– No soy un hechicero. -Frunció el ceño-. A Nasim no le importa Kadar. Es una prueba, y no le permitiré que me manipule para hacer lo que él desea.
– No me digas eso. -Los ojos centelleaban en su pálido rostro-. Kadar no es un campo de batalla para que vosotros dos midáis vuestras fuerzas. Él es un hombre, un hombre mucho mejor que ninguno de vosotros. No me importa si usas la brujería o la oración. No me importa mientras lo cures.
Su expresión era hermética.
– Sí que importa. Más de lo que te imaginas.
Selene se percató de que no iba a prestarles su ayuda.
Iba a dejar que Kadar muriera. Cerró los ojos mientras la invadían oleadas de dolor.
– Por favor -susurró-. Haré lo que me pidas durante el resto de mi vida. ¿Quieres una esclava? Seré tu esclava.
Pero sálvalo.
– Selene…
Cuando abrió los ojos apenas pudo verla con claridad, las lágrimas se lo impedían.
– Respóndeme. ¿Puedes salvarlo?
Permaneció en silencio unos instantes antes de decir:
– Es posible. Tengo algunos conocimientos de medicina.
– Entonces utilízalos,
– Está demasiado enfermo para dar su consentimiento, no podré ayudarlo.
– ¿Qué tendrá eso que ver? Yo daré mi consentimiento. Yo asumiré la responsabilidad.
– La responsabilidad puede ser una terrible carga. Hay que considerar cuidadosamente que…
– Deja ya de hablar -dijo procurando mantener la voz calmada-. Está aquí tendido muriéndose. Puede irse en cualquier momento.
Se quedó mirándola. Luego dio media vuelta.
– Llevadlos a sus aposentos y metedlo en la cama. Me reuniré con vosotros enseguida.
Vio una luz de esperanza. Se puso en pie como pudo, pero sin soltar la mano de Kadar mientras los soldados levantaban la camilla.
– Resiste. Te pondrás bien -susurró-. ¿Me oyes, Kadar? Ahora tenemos una oportunidad.
Estaba arrodillada junto al lecho de Kadar cuando Tarik entró en la habitación con una bolsa de cuero negro.
– ¿Dónde has estado? Has tardado casi una hora.
– Tienes suerte de que esté aquí. No estoy muy convencido de que mi interferencia sea lo correcto. -Abrió la bolsa y puso dos botellitas sobre la mesilla-. Quizá Dios haya dispuesto que Kadar muera esta noche.
– No.
– Puede que muera. Es posible que sea demasiado tarde para salvarlo. -Apuntó hacia la botellita azul-. Haz que trague hasta la última gota del contenido de este vial. Le arreglará el estómago. -Tiró del cordón de la bolsa-. Como te he dicho, puede que aun así muera. La medicina es muy fuerte y apenas respira.
– ¿Cuándo lo sabré?
– Si aún sigue vivo antes del amanecer, tendrá alguna oportunidad. -Le dio la espalda y abandonó la estancia.
Al alba. Por lo menos faltaban cuatro horas para que empezara a clarear. Tarik no esperaba que Kadar sobreviviera para ver el nuevo día.
Viviría.
Le quitó el tapón a la botellita azul. Un vial muy pequeño para contener todas sus esperanzas. Le temblaba la mano al acercársela a los labios de Kadar.
Le separó los labios y le vertió una pequeña cantidad en la boca, después le acarició la garganta hasta que se lo hubo tragado. Repitió la operación tres veces hasta vaciar la botella. Puso el vial vacío en la mesilla. Una hora más y le daría la poción que le aliviaría el estómago.
Si es que vivía lo suficiente.
Se arrodilló de nuevo en el suelo junto a su lecho y colocó la mejilla en su mano.
– Ayúdame, Kadar -susurró-. Hemos estado juntos mucho tiempo. No creo que pueda vivir si tú mueres.
Él no se movió. Estaba tan quieto que daba la sensación de estar muerto.
Ella se estremeció y procuró bloquear ese horrible pensamiento. No debía pensar en la muerte, sino en la vida.
La medicina de Tarik lo curaría.
