por qué se preocupa? Si no quiere tratos con usted, allá ella.

– Hay que ver esto, pero si de verdad eres un completo imbécil. ¿Te das cuenta por lo menos de que necesitas salvar la epidermis?

– ¿Salvar qué?

– El pellejo, mamón malnacido. Si Petrovka decide encargarse del cadáver de Diakov, no tendrán más que dar un paso para llegar hasta ti. ¿Qué te crees, que estás en este mundo porque eres fruto único de un amor apasionado y que a todos los demás nos han hecho con los dedos? ¿Y si los sabuesos deciden ahora interrogar a Diakov a propósito de su entrada ilegítima en el piso del pintor? No van a esperar hasta la primavera para hacerlo, desengáñate. Llevan buscándole desde la mañana. Si estuviera vivo, la niña le enseñaría cómo comportarse y qué decir, y el torpedo nos habría pasado de largo. Pero ahora se pondrán a buscarle e incluso si no le encuentran hasta la primavera, acabarán atando los cabos y le pondrán la fecha de hoy. Y cuando lo hagan, volverán a encargarle el caso a Kaménskaya. Por eso necesito que ella y yo seamos amigos. Pero tú, como siempre, tenías que estropearlo todo. ¿Es que te crees que no me doy cuenta de la ojeriza que me tienes? No me crees ni una sola palabra aunque te digo cosas importantes y te convendría aprenderlas. ¿Cuántas veces te he señalado tus errores? ¿Cuántas te he explicado cómo y qué tenías que hacer? ¿Me has hecho caso alguna vez? Para ti no hay más que una luz en la ventana, tu maravilloso Grádov, lo que él dice es lo único que aún te importa algo. Eres como un perro que no vale para nada, que sólo entiende la orden cuando le meten un zapatazo en la boca. Tu Grádov es otro subnormal, lo mismo que tú, no te dirá nunca nada inteligente. Y morirás así, sin comprender nada, porque no quieres aprender de los que saben.