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– ¿Una broma?

– Es un cuento de trovador. Le Conté du Graal de Chrétien de Troyes. Narra la historia de un rey y un caballero errante llamado Perceval.

– ¿Y no menciona el cofre? -preguntó, desilusionada.

– No.

Apenas lo distinguía bajo la tenue luz de la luna, pero había algo extraño en su tono de voz. No le estaba contando todo.

– ¿Y no hay nada más?

– No lo creo. -Hizo una pausa-. A menos que sea el grial.

– ¿Grial?

– La copa usada por Cristo en la Última Cena. Un cáliz con poderes especiales buscada por los caballeros de la corte del Rey Arturo.

– ¡Dios Santo! -susurró ella.

– Un cuento de trovadores. Aunque a veces no se interpreta como un cuento, y Chrétien de Troyes habla de otro documento del que él tomó esta historia.

– ¿Podría ser ese grial lo que contiene el cofre que se encuentra en la cámara de Tarik?

– O lo que Nasim piensa que es el verdadero grial. El adora el poder. Haría cualquier cosa para conseguir el grial mágico que otorgaría poderes divinos a su poseedor.

– Es un hombre malo, malo de verdad. No puedo creer que Dios le diera más poder del que ya tiene.

– Pero no es lo que tú creas, sino lo que Nasim cree. Para él, Dios es Alá, y Alá siempre le ha sonreído.

– No puede ser. Tiene que tratarse simplemente de un cuento de trovador, como tú dices.

– Bien, pues no podemos despertar a Tarik para preguntarle. Dejó bien claro que tendríamos que esperar hasta mañana. -Se puso en pie-. Vayamos a dormir.

¿Ir a dormir cuando tenía la mente llena de cofres de oro y griales mágicos?

– ¿Te irás tú también?

– Quizá. -Se inclinó hacia delante, le rozó la frente con los labios y susurró-: Conozco un remedio que nos haría dormir a los dos profundamente.

Ella no respondió.

– ¿No? -Suspiró y se dirigió hacia la puerta-. Entonces me temo que nuestras mentes no van a descansar más que nuestros cuerpos esta noche.

Ella se acercaba hacia él, moviéndose con elegancia, rítmicamente, parecía que sus pies desnudos apenas rozaban el suelo de piedra,

Tarik esperó.

Ella casi estaba ahí.

El corazón le latía con fuerza, estaba sudando con anticipación.

Ella se detuvo frente a él. Observó la belleza resplandeciente de sus ojos oscuros iluminando el impasible rostro de chacal.

Él dio un paso hacia delante, impaciente, alcanzándola.

Ella negó con la cabeza.

Sintió un dardo de agonía por todo el cuerpo. El dolor la hacía retorcerse, le partía el corazón.

¿Por qué?

No podía ver el movimiento de los labios, pero sabía la palabra que quería pronunciar.

Necio.

Ella pasó de largo.

¡No!

Tenía que seguirla.

No podía moverse. Estaba encadenado.

Miraba, indefenso, cómo desaparecía por el horizonte.

Vacio. Soledad.

Vuelve.

Pero ella nunca volvió.

Las lágrimas recorrían las mejillas de Tarik cuando abrió los ojos.

Hacía mucho tiempo que no tenía ese sueño, sin embargo sabía que volvería. Siempre volvía cuando encontraba conflicto en su alma. En otras ocasiones había podido bloquearlo, pero no cuando la añoranza de libertad era tan abrumadora.

¿Y era esa añoranza tan terrible? Había tomado la decisión. ¿Por qué dudaba cuando lo había reflexionado y planeado durante tanto tiempo? ¿No merecía liberarse?

Ella le diría que sí.

Le había llamado necio.

Se puso de lado y miró hacia el tapiz que Rosa le había hecho.

Rosa nunca lo llamó necio. Rosa había sido amable y dulce con él, como una rosa sin espinas. Siempre había querido lo mejor para él. Nunca hubo tormento ni crisis de conciencia mientras la tuvo a su lado. Debería estar soñando con Rosa.

Pero nunca soñaba con Rosa.