Ojalá aguantase hasta el amanecer.
El alba llegó y pasó. El mediodía llegó y pasó.
Kadar vivía pero permanecía envuelto en ese mortífero sopor.
Se acercaba el anochecer cuando Tarik volvió a la habitación.
– ¿Todavía vive? -Se acercó al lecho y examinó la herida-. No hay úlcera. A lo mejor está empezando a curarse.
– No se despertará. Necesito darle más medicina.
Tarik negó con la cabeza.
– Es demasiado fuerte. En estos casos no es raro un sueño profundo. Despertará cuando esté listo.
– ¿Pero vivirá?
Tarik asintió.
– Sin duda.
La alegría y el alivio renacieron en ella con vigorosa fuerza.
– Gracias a Dios.
– Quizá. -Le dio la espalda para marcharse- Enviaré a Haroun para que te ayude. Necesitarás de sus servidos cuando Kadar se despierte. Volveré mañana para ver cómo sigue la herida. -La miró por encima del hombro-. Y duerme algo. Tienes un aspecto peor que el suyo.
– Dormiré cuando se despierte.
– Podrían pasar días. -Ella no respondió y él se encogió de hombros, sonriendo débilmente-. Haz lo que quieras. Supongo que unos días sin sueño no te harán daño.
Ella forzó una sonrisa.
– Si es así, puedes darme un poco de tu magnífica medicina.
Su sonrisa se desvaneció.
– No, no interferiré de nuevo. Si te haces daño, tendrás que curarte tú misma.
Puso los ojos en el vial vacío sobre la mesa.
– ¿Es una pócima de hechicero?
– Pensé que no te importaba, mientras salvara a Kadar.
– Y no me importa. Solo quería saberlo.
– No es una pócima de hechicero. No tengo poderes mágicos. De joven trabajé en una casa donde se utilizaban este tipo de medicinas ocasionalmente.
– Pero dijiste que Nasim te había enviado a Kadar como una prueba. Está firmemente convencido de que tienes poderes mágicos.
– ¿En serio?
– Sabes que sí.
– Lo que sé es que cuestiona todo y a todos. ¿Crees en la magia, Selene?
– No lo sé. He visto cosas extrañas. -Enderezó los hombros-. No importa. Si la magia cura a Kadar, no puede ser mala.
Él sonrió entre dientes.
– Siempre con la mente clara y práctica. Utilizarías al mismísimo diablo si te conviniera.
– ¿Por qué no? -Se volvió hacia Kadar-. Necesitaré un caldo reconstituyente para alimentarlo. ¿Mandarás que me lo traigan?
– ¿Puedo retirarme? -Denotaba un cierto regocijo en su tono de voz-. Sí, me encargaré de ello, Selene.
Kadar se despertó poco antes del amanecer del día siguiente. Dormía profundamente y de repente lo encontró mirándola, completamente despierto.
– ¿Qué ocurre? Tienes un aspecto deplorable. ¿Estás enferma? -susurró.
– No, el enfermo eres tú. -Procuró dominar la alegría que se le disparó por todo el cuerpo. Estaba vivo. Volvía a estar con ella-. ¿No te acuerdas?
Pensó durante un instante.
– Balkir.
Ella asintió.
– ¿Hace cuánto tiempo?
– Éste es el segundo amanecer. -Se estremeció-. Ha sido una herida terrible. Todos pensaban que morirías, pero Tarik te ha salvado.
– ¿Cómo?
– Tenía una poción medicinal que te ha hecho sanar.
– ¿Y cómo es que estoy aquí de vuelta?
– Nasim mandó traerte aquí. Afirmó que Tarik podría salvarte.
– Interesante. ¿Qué más…?
– Silencio, Debes ahorrar fuerzas.
– No me siento débil. Me siento más fuerte a cada momento.
– Vaya, no estás débil en absoluto. Por eso llevas durmiendo como un tronco todo este tiempo.
– Si estoy enfermo, deberías apiadarte de mí y abstenerte de aguijonearme con tu lengua de serpiente. Podrías hacerme recaer.
¿Estaría diciendo la verdad? Por Dios bendito, no tenía intención de…