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Selene se puso rígida.

– ¿Prisioneros?

– Qué palabra tan fea. Invitados. Kadar no desearía que fueras con Balkir. Yo soy la mejor opción.

– Efectivamente -reconoció Kadar-. ¿Y quién sabe, Selene? A lo mejor decide que estás más preparada de lo que cree y te da su gran tarea a cambio.

– Te he elegido a ti. Ella no tiene tu experiencia ni tu mente inquisitiva. Eso vendrá con el tiempo, pero ya estoy harto de esperar.

– Y porque soy una mujer.

Tarik negó con la cabeza.

– No soy tan estúpido. Conozco el valor de las mujeres. El ser humano más inteligente que he conocido nunca fue mí primera mujer.

– ¿Poseía ella esa mente inquisitiva? -preguntó Selene.

– Más que yo -respondió él con tristeza-. Ella brillaba como el sol.

– Bueno, yo no tengo deseo de brillar como el sol.

Simplemente quiero ser libre para hacer lo que quiera y a mi manera.

– Igual que ella. Pronto. -Tarik se dio la vuelta-. Iré a decir a los guardias de la puerta que tienes permiso para salir, Kadar. Procura regresar antes del anochecer. Estoy deseando pasar la velada juntos. Selene, ¿te reunirás conmigo en el patio para despedirlo?

– Quizá.

Tarik le sonrió por encima del hombro.

– Difícil. Pero las mujeres interesantes siempre lo son. Creo que estarás allí.

– ¿Por qué?

– Porque la vida es incierta y tu corazón es más grande que tu tozudez. No dejarás que Kadar vaya con Balkir sin un último adiós.

Buscó la mirada de Tarik y luego miró hacia otro lado.

– No me conoces tan bien como te crees.

Tarik sonrió cuando vio acercarse a Selene.

– No has podido resistirlo.

No lo miró a él, sino a Kadar, que ya salía por las puertas.

– Solo porque no tenía nada mejor que hacer. No va a ponerse en peligro. A Balkir no le conviene hacerle daño. Nasim lo mataría.

– Y tú también -se atrevió a decir Tarik siguiéndole la mirada-. Lo amas, ¿Por qué te resistes?

– No lo amaré. Me mintió. Iba a abandonarme. No le importaba su promesa. Y además no tienes ni idea de cómo soy. No puedes saber lo que siento.

– Ya sé que a veces las excusas a las que nos aferramos para no hacer algo no son el motivo que realmente nos mueve a hacerlo.

– Esto no es una excusa.

– Yo creo que sí. Tu instinto no es salir corriendo, sino luchar. Entonces, ¿por qué no estás luchando por Kadar? ¿Tienes miedo?

– ¿Por qué habría de tenerlo?

Él encogió los hombros.

– No lo sé. Puedes temer amarlo demasiado. Tienes una idea de lo que es y quizá presientes en qué se puede convertir. Tu instinto no te engaña. Está en un gran peligro.

Ella sintió que una oleada de pánico le recorría todo el cuerpo.

– No seas necio. Kadar es demasiado listo. Nasim no lo tendrá.

– Nasim no. Yo.

Ella lo miró sorprendida.

– ¿Tú? No le harás daño. No estoy ciega. Kadar te gusta.

– Tenemos un gran vínculo. Eso no me impedirá hacerle el mayor daño que un ser humano puede hacer a otro. -Torció el gesto-. La tentación es demasiado grande.

– ¿Por qué me estás contando esto? -susurró ella.

– Porque las malas ideas causan pérdidas e infelicidad. Sé de qué estoy hablando. No habría perdido a Layla si hubiera sido capaz de ver la verdad en lugar de mi propio dolor. Incluso ahora no estoy tan seguro… Selene, me agradas. No quiero que cometas el mismo error.

– ¿Y qué importa lo que yo sienta o haga si de todas formas pretendes destruir a Kadar?

– El amor siempre importa. Tenemos que agarrarlo y conservarlo hasta el último momento.

Último momento. Un escalofrío heló todo su ser al escuchar estas palabras. Se refería al último momento de Kadar.

– Le contaré tus intenciones de hacerle daño.

– No lo dudo, pero no se sorprenderá. Kadar y yo nos entendemos. -Hizo una pausa-. Y también entiende que a veces el destino nos fuerza a todos a hacer lo que tenemos que hacer para sobrevivir. -Sonrió con tristeza-. A menudo me veo reflejado en Kadar.

– Él no es como tú. Él nunca te mataría por cualquier motivo. -Se dio media vuelta-. Vamos a dejarlo aquí. No te permitiré que lo hagas.

– Él no acudirá. Puede que te envíe a ti, pero él no irá. Escucha la llamada.

Su temor aumentó cuando recordó aquella noche en que Kadar había llegado al castillo.

– ¿Qué llamada?

– Curiosidad. Destino ¿Quién sabe lo que llama a un hombre? El caso es que él lo oye.

– No es cierto.

– Ah, creo que sabes que lo es. -Miró hacia Kadar, que se estaba acercando a tienda de Balkir -. Si te lo permitieras, tú también lo escucharías.

– Nunca me permitiré caer en semejante estupidez.

– Selene, nunca es mucho tiempo.

CAPÍTULO 09

– Dios mío, ya llevas ahí más de una semana. ¿Cuánto tiempo más vas a tardar? -preguntó Balkir.

– No tengo ni idea -respondió Kadar.

– Entonces quiero que la mujer vuelva conmigo.

– Tarik prefiere que se quede en el castillo. Dudo que la deje marchar.

– ¿Por qué no? -Balkir apretó los puños con frustración-. ¿A qué va con todo esto?

Kadar sonrió.

– Se trata de conseguir el tesoro para Nasim. ¿Por qué otra razón habríamos de estar aquí?

– Estoy seguro de que a Nasim no le gustaría esto. Envié un mensajero para contarle lo que estabais haciendo en el mismo momento en que franqueasteis las puertas del castillo.

La sonrisa de Kadar se desvaneció.

– ¿Y ha respondido?

– Aún no. Pero lo hará. Me dirá que destruya este castillo y que me apodere del tesoro que tú no cogiste.

– Es más listo que todo eso. Te dirá que esperes y obedezcas mis instrucciones. -Kadar se dio la vuelta para marcharse-¡ Si no vuelvo con el tesoro dentro de otra semana, saldré y te informaré sobre mis progresos.

– No esperaré toda la vida. -La voz de Balkir bajó hasta un tono de amenaza-. No me enfrentaré a la ira de Nasim solo porque quieras entretenerte. Me parece que estás pensando en traicionarlo.

– Tonterías. Estaré en contacto contigo. -Kadar abandonó la tienda y se dirigió hacia su caballo. Mientras montaba, vio a Balkir de pie bajo el toldo a la entrada de la tienda, con la mirada torva. En otras circunstancias, Kadar no le habría dado mayor importancia, pero presentía un cambio en la actitud de Balkir. Se estaba volviendo más beligerante, y el temor a la ira de Nasim crecía por momentos.

Los hombres asustados siempre son peligrosos.

– ¿Ha mandado un mensaje a Nasim? -Tarik frunció el ceño mientras movía su peón-. Eso no es bueno.

– Pero era lo esperado. -Kadar estudió el tablero de juego-. No puedes retenernos aquí indefinidamente sin tomar ninguna acción.

– ¿Os estoy reteniendo aquí? -dijo Tarik sonriendo-. Me parece que ahora os quedaríais sin tener en cuenta lo que yo dijera o hiciera.

Tenía razón, pensó Kadar. Cada día que pasaba se sentía más atrapado en la telaraña que Tarik estaba tejiendo a su alrededor. ¡Qué extraño!, luchó contra el poder de Nasim, pero no estaba luchando contra Tarik. Seguramente pensaba que podría apartar a un lado esta delicada red y liberarse en cualquier momento. Dirigió su mirada hacia Selene, que estaba de pie junto a las ventanas al otro lado del salón.

– He notado un cambio en Balkir. La quiero lejos de aquí. Encuentra la manera de alejarla del castillo sin que Balkir se entere y envíala a Montdhu.

– No querría irse.