Cuando soñaba, siempre era con su amor, su pasión, su justo castigo. La mujer que se movía con la gracia exquisita de una bailarina y que lo miraba con desdén tenía cara de chacal.

Selene y Kadar estaban sentados, esperando, cuando Tarik irrumpió en el gran salón a la mañana siguiente.

– Es casi mediodía -dijo Kadar.

Tarik levantó las cejas.

– ¿Acaso es un pecado? Selene me recordó lo avanzado de mi edad. Pensé que un anciano impedido necesitaba su descanso.

– O quizá decidió atormentarnos por instarle a mostrarnos el manuscrito -sugirió Selene.

– ¿Estáis atormentados? -sonrió solapadamente mientras se dejaba caer en una silla y estiraba las piernas-. ¡Qué pena!

– ¿Por qué Nasim cree que tú tienes el grial? -preguntó Kadar.

– ¿Preguntas antes de mi desayuno?

– ¿Por qué? -repitió Kadar.

– Ha habido rumores sobre mi precioso cofre dorado en los últimos tiempos. Sois conscientes de que Nasim sabe todo lo que ocurre en la cristiandad. Cuando nos conocimos, hace muchos años, sentía curiosidad por el tesoro. Luego, cuando consiguió una copia de Le Conté du Graol, se convenció de que mi cofre de oro contenía el grial.

– ¿Por qué?

Tarik se encogió de hombros.

– Quizá porque lo desea desesperadamente. Ha estado estudiando la manera de conseguir poder durante toda su vida y creyó que éste era el camino verdadero.

– Dios no le daría poder a ese monstruo -afirmó Selene con rotundidad.

– Si es que el grial está hecho por Dios.

– ¿Qué quieres decir con esto?

– ¿Has leído que De Troyes tomó esta historia de otro documento? Los antiguos celtas tienen muchas leyendas relativas al grial. Siempre hay un rey que guarda el tesoro, siempre hay un caballero errante, pero el resto de las historias difieren. Algunas dicen que el tesoro no es un vaso, sino una piedra preciosa que se cayó de la corona de Lucifer durante su lucha contra Dios. ¿Crees que esa historia llamaría la atención de Nasim?

– Sí. -Kadar miró a Tarik directamente a los ojos-. ¿Hay un grial en tu cofre?

Tarik sonrió.

– ¿Y tú qué crees?

– No nos lo vas a decir -intervino Selene con frustración-. ¿Entonces por qué nos has enseñado el manuscrito?

– Os prometí enseñaros lo que había persuadido a Nasim para implicaros en estas maquinaciones. No os prometí nada más. ¿No sería una estupidez que os diera una descripción del tesoro que Kadar pretende robar? Es posible que le diera más ganas de arrebatármelo.

– Tonterías. No lo quiere para él. Le hizo una promesa a Nasim, y para él las promesas son sagradas.

– ¿Y para ti no?

– No si se han hecho a un hombre que rompería cualquier promesa según su conveniencia.

– Ah, es que las mujeres sois mucho más prácticas que nosotros los hombres en lo que respecta al honor. Parecemos estar cegados por nuestro propio código. -Miró a Kadar-, ¿Pero y si fuera el grial y le diera a Nasim más poder? ¿Aún así se lo darías?

Kadar asintió despacio.

Tarik reprimió una risa,

– Eso pensaba. Es un obstáculo que tengo que superar si quiero vencerte. Le daría la tarea a Selene, pero, desgraciadamente, todavía no está preparada.

– ¿En qué consiste esta tarea? -preguntó Kadar.

Tarik negó con la cabeza.

– Aún no. Nos estamos acercando día a día, pero necesito estar seguro.

– No puedo quedarme aquí para siempre. Ha pasado más de una semana. Esta tarde saldré de la fortaleza para hablar con Balkir antes de que decida echar abajo las puertas.

– Muy sabio de tu parte. Es un hombre muy impetuoso. De todas formas, ve y tranquilízalo, dile que estás haciendo todo lo que está en tus manos para arrancarme mi tesoro. -Hizo una pausa-. Mantendré a Selene y a Haroun a salvo hasta tu vuelta, por supuesto